Cabalgo entre mis sueños
sintiéndome la dominadora de tus sentimientos ,
de todo .
Cabalgo entre las nubes de tu cuerpo,
buscando nuevas sensaciones
de indómita experiencia.
Nado entre el mar de tu piel
sumergiendo mi ser en ti,
el cual invades sin avisar ,
haciéndome más tuya que nunca.
Corceles blancos
que me lleváis por este sendero,
de pasos lentos y cuidados,
descubriendo en ti
aquellos recovecos de vida,
serenidad ,
y calor.
Manos que deslizas por mi piel ,
que se apodera de la tuya
sintiéndote dulce prisionero ,
de aquello que deseaste nada más descubrir,
de lo que tenía que ser tuyo por derecho
para poder ser feliz.
Y tus ojos, cristalinos,
me contaron aquellas historias de amor desconocidas,
en las que los protagonistas eran los mismos
que se miraban de forma diferente ,
como si nada pasase a su alrededor.
Historias que tu voz ,
modulada entre gemidos aspirados y rubor,
se deslizaban entre mis oídos
haciendo que todo se encendiese de forma diferente ,
sin necesidad de nada más.
Como el pintor que trabaja sobre la tela,
en el lienzo de tu cuerpo
fui descubriendo todas y cada una de sus texturas,
mientras tú dejabas que fueran mis labios,
los que utilizados como pinceles improvisados,
culminasen la obra.
Como el escultor que talla la piedra,
fuiste dando forma a tus deseos ,
mientras las esquirlas desprendidas,
se convertían en lágrimas de intensa felicidad en tus manos.
Cuerpo que arañabas con cada golpe de cincel,
mientras la figura ,
con vida propia,
respondía a tu voluntad,
haciendo que se retorciese ,viva,
de puro sentimiento.
Como el escritor que funde las palabras
convirtiendo su imagen viva mental,
los sonidos se reproducían de forma armoniosa
con cada nueva letra aportada.
Cada capítulo,
una suerte de intercambios dados a dos,
en donde la poesía brotaba del sentimiento,
en donde la muerte en lo más hondo,
era lo más hermoso que tú transformabas
cada vez que te apoderabas de mis labios,
negándote a culminar
por miedo a perderlo todo.
Como el compositor que en una noche de verano
mira a la luna ,
y una estrella errante le guiña un ojo con especial
musicalidad,
y frente al piano ,
con tan sólo acariciar una sola de sus teclas,
la partitura de su vida ,
su gran y mejor obra , conjunta por haz del destino ,
se irá reproduciendo .
Y la inspiración ,
con cuerpo sutil de mujer,
sabrá ser de su autor por siempre,
convirtiendo cada encuentro
en la más hermosa pieza jamás realizada,
dónde la escultura reciba a manos llenas
a su amante ,
en forma de obra de deseo,
al sonido de la música escogida.
Ana Patricia Cruz López
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