mil tormentas se generan en mi
interior,
donde los truenos son tus
palabras una y otra vez pronunciadas ,
y los relámpagos,
tus ojos,
que nunca dejaron de
mirarme
con meridiana y cristalina
sinceridad.
Luz del alba
que regresas cada día,
para recordarme que debo
seguir sin él.
Luz de luna,
que te niegas a abandonarme
cada noche ,
como conciencia de soledad
latente.
Cadenas invisibles
entre corazones que nunca
dejaron de amarse.
Cielo de cristal
que te rompes en pedazos sobre
mi cabeza,
trayendo su rostro en cada
pedazo.
Caricias lejanas pero sentidas
con marca propia en la piel.
Intenciones claras de
perviviencia
en el aliento del otro.
Frialdad,
es lo único que soy capaz de
sentir ahora,
es lo único que me sale ser.
El calor perdido ,
no recuperado,
las ansias buscadas tras tu
marcha,
deleitándose en los labios de otros amantes.
Corazón que dejaste de latir
hace tiempo
por una culpa exclusivamente
mía.
Cuando creía
que el valor de las cosas era
otro,
que los detalles se componían
como sonatas a media noche,
que la novedad pasaría tarde o
temprano
y alguien mejor, vendría a
rescatarme.
Pobre ignorante con cuerpo de
mujer,
ahora lo sé.
Indecisa por naturaleza,
te cruzaste para enseñarme
que la vida te da dados
caprichosos ,
y que la tirada puede salir
mal alguna vez.
Aprender a elegir me dijiste,
y las pautas me diste a través
de tus actos.
Una entrega no correspondida
en la misma medida
por inseguridad ,
nunca por certeza.
Cruel conmigo misma al pensar
que venías en falso,
tarde fue cuando me di cuenta
que,
tu corazón en una mano
y tu alma en la otra,
ante mí te presentaste en
realidad.
La pasión ,
que nunca debió iniciarse,
nos pudo,
enfangando todo de una falsa
realidad ,
dónde tú terminabas mirando a
la pared ,
yo tratando de llorar en
silencio.
Dolorosa transformando de todo
lo hermoso
en una enfermedad que nos pudo
y no quiso alejarse.
Capas de autodestrucción,
que borran todo lo bueno
habido.
Plaga de incomprensión y
rabia,
en la que tú diste siempre
todo,
y un muro , yo, te recibió.
Víctima de mis propios
errores,
necesitarte ahora
es el peor de los castigos.
Te alejé para no volver jamás.
Ahora soy yo,
la que se queda mirando a la
pared
buscando tu sombra al alba,
la que espera la nueva
tempestad ,
para volver a escuchar tu voz
y reflejarme en tus ojos.
Ahora soy yo,
la que recoge los pedazos de
su propio y solitario
cielo de cristal,
esperando poder volver a ver
tu rostro en ellos.
¿Echarte de menos?
¿Añorarte?
No.
Morir en vida
desangrándome en silencio ,
mientras mi corazón va
deteniéndose
a cada día que pasa
y tú no estás.
Porque
Tú no estás.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página