sábado, 20 de febrero de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (208)


Y el túnel en el que me vi envuelta,
fue recorrido por mis pies
esperando toparme con su final ,
antes de que aquella amiga silenciosa
viniese a buscarme.

Una vida ,
en la que teniéndolo todo,
siempre tuve la sensación de que algo me faltaba,
no encontrando
nada con lo que saciarme lo suficiente.

Elementos disonantes y desparejos
que no logran casar con todo lo demás.
Asintonía vital
en un mundo gris oscuro que tendía a negro .

Aburrimiento de seguir siquiera respirando,
por falta de algo
cuya incógnita no logré despejar.


Pasos cuidadosos en el cemento,
donde mis huellas se van borrando solas
en el ánimo de rescatarme de ella,
de que la Gran Dama no me encuentre,
aunque el rastro de mis pecados es tan grande,
y la sangre derramada tan sublime en su inmensidad,
que con sólo su olor
acabará dando conmigo.

Buscando la redención
en un alma que quiera acabar con este cuerpo de otra forma,
o volver a darme la vida que me falta,
en ese viaje,
me encontraste.

Tú ,
cual ángel de luz en la oscuridad,
asumiste voluntario la tarea del sacrificio
por el perdón ,
creyendo en la buena voluntad.

A ti,
que nadie te envió
y que de nada me conocías,
intercediendo tu cuerpo entre ella y yo,
por tres veces la detuviste,
mientras el camino andado ,
se convertía en el pasado más olvidado,
y los nuevos andares,
formulaban el camino que mi presente habría de ser.

Y aquel túnel ,
del que nunca pude salir sola ,
seguía extendiendo sus arcos con cada nuevo amanecer,
y yo,
aún más hundida,
incapaz de seguir sola,
derrumbada,
dejé caer mi cuerpo ,
pero lejos de sentir el frío suelo bajo de él,
tus manos aparecieron de nuevo.

Túnel de oscuridad sin fín ,
de no redención por mucho que se intente,
foco de mi no arrepentimiento
por la vida que me tocó llevar,
y de la que el altísimo ni olvida ni perdona.

Pero tú,
que deseas salvar el alma de una condenada en vida,
de alguien que puede desaparecer en cualquier momento,
de alguien con vida prestada ,
inmerecida ,
sacas tus arrestos para insuflarme valor,
aquel que no siempre me faltó,
pero que hoy, me abandona.
Y los nuevos pasos que, sin querer, doy,
se convierten en pesadas losas sobre mi espalda.
Pesado lastre el de los corazones
de aquellos que un día,
confiando en mí,
se vieron traicionados por la cólera y la desesperación.

Tiempo prestado
que me recuerdas cada día de mi pobre vida,
que estoy sola por propia voluntad ,
por sentirme en el derecho de no desear que nadie me siga,
que nadie sufra,
pero tú,
ángel con manos de plata
que recoges la hiel de mi sangre,
que sabes de mi angustia y temor,
continúas a mí lado,
como siempre ,
sordo de cualquier palabra mal dicha ,
mal sentida,
que yo te propiciara para alejarte.

Ángel de luz
que brindas esperanzas que yo no creo necesitar,
sabiendo que tarde o temprano
la Señora del Abismo vendrá a por mí,
tal vez ,
cuando tú no estés,
cuando estés redimiendo un alma que lo merezca más,
y débil,
dejada de todo,
a punto de ver el final,
simplemente ella se apiade y me tienda la mano,
recibiéndola con gozo para encontrar la paz.

Batalla irracional entre luz y oscuridad ,
donde la amante venerada antes por ti
asumió otro aspecto,
convirtiéndose en hermosa de nuevo ante tus ojos.
Pelea sin cuartel
entre la fuerza que desplegaste y las creencias en la bondad,
frente a mi sangre ,
que en su cuerpo se consumía .

Vida con tiempo regalado
que perdiste la batalla ante mi soledad ,
sólo te ruego protejas a quién ha venido por mí,
y le alejes antes de que sea demasiado tarde.
Vida maldita que ahora decides escaparte entre mis dedos,
haciéndome exhalar con dificultad mis últimos suspiros,
que mi muerte sirva para algo te pido,
y no le arrastres a ese rincón de tristeza infinita.

Y ese reloj que no es el tiempo,
hizo detener a la Gran Amante del Averno,
y el túnel dejó de construirse ,
y su luz,
la que con tanto ahínco esperaba,
apareció desde lo más hondo
del corazón de él,
del ángel de luz,
que con su cuerpo me abrigaba,
que con sus ojos se despedía,
y con sus labios me perdonaba.

Mientras la Gran Amante ,
la cazadora de almas sin perdón,
dejó escapar una lágrima convertida en una estrella,
se dio la vuelta,
y resignada,
simplemente ,
desapareció.

Ana Patricia Cruz López

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