jueves, 18 de febrero de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (205)


 Esclava de sueños inacabados que no me dejan descansar,
mil tormentas se generan en mi interior,
donde los truenos son tus palabras una y otra vez pronunciadas ,
y los relámpagos,
tus ojos,
que nunca dejaron de mirarme 
con meridiana y cristalina sinceridad.

Luz del alba
que regresas cada día,
para recordarme que debo seguir sin él.
Luz de luna,
que te niegas a abandonarme cada noche ,
como conciencia de soledad latente.


Cadenas invisibles
entre corazones que nunca dejaron de amarse.
Cielo de cristal
que te rompes en pedazos sobre mi cabeza,
trayendo su rostro en cada pedazo.

Caricias lejanas pero sentidas
con marca propia en la piel.
Intenciones claras de perviviencia
en el aliento del otro.

Frialdad,
es lo único que soy capaz de sentir ahora,
es lo único que me sale ser.

El calor perdido ,
no recuperado,
las ansias buscadas tras tu marcha,
deleitándose  en los labios de otros amantes.

Corazón que dejaste de latir hace tiempo
por una culpa exclusivamente mía.
Cuando creía
que el valor de las cosas era otro,
que los detalles se componían como sonatas a media noche,
que la novedad pasaría tarde o temprano
y alguien mejor, vendría a rescatarme.

Pobre ignorante con cuerpo de mujer,
ahora lo sé.

Indecisa por naturaleza,
te cruzaste para enseñarme
que la vida te da dados caprichosos ,
y que la tirada puede salir mal alguna vez.

Aprender a elegir  me dijiste,
y las pautas me diste a través de tus actos.
Una entrega no correspondida en la misma medida
por inseguridad ,
nunca por certeza.
Cruel conmigo misma al pensar que venías en falso,
tarde fue cuando me di cuenta que,
tu corazón en una mano
y tu alma en la otra,
ante mí te presentaste en realidad.

La pasión ,
que nunca debió iniciarse,
nos pudo,
enfangando todo de una falsa realidad ,
dónde tú terminabas mirando a la pared ,
yo tratando de llorar en silencio.

Dolorosa transformando de todo lo hermoso
 en una enfermedad que nos pudo
y no quiso alejarse.
Capas de autodestrucción,
que borran todo lo bueno habido.

Plaga de incomprensión y rabia,
en la que tú diste siempre todo,
y un muro , yo, te recibió.

Víctima de mis propios errores,
necesitarte ahora
es el peor de los castigos.
Te alejé para no volver jamás.
Ahora soy yo,
la que se queda mirando a la pared
buscando tu sombra al alba,
la que espera la nueva tempestad ,
para volver a escuchar tu voz
y reflejarme en tus ojos.

Ahora soy yo,
la que recoge los pedazos de su propio y solitario
cielo de cristal,
esperando poder volver a ver tu rostro en ellos.

¿Echarte de menos?
¿Añorarte?
No.

Morir en vida
desangrándome en silencio ,
mientras mi corazón va deteniéndose
a cada día que pasa
y tú no estás.

Porque
Tú no estás.

Ana Patricia Cruz López

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