martes, 23 de febrero de 2016

UNA HISTORIA INACABADA. CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO Y ÚLTIMO . Mi realidad . Tu realidad . (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)


CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO
Créditos a quién corresponda

“Silencio.
Respiración contenida.
Un reflejo de mí misma en un cristal.
Sensación de vacío .
Aire helado que cruza mi piel atravesándola.
Miro a mi alrededor y sólo veo oscuridad.
¿La verdad? ¿Qué valor tiene en realidad ?
Mi verdad se encuentra inmersa en un cuerpo de hombre.
De aquel que siempre amé, de aquel ……que nunca dejaré de amar.”

MI REALIDAD. TU REALIDAD.

Unas únicas palabras en una carta formal. Sin despedidas , sin palabras finales , sin una exigencia de disculpa ni de explicaciones .
Ya nada interesaba saber de más porque todo se había dicho y escuchado.

Una memoria incierta y oscura que ahora , en este instante, después de todo lo vivido , después de todo lo sabido, mejor se hubieran quedado en la ocultación completa. En ese trasfondo de su cabeza dañada , y en ese empeño intencional por dañarse ,pese a las advertencias .

Aquel último día , Candice habló en su nombre a Freddy para solicitarle unos días de permiso que éste, por supuesto, dadas las circunstancias, no dudó en concederle, y Richard , después de llevarla de nuevo al mismo hospital donde fue curada la primera vez, la acompañó a casa quedándose con ella.

Una vez la sedación hubo pasado,  vinieron los calmantes. En su estado, metida permanentemente en la cama y no deteniendo su lloro involuntario, los médicos aconsejaron que sería mucho más conveniente mantenerla relajada y tranquila , al menos unos días, reduciéndole la dosis  conforme su estado mejorase .

¿El diagnóstico? Shock postraumático a consecuencia directa del accidente , o lo que viene a ser lo mismo , la no asunción , en tan poco tiempo , de una información resguardada en su mente y que al no haberse producido de forma gradual, le ha conllevado choques en su asimilación, la cual , por cierto, no se culminaría de forma inmediata , sino que conllevaría un tiempo no determinado por ningún especialista, sino por su propia cabeza que era la que en este momento llevaba la voz cantante.


Terminada la representación de la obra que le había llevado a Nueva York, Richard  retrasó a través de su agente todos los compromisos pendientes en los que tuviera que personarse, encomendando al mismo, se encargase del resto donde no fuese estrictamente necesario.

Se sentía responsable en parte . Responsable  de su estado, de lo que había ocurrido antes y de las consecuencias de esos hechos ahora.  Culpable de su propio mutismo ,  siendo consciente de que podría haberla ayudado a tapar aquellos huecos , como ella los llamaba, con la parte que le correspondía.

No era sólo una cuestión de datos o informaciones  en principio aisladas y que al final resultaban terriblemente interconectadas. Se trataba de algo más profundo y doloroso: sentimientos.

Mientras él , sentado en un sillón individual habido en su dormitorio,   la observaba dormir, tuvo un tiempo precioso para reflexionar sobre ello.
Tiempo, que aprovechó para darse cuenta , de pronto, de cómo su actuación se había debido a un ánimo egoísta por su parte, en el que prevaleció lo que él sintió entonces cuando los vio juntos la primera vez y  su rabia contenida cada vez que los imaginaba . Celos casi incontrolados, que tejieron una curiosa red de contención absoluta cada vez que la tenía ante su presencia, mezclado con un sutil miedo a no encontrar las palabras precisas con las que explicarle que no había sido capaz de evitar , aquella noche, el aceptarla y entregarse. Cómo fue capaz , de no respetar aquellas reglas impuestas de manera unilateral , sin haberlo querido en el fondo.

Y ahora, mientras vigilaba su sueño, mientras veía su pecho erguirse con cada respiración, mientras los recuerdos y las imágenes aparecían para después desaparecer traslucidos como en una nube gaseosa, sentía que realmente la podía haber perdido, que nunca volvería a confiar  en él. Ahora que tenía tiempo para recapacitar , consideró todo su miedo una pérdida de tiempo , una baza que nunca quiso jugar sin saber el resultado, cuando realmente nadie podría asegurarle, ni él mismo, si podía haber tenido visos de salir bien.

Ahora que sus ojos acariciaban la fina piel de sus labios, sintiendo por ellos lo mismo que entonces , cuando los tuvo junto a los suyos, sin tener presente la marcha de los relojes , llegó a la determinación más importante de su vida desde hacía años, y retomando fuerzas de dónde aún creía que podían quedar, decidió que pasase lo que pasase, debía llevarla a acabo.

Dos días habían pasado ya . La tarde se esperaba lluviosa a juzgar por la molesta luz del sol y el calor sumamente incómodo que desplegaba en toda la habitación.
La elevada temperatura , fue lo que hizo a Richard despertarse aquel día, y tras decidir bajar el store y abrir ligeramente la ventana , sintió que le observaban. Dado la vuelta hacia la cama, la vio despierta y aturdida.

Ayudándola a recomponerse despacio, le preparó un baño caliente y algo suave para comer. Conforme pasaban las horas  y la ensoñación de las pastillas iba desapareciendo, comenzó a reaccionar de verás aunque aún no fuera capaz de articular palabra , más por voluntad propia que por cualquier otro motivo.

Acompañada por una taza de café tras la comida, Richard quiso entregarle la dosis de medicación convenida cuando su mano apartó la de él. Tras insistirle contundentemente  aceptó , pero él tuvo que prometerle que no habrían más.
Optando por sentarse en frente suya, lo hizo en el filo de la mesa auxiliar, y mientras ella observaba absorta el contenido de la taza  él acabó dejando la suya a su derecha , y arrodillándose a sus pies, logró captar lo que quería, su atención.

·        SARAH: ¿Cuándo te marchas?
·        RICHARD: Mañana. Candice me ha prometido mantenerme informado , y yo daré mucho la lata por teléfono.

Y su vista la devolvió al líquido elemento. Sólo cuando sintió apoyarse  sus manos en sus rodillas, la vista volvió hacia él.

·        RICHARD: Vente conmigo Sarah.

Aquella petición  en ese tono sincero y suplicante. Aquella determinación sacada de sus adentros sin saber por qué ahora.

·        RICHARD: Quedan apenas cuatro meses para que terminen las clases. Véndelo todo. Deja este país , por un tiempo si quieres. Un cambio de aires te sentará bien. Olvidarte de todo, volver a ser feliz  e ir recomponiendo tu vida . Además , sabes que en mi casa hay sitio de sobra, sólo temporalmente , hasta que encuentres algo asequible. Incluso podría hablar con algunos contactos que tengo para que  pudieras dar clase.  Ven conmigo. Yo cuidaré de ti.

No hubo respuesta. En realidad , él tampoco la esperaba , no de momento. Le bastaba con que fuese una opción que pudiera pensar seriamente , y estaba convencido de que lo haría.

La mañana llegó  y con ella la despedida. Richard tenía que pasar por su hotel  para culminar  la maleta e irse al Aeropuerto con destino de nuevo a su hogar. Un abrazo sincero  fue lo único que hubo. Ni él mencionó de nuevo la propuesta , ni ella le dio respuesta alguna al respecto.

Sola en aquel enorme piso , consciente de que en ese instante no tenía a nadie , se refugió en los  salientes de sus grandes ventanales observando el cambio de luz en la ciudad conforme las horas pasaban, y sólo cuando la noche volvió sobre ella, tras escuchar un mensaje dejado en su contestador por Candice , observando aquella inmensidad , cada rincón con recuerdos propios en los que se encontraban inmersos otros, con cada aroma conservado en el aire y reavivado por aquellas imágenes  , algunas no tan recientes, se dirigió a su dormitorio, abrió uno de los cajones de la cómoda y extrajo un sobre. Comprobó que todo su contenido se hallaba en su interior, y volvió a  cerrarlo , dejándolo a la vista.

Sentada en la cama ,  cansada , no fue capaz de conciliar el sueño. Demasiadas cosas por pensar, demasiadas decisiones que adoptar en pro de una planificación necesaria. Y así se mantuvo , hasta que el amanecer volvió sobre su senda , y a ella le tocó asumir su realidad.

Apareciendo de forma sorpresiva en la Secretaría de la Facultad, Freddy , que había reconocido su voz, tampoco deba créditos a sus oídos, pero cuando salía por la puerta de su despacho,  Sarah ya se encontraba  de camino al Departamento.

Abrir aquella puerta de nuevo no fue fácil. Muchas cosas habían cambiado desde la última vez que estuvo allí, y de eso no hace tantos días. Tratando de resistirse a llorar, logró llegar hasta su lado de la mesa , y tras mirar la mitad situada justo en frente suya , la que ocupada Steve, sin nada suyo encima  de nuevo, trató , no sin dificultad, de respirar hondo, sólo recomponiéndose cuando oyó la puerta abrirse y vio que se trataba de Candice,  con la que trató de disimular en todo momento  una normalización casi  posible , mientras buscaba sus cosas para reincorporarse a las clases en la hora siguiente.

Su amiga, notablemente sorprendida , no dejaba de creerse lo que estaba viendo.

·        CANDICE:  ¿Qué se supone qué haces aquí?
·        SARAH: Incorporarme. ¿Por?
·        CANDICE: Creíamos que te quedarías al menos un par de días más.
·        SARAH: ¿Quién se ha encargado de la planificación de literatura inglesa?

Con una rotunda normalidad , como si nada hubiese pasado, Candice continuaba sin creerse que  hubiese vuelto de repente, como si nada hubiera pasado.

·        CANDICE: Sarah ¿te encuentras bien?

Su amiga y compañera de Departamento  trataba de mantener la racionalidad de sus respuestas mientras ordenaba sus papeles.

·        SARAH: Contestando a tu pregunta , sí , ¿de lo contrario crees en serio que estaría aquí? Y dos , necesito que respondas la que te acabo de formular. ¿Quién se estaba encargando?
·        CANDICE:  Básicamente yo .

Sarah la miró extrañada.

·        SARAH: ¿ Tú sola?
·        CANDICE: Rowland de lingüística me ayudó a solventar las mías mientras me encargaba.
·        SARAH: Pero Steve dejó una planificación ordenada y orientativa, e incluso las propuestas de exámenes en base a lo que había impartido

Por su rostro  de compromiso,  el comentario parecía no deparar nada bueno como contraprestación. Aquella cara era demasiado reconocible.

·        SARAH: ¿Quién?

Candice no sabía cómo decírselo.

·        SARAH: ¿ Quién Candice?
·        CANDICE: Freddy. Después de lo sucedido no quiso saber nada . Me asignó el pastel y me dijo que salvase los muebles como pudiera ,que hiciera lo que me diera la gana , pero que me olvidase de todo lo que llevase la firma de Steve, que ya se vería todo de nuevo cuando volvieses. Él tenía a los de la Junta presionando y aún continúan haciéndolo. 

Aquello suponía una contrariedad, no nueva , pero sí que no prevista. Para ella no suponía un reto  volver a encargarse de aquellas clases, de hecho, era lo que estaba haciendo mucho  antes de que se decidiera contratar al nuevo profesor. La única diferencia , es que ella sí haría caso de la programación propuesta por él  aunque las clases se dieran según su forma habitual.

Y así fue como asumía otra vez las antiguas responsabilidades. Coordinar los horarios de clases resultó relativamente fácil , y en poco tiempo, todo se fue normalizando y la vida diaria fue lo que siempre resultó ser.

Los  meses fueron pasando y la hora en que las reuniones de las áreas departamentales se acometerían para unificar criterios a la hora de  elaborar los exámenes , se acercaba .
Con los temarios a punto de finalizarse, la última clase del curso , para Sarah, daba comienzo , y por esta vez,  Literatura Británica y Americana se impartirían conjuntamente.

Con un aula en la que apenas cabía un alfiler , un cierto sabor amargo comenzaría a reproducirse  en su boca  apenas  observar esas caras inquietas y nerviosas , que compondrían el nuevo futuro de las artes de este mundo.

Sentada en el filo de la mesa, abrió su carpeta como de costumbre , y a su vez, extrajo de su maletín un libro. Lejos de proseguir, su vista se detuvo unos instantes en el sobre abultado que se contenía en el interior del  mismo, y tras ver  el título de la obra, con un nudo en la garganta , volvió a centrarse en el volumen de finas hojas, lo abrió por una página concreta , y comenzó a leer.

“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro. Morir: dormir,
nada más. Y si durmiendo terminaran
las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, sería una conclusión
seriamente deseable. Morir, dormir:
dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo;
pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio
y da tan larga vida a la desgracia. Pues, ¿quién
soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del tirano, la afrenta del soberbio,
las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la arrogancia del cargo,
los insultos que sufre la paciencia,
pudiendo cerrar cuentas uno mismo
con un simple puñal? ¿Quién lleva esas cargas,
gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá,
la tierra inexplorada de cuyas fronteras
ningún viajero vuelve, detiene los sentidos
y nos hace soportar los males que tenemos
antes que huir hacia otros que ignoramos?
La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo
se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad
por tal motivo se desvían de su curso
y ya no son acción.   Pero, alto:
la bella Ofelia. Hermosa, en tus plegarias
recuerda mis pecados.

OFELIA   Mi señor, ¿cómo ha estado Vuestra Alteza  todos estos días?

HAMLET  Con humildad os lo agradezco: bien, bien, bien.

OFELIA  Señor, aquí tengo recuerdos que me disteis  y que hace tiempo pensaba devolveros.  Os lo suplico, tomadlos.

HAMLET  No, no. Yo nunca os di nada.

OFELIA   Mi señor, sabéis muy bien que sí,   y con ellos palabras de aliento tan dulce
que les daban más valor. Perdida su fragancia,  tomad vuestros presentes: para el ánimo noble,  cuando olvida el donante se empobrecen sus dones. Tomad, señor.”

(HAMLET. WILLIAM SHAKESPEARE)

Pensativa en el porqué de la elección de aquel fragmento en concreto, cerró el libro y se dirigió a los alumnos allí presentes.

·        SARAH: ¿Cuántas veces  no hemos hablado de que para Shakespeare, uno de los defectos humanos más imperdonables , si no el más, es la cobardía y el miedo a la hora de adoptar decisiones , por qué suponen, refrenar la consecución de los sueños propios que pueden beneficiar incluso a terceros?  Decisiones que deberíamos adoptar desde un principio como soluciones viables , y que el temor a equivocarnos , a ser juzgados , nos termina refrenando , siendo preferible morir antes que dejarlo en manos de otro o del destino , porque sólo , por su propia naturaleza, no se van a cumplir , y nadie vendrá a solucionarnos nada. Y el tormento propio por lo no hecho, hará de nuestra vida , algo insostenible y frágil.
Los mismos miedos que nublan el buen juicio de nuestros sentidos como diría el noble bardo, colando delante nuestro un tupido velo, que no nos deja ver más allá , ni siquiera , la solución eficiente , que siempre será la primera que hallamos pensado.

Decisiones convertidos en momentos que según desde el lado que se observen, pueden variar notablemente la interpretación sobre su importancia. Instantes de convivencia que para uno puede significar un día a día normal , mientras que para el otro, puede entrañarle toda una vida llena de esperanza .
El gran amor no correspondido que lleva a la locura . El tema preferido del maestro  bien como elemento principal o secundario, junto al honor , los principios y la madurez controvertida del ser humano.
¿Cómo divagamos con los argumentos del maestro por su concepto de amor ? La pasión desmedida que en manos de algunas mujeres lleva al amor dañino no conseguido que acaba con la muerte propia, y me remito a la obra en cuestión o a otra de sus grandes obras de culto del romanticismo por excelencia , Romeo Y Julieta, a aquel que en manos de otras féminas , bien sean esposas o madres, conjura toda una suerte de locuras varias  ambicionadas por tronos  o mantenimiento de la reputación y el buen nombre, bien sea Macbeth o Coriolanus en el papel de su madre, el paterno filial que conlleva decisiones difíciles y madurez temprana impuesta , como Henry IV .

Y en todas , las decisiones correctas y verdaderas , terminan empañadas por una suerte de pasiones desmedidas que conducen a un resultado extremo , a la muerte , bien sea voluntaria o provocada, por error o premeditada. Salvo en los casos en que una enfermedad de la época, acabase con el talento joven de quién no hizo mala labor tras asumir el puesto que le correspondía.

Shakespeare , dejó huella innata sobre lo que debemos entender , tras años de aprendizaje y análisis,  como mensajes subliminales , y lo hizo siempre entre líneas , con esa digna y elegante utilización de las metáforas , que le convirtieron en un clásico  eterno.

Cogiendo otro de sus libros, lo abrió y prosiguió leyendo.

“No creeré en mi vejez, ante el espejo,
mientras la juventud tu edad comparta;
sólo cuando los surcos te señalen
pensaré que la muerte se aproxima.
Si toda la hermosura que te cubre
es el ropaje de mi corazón,
que vive en ti, como en mí vive el tuyo,
¿cómo puedo ser yo mayor que tú?
Por eso, amor, contigo sé prudente,
como soy yo por ti, no por mí mismo;
tu corazón tendré con el cuidado
de la nodriza que al pequeño ampara.
No te ufanes del tuyo, si me hieres,
pues me lo diste para no volverlo.”

(SONETO XXII. W. SHAKESPEARE)

·        SARAH: El amor que prosigue pese a una diferencia de edad sólo notable frente a un espejo. Igualdad de espíritu y sentimiento eterno , que perdurará por siempre , aunque el otro  hiera al primero .  Realmente maravillosos estos sonetos de amor , especialmente para un hombre que no gozaba de ser demasiado romántico con sus mujeres precisamente. Aunque también es cierto, que el concepto de romanticismo de antaño , variaba en demasía a lo que se puede encontrar a principios del siglo XIX, o incluso en la poesía y palabras oscuras de Byron, o el apasionamiento de Miller.

Cerró todo , lo reubicó en la mesa junto con el maletín, y tras volver a observar todos aquellos rostros , se dispuso a dirigirse a ellos de  nuevo.

·        SARAH: Cuando comenzamos este curso , recuerdo perfectamente que advertí  que mi forma de impartir clases  no comulgaría con todas la almas benditas que  en frente mía se encontraban sentadas ese día, y que la cifra de las mismas, al final del curso , sería considerablemente menor.  Es a lo que  estaba acostumbrada.  Hoy, último día de clase y de este año lectivo, celebro reconocer delante de ustedes que estaba equivocada, es más, que me alegro mucho de haberlo estado.

Sin embargo, de la misma forma que reconozco una cosa debo reconocer otra , y es que este éxito de afluencia no sólo es mérito mío, también lo es de ustedes que han considerado a bien, que las clases les han resultado provechosas, y en una tercera parte, esto también es mérito – en ese instante , Candice entraba en el aula , quedándose de pie junto a la puerta , cruzándose  las miradas con ella  -  de una persona que por desgracia no ha podido estar con nosotros en esta última parte del curso por problemas personales sobrevenidos , el Doctor Lowell. 

Sin duda, sus aportes y conocimientos sobre esta materia , durante el tiempo en que éstos fueron transmitidos, habrán logrado convencerles , a los que  ya disfrutaban de las lecturas del maestro inglés de que otra visión para interpretarlo siempre es posible, y a los que no degustaban de sus palabras, que puede amarse sin lugar a dudas.

Ustedes son el futuro de nuestras editoriales  y librerías, de nuestros medios de comunicación e incluso del mundo de la política. Más de un aspirante a Presidente de este país ha estado sentado en esos mismos asientos donde ustedes están ahora.  Y lo más que queda decirles por mi parte , la del mismo profesor Lowell  y  la del propio Departamento , es un consejo que siempre considero primordial recordar cuando las dificultades que se encuentren sean tan grandes  y lo acaparen todo, que crean realmente que sus sueños no pueden hacerse realidad, que no hay muro tan alto ni hoyo tan profundo, que no tenga  forma de superarse, porque los sueños son de cada uno de nosotros , el salvavidas que nos permite seguir adelante , y esa, es la mejor meta.

Volvió a observarlos a todos , y tras devolver la mirada a Candice por un segundo, finalizó su interlocución.

·        SARAH: Damas y caballeros, gracias y como bien se decía en aquella famosa película, “buenas noches y buena suerte “ a todos . Nos veremos en los exámenes.

Y mientras todos los alumnos se fueron levantando de sus asientos, ella procuró terminar de recoger  en la medida en que algunos de ellos la dejaban, puesto que se acercaban para felicitarla y despedirse.  Los rumores de que no continuaría el año siguiente  casi se habían convertido en  la noticia más comentada de pasillo, pero por el respeto que se le tenía , nadie se atrevió a preguntarle y confirmarlo.

En una de las ocasiones que giró su cabeza para comprobar si Candice continuaba en el aula, vio que se había marchado.

Con determinación , aún le quedaba algo por hacer en el despacho antes de irse a casa. Sentada en su mesa con algunas hojas de papel delante , se dispuso a escribir dos cartas manuscritas . Una de ellas,  sería introduciría en el sobre  que portaba en su maletín, la otra , se adjuntaría al sobre en su exterior ya que ambos tenían el mismo destinatario.  
En el camino de regreso, se acercó hasta una mensajería cercana,  y envió tal paquete de forma certificada  y con justificando de recepción.

Al salir de esa oficina de envíos, se detuvo en la esquina y observó a su alrededor , alzando su frente hacia el cielo, contemplando los dedos  largos de aquellos edificios que parecían exigir atención permanente , osando molestar a las nubes en su lento caminar.

Después , aún de píe en la misma acera, se dedicó a observar los distintos vehículos que circulaban a toda prisa  como si el mundo fuese a acabarse  en aquel preciso instante, sin que sus conductores  ni sus acompañantes, se percatasen realmente de lo que les rodeaba , de todo cuanto miles de personas hacían en realidad para que ellos pudiesen vivir esas vidas que parecían no complicarse jamás.

Prisas sumadas a deshumanización del individuo pensó ella, y al mismo tiempo, se sintió culpable de haber formado parte de todo aquello como patrón social impuesto.

Tratar  , a través de esas imágenes, de sentirse no identificaba realmente con aquella vida, de sentirse ausente de todo  y creer a ciencia cierta  la necesidad de desaparecer , era algo que ya ni ella misma era capaz de cuestionarse.
Tal vez, convencer a Candice de que aquella era la mejor solución , era otra cuestión , pero no tuvo que esperar demasiado para averiguarlo , ya que cuando se encontraba entrando por el vestíbulo del edificio, ella la estaba esperando sentada en uno de los sofás.
Su rostro, casi de consternación, el mismo que mantenía cuando la vio en su clase, sólo supuso la antesala de lo que habría de venir.

·        SARAH: Te perdí la pista tras la clase.
·        CANDICE: No sabía si esto era buena idea , y aún lo sigo pensando.
·        SARAH: ¿Subimos a casa?  Haré café  .
·        CANDICE: Preferiría no hacerlo. – Retenida en sus ganas de llorar , no aguantó más la presión que ella misma se estaba provocando-  Lo siento, no … no debí venir.

Y salió corriendo hacia la calle, seguida de Sarah.

·        SARAH: ¡Candice!

Tras lograr cogerla por el abrigo,  ella se detuvo , pero se negaba a mirarla  a la cara.

·        CANDICE: Clarice , la de la agencia inmobiliaria es  esposa de mi abogado, el que me llevó mi tercer divorcio.  Cuando lo dijiste en aquella reunión , pensé que sólo se trataba de una medida de presión, pero , pese a los rumores que lo daban por cierto y confirmado, no ha sido hasta ahora cuando he querido creerme que era verdad , y que pasaría.

Sintiendo sus palabras , dichas con aquel sentimiento, comprendió que su temor real era a quedarse sola , sin su apoyo, y es que pese a la edad o la diferencia de ésta entre ambas, con todo lo pasado , la sensación  resultaba fuertemente dolorosa.

·        CANDICE: Después  de tantos meses, aún me sigo preguntado si de verdad valió la pena que tapases aquellos miserables huecos que decías que tenías. Todo era perfecto como estaba . Tú impartiendo tus clases, yo recogiéndote para comer, compartiendo conversaciones distendidas, cabreándonos con Freddy. Todo era simplemente perfecto.
·        SARAH: No lo era , y tú lo sabes.  Creí que me estaba volviendo loca . Las imágenes eran cada vez más frecuentes y en mi interior , siempre supe que no eran sueños. Todo era demasiado real , demasiado familiar. Tenía que saber qué era  y por qué me hacían sentir así.

La mayor  de las dos se dio la vuelta . Su nivel de resistencia se vio desbordado y no pudo evitar llorar.

·        CANDICE: ¿Vuelves verdad?
·        SARAH: Richard me ha hecho una oferta. Me quedaré con él un tiempo. Me tomaré unas cortas vacaciones  y buscaré dónde dar clase. 
·        CANDICE: Recuerdo que a poco de hablar contigo, la segunda o tercera vez que lo hice,  ya decías sentirte como en casa.  Algo tenía esa tierra que te atrajo desde que la pisaste, y al final , es ella la que logró atraparte.
·        SARAH: Es el último sitio dónde recuerdo ser feliz y encontrarme conmigo misma, y por una vez, creo que puedo decir que no echaré de menos esta ciudad, al menos por un tiempo.
·        CANDICE: ¿Y qué se supone que voy a hacer yo sin ti? – Bajó la cabeza y se sonrió-  Pensándolo bien, ahora puede que ahorre la estancia. –  Sarah le correspondió con la sonrisa -  ¿Estás segura?
·        SARAH:  ¿Se puede estar realmente segura de algo a estas alturas?  Lo de irme es la mejor idea posible , de hecho lo necesito, quizás mi única duda sea de quién partió la propuesta.
·        CANDICE: Todos hemos cometido errores . El que más o el que menos no ha sabido solucionarlo de forma adecuada y a tiempo, y quién no tuvo valor entonces, trata de compensar de alguna forma ahora.
·        SARAH: Lo cierto, es que después de todo , soy la única que no puede reprocharle nada.

Tras girar la cabeza a su alrededor tratando de disimular sus repetitivas ganas de llorar de nuevo, decidió fijar su vista en el suelo.

·        CANDICE: ¿Cuándo?
·        SARAH:  En cuanto termine mis exámenes y deje las actas listas. Freddy tendrá mi carta de renuncia oficial mañana por la mañana.
·        CANDICE: Va a tener muy complicado reemplazarte , mucho. No creo que pueda encontrar  a otra tonta más servicial y generosa que tú.

No resistiendo más las ganas de abrazarla, la estrechó tan fuerte contra su pecho que apenas dejó espacio para que el aire pudiese circular. 

Una sola condición le puso y ésta tuvo que respetarse, nada de despedidas. El último día que ella permanecería en el edificio, culminaría tras la colocación de las actas .
Con todo listo en el coche ,  cada paso dado por aquellos pasillos de piedra cargados de historia y solemnidad, de lucha y auténticas peleas interdepartamentales , de confrontaciones por la forma en que se habían de impartir sus clases con respecto a los criterios de la Junta Rectora , las alegrías ofrecidos por los encuentros  y las sorpresas no tan agradables que deparaban algunas de sus esquinas, la impregnaba de los recuerdos vividos .

En la escalinata de piedra , detuvo su paso un instante admirando la  fachada y su escudo, tratando de recordar las sensaciones vividas la primera vez que atravesó esa misma puerta como alumna  y lo que ello suponía , o la inmensa felicidad de Candice  cuando hubo conseguido la plaza de literatura americana.

Complejos instantes, en donde la emoción reinante aún permanecía en su corazón y en su mente, al igual que el paso , casi obligado, por la pista de atletismo. Recuerdos , que no sueños o imágenes recurrentes ,  de un antes y un después fundamental en su vida, de algo que ya no volvería a perder jamás.

Algunas horas de espera en el Aeropuerto por incidencias  y aprovechadas horas de vuelo de por medio , culminaron con un recibimiento absolutamente cálido  por parte de Richard , en contraste  con la temperatura ambiental.

La visibilidad de una alegría manifiesta por volver a tenerla allí, contrastaba con una serenidad plena por parte de ella, la cual , no dejó de observar a través de la ventanilla .
Panorámica completamente diferente, la ambientación europea ,   aunque cosmopolita , nada tenía que ver con aquella en la que había vivido hasta ahora , y esa misma impresión surgió la otra vez que estuvo en aquella misma ciudad.

Los comercios , las fachadas de los edificios… todo iba cambiando progresivamente conforme más se acercaban a  la casa , a unos treinta minutos del centro de Londres.
Tras salir del coche , Richard no pudo dejar de observarla. Parecía encantada con lo que le rodeaba. La tranquilidad , la zona arbolada y un parque cercano justo en frente , le parecieron el séptimo cielo a juzgar por la expresión de su cara.

Cogiendo las maletas y dejándolas en la entrada, fue a por ella.

·        RICHARD: ¿No lo recuerdas verdad?

Confusa , trató de saber a qué se refería, pero no, efectivamente , no recordaba haber estado nunca allí.

·        RICHARD: Entremos, quizás el interior te diga algo más.

Tras abrirle la puerta, le ofreció entrar.  Con sumo cuidado y de forma sigilosa , pero sin perder detalle, sus ojos recalaban en los más insignificantes detalles que pudieran vincularla de alguna forma con ese lugar.

Sin grandes lujos , se observaba su gusto por lo cálido . Una típica casa británica donde la entrada y el vestíbulo  se conservaban en la parte baja , mientras para acceder al resto de la casa , debían subirse por unas escaleras  encontrándose, según se pisaba el último escalón, con la visión de un acogedor saloncito con chimenea, cuyas paredes se encontraban revestidas de madera, al igual que el suelo.
La cocina , de tamaño mediano , se situaba a la izquierda, y tanto los dos dormitorios como el cuarto de baño , éste sí mucho más amplio, a la derecha , atravesando un pequeño pasillo interior.

Detenida en el salón, pese a la confianza que se supone debía haber, prefirió esperar por él y sus instrucciones , el cual, conforme colgaba su abrigo, le solicitaba el suyo a ella.
Richard cogió la maleta , y le hizo señas de que se adentrase. Lentamente, haciendo enormes esfuerzos por recordar  cada estancia, apenas ralentizó aún más su lento caminar conforme llegaba a las puertas de acceso del resto de habitaciones.

El baño, de azulejo color crema y un gran plato de ducha con mampara de cristal traslúcido hasta cierta altura, con su lavabo situado en frente y un pequeño banco debajo de éste.

Seguidamente, el primer dormitorio. Grande pero acogedor. Recubierto de madera hasta su techo , en el cual, dos grandes y pesadas vigas envejecidas , le daban un porte casi señorial , conservando , en cierta medida, el aspecto antiguo de la vivienda.

Y , finalmente, el dormitorio situado al final del pasillo, algo más recogido y de igual forma revestido , con ese olor a madera casi sin tratar que al aspirarse, era capaz de llevarte muy lejos de allí. Un armario , una cómoda pequeña y unas maravillosas vistas al parque a través de la ventana , que no dudó en comprobar acercándose ,  le hicieron sentirse confortable .

El sonido de la maleta siendo depositada en el suelo y los pasos de él acercándose por detrás,  culminaban aquella sinfonía nueva para ella.  Sin estar demasiado tranquila aún , sus ojos lo decían todo .  Tratando de conseguir que se sintiese lo más cómoda posible, le hizo una propuesta irrechazable, justo lo que sabía que necesitaba.

·        RICHARD: ¿Una taza de café ?

Su sonrisa bastó como confirmación.

Observación cuidadosa desde la mesa con apenas cuatro sillas en su haber.  Una operación en apariencia normal , y que en su caso transformaba su imagen en alguien aún más normal y sumamente casero , que parecía disfrutar de su papel de anfitrión.

·        RICHARD: ¿Una galleta? – las sirvió en la mesa – Hubo una época en que era yo quién las llevaba a mi gente en los Estados Unidos, y cuando te las traje la primera vez , casi  te comiste toda la caja . Nunca había visto a nadie comérselas con tanto apetito y disfrutarlas más.

Tras servir las tazas, se sentó en frente suya . Inquieto por sus silencios , trató de tranquilizarla.

·        RICHARD:  Hice lo que me pediste.

Su rostro parecía relajarse.
·        SARAH: ¿En mano?
·        RICHARD: Tuve que dejarlo a alguien de confianza.
·        SARAH: Gracias. De verdad. No sabía cómo te lo tomarías.
·        RICHARD: A estas alturas , no hay nada que ya pueda negarte.

Su actitud hacia ella había cambiado, incluso su forma de mirarla era diferente. Extremadamente prudente, trataba de comportarse como el amigo que parecía haberse ocultado tras la realidad del amante esperanzado y eterno , que se conformaba con sólo disfrutar de su compañía por poco tiempo que fuera.

·        RICHARD: He hablado con algunos de mis amigos. Uno de ellos es uno de los miembros más influyentes del Trinity College , en  Dublín, y el otro … bueno en realidad a la que más conozco es a su mujer, es actriz y hemos coincidido mucho en obras . Él es el Rector en el Colegio Universitario de Cork.
·        SARAH: ¿Irlanda?

Realmente , su motivo de extrañeza  se debía más a una apreciación personal .

·        SARAH: Pareciera que quisieras alejarme de ti.

No lo decía en serio, pero los nervios le podían más a él que a ella misma , y por su gesto , comprometido y nervioso, sólo tuvo que reírse ligeramente para tratar de entenderlo.

·        SARAH: Richard, es una broma.

Algo más tranquilo, prosiguió informándola.

·        RICHARD:  Fue muy fácil, en realidad, en el Trinity me bastó dar tu nombre y casi no pidieron nada más. Los dos  mostraron muchísimo interés . Además , el hecho de que puedas impartir ambas disciplinas les atrae mucho.
·        SARAH: Richard…
·        RICHARD: Lo sé, quieres tomarte un tiempo. Me encargué de hacerles saber que necesitabas u tiempo para aclimatarte y acostumbrarte un poco a todo lo de aquí. En ambos lugares te aseguro que estarán encantados de abrirte las puertas cuándo  lo estimes, aunque , si he de serte sincero, mi amigo hizo especial hincapié en que le gustaría contar contigo al inicio del semestre.
·        SARAH: ¿De cuánto tiempo estamos hablando?
·        RICHARD:  Dentro de unas dos semanas, más o menos.
·        SARAH: Será suficiente .
·        RICHARD: Bien. ¿Te ayudo con la maleta?
·        SARAH: No , gracias , creo que ya podré yo.
·        RICHARD: Está bien. Si me necesitas , estaré aquí preparando la cena.

Volvió al que sería su habitáculo de intimidad  durante un tiempo que nadie podría determinar, ni ella misma. Un espacio donde encontrarse y pensar  mientras se habituaba. Un espacio ajeno en realidad , ofrecido a manos llenas por quién tuvo a su lado de forma condicional.

Un leve toque en la puerta le dio el aviso de que la cena se encontraba lista, y aunque pareciera seria, en realidad, sólo intentaba ser cortés por mucha confianza que hubiera.
Una botella de vino , algo ligero como bocado  y un brindis.

·        RICHARD:  Por una buena y nueva vida.
·        SARAH: Por un nuevo comienzo.

Tras beber un sorbo, se quedó observándola un rato mientras ella partía su alimento en el plato. Aquella adorable serenidad emanada de su rostro, aquella aparente apacibilidad , le otorgaba cierta tranquilidad ,  aunque supiera , que detrás de aquellos ojos , en el fondo, el dolor no hubiera desaparecido.

Unas manos  que se mostraban más delicadas que nunca  y que él no podía dejar de mirar, unos gestos suaves y cuidados,  apenas perceptibles , salvo para él, un silencio profundo y que él prefirió respetar, aunque no fuese lo habitual en la Sarah a la que estaba acostumbrado. Sea  como fuere, sin pensar, guardaba algo en sus adentros y necesitaba decirlo  o lo reconcomería.

·        RICHARD: Sarah.

Ella alzó el rostro , y como una chiquilla curiosa, con sus pequeños ojos tristes, esperó a que le hablase.

·        RICHARD: Todo irá bien. Estoy aquí, contigo.

Le cogió la mano y ella dejó llevar sus ojos hasta ese gesto. Un instante donde en una sola fracción de segundo, mil imágenes volaron en su cabeza. Mil fotografías fijas , tras las cuales , sólo corresponderle volviendo a fijar su mirada en sus ojos, aquellos que en el hospital demostraban un desgarro profundo y quebradizo, mientras  que ahora , aportaban una inmensa felicidad no manifestada en exceso , pero cuyo brillo , lo decía todo. Ojos, que se abrieron de par en par, nada más escucharla.

·        SARAH: Como siempre .


“Tiempo , que pasas inexorablemente para todos .
Tiempo, que cierras las heridas con lentitud y  seguridad ,
y conviertes aquellas imágenes que antes dañaban,
en un vano recuerdo de lo que fue
pero de lo que no es.

Tiempo que creces en el interior de las almas solitarias,
Otorgando aquella paz ansiada,
aquella nueva vida .
Un nuevo amanecer .
Un nuevo respiro .
Un anochecer sin medida.

Tiempo que ayudas a calmar las embravecidas aguas
de los lamentos por los amores perdidos ,
por los sentimientos que, doloridos,
aún sueñan con alguien que los acune en su seno,
apiadándose de ellos ,
y recomponga el corazón de quién los porta.”

(Créd. APCL73)

Tiempo. Eso es a lo que todos aspiramos. A que pase deprisa o despacio según en la circunstancia en la que nos encontremos o lo que pretendamos olvidar.

Tiempo es lo que ella necesitaba y lo que sin duda consiguió.  Dos semanas de descanso y rutas por la ciudad y alrededores , le bastaron para volver a considerar que estaba preparada para asumir su nueva vida .
Aceptando la propuesta del Trinity College,  comenzó a dar clase de Literatura americana y británica , encargándose prácticamente , de ese Departamento. Ello la llevó a un traslado de país y casa , que no de costumbres a las que se iba aclimatando muy deprisa , aunque ciertamente le costase menos hacerlo en el país vecino que en la misma Londres , por la sociabilidad de sus gentes  y su mentalidad del gusto por lo sencillo.

Conforme pasaban las semanas , los meses, Richard y ella quedaban habitualmente como en una especie de ritual en el que la casa de ella, encontrada gracias a él, una ganga envidiable en pleno centro de la capital irlandesa, pasaba a convertirse en el centro de unificación de criterios  sobre las actividades conjuntas futuras o incluso sobre la impartición de sus clases y los futuros proyectos del actor.

Meses , durante los cuales, el rostro de ella parecía otro. Su sorprendente adaptación al entorno, la culminaron en un permanente remanso de paz que le hacía reflejarlo en su rostro, y aquella sonrisa tan característica suya , volvió a iluminar las estancias en las que se encontraba. 

Pese a que las planificaciones solían hacerse conjuntas, aquel sábado por la mañana , fue Richard  el que decidió llevarla a un lugar . Sin darle pista alguna sobre el destino final , sólo le avisó de que debía estar preparada bien temprano  y que desayunarían fuera.

Siendo Dublín una ciudad maravillosa para pasearla , todo ese día se dedicaría al disfrute de la ciudad como nunca antes ninguno de los dos lo había hecho. 
Desayunaron copiosamente en una de las cafeterías-pastelerías más antiguas de la ciudad , donde las tartas  se servían a peso  , y te elaboraban unos té y cafés deliciosos.
Tras imbuirse de algo de cultura , almorzaron en una taberna típicamente irlandesa que Richard se preciaba de conocer bien . Circunstancia que ella pudo comprobar nada más atravesar la puerta , cuando tanto el dueño como uno de los camareros se acercaron a él efusivamente como si fuese un miembro más de tan surtida y numerosa familia.

Durante la comida , ella sí pudo observar que algo había cambiado en él, y no sabía por qué. La aparente tranquilidad y el aire distendido , habían dejado paso a cierta melancolía evidente e inexplicable que él , como buen actor, trató de disimular con una media sonrisa comprometedora, aunque no lograse convencer del todo a su principal y más fiel seguidora, para la cual, resultaba sumamente cautivador  el hecho de que en silencio , mantenido desde hacía un buen rato ya, su forma de mirarla lo dijera todo, y sin embargo, por primera vez, no fuera capaz de interpretarle.

·        SARAH: Llevabas un día de lo más distendido, casi diría que alegre. Pero llevo observándote desde hace rato, y no entiendo por qué esa melancolía en tus ojos. ¿Qué es lo que ha cambiado de hace unas horas a esta tarde?

Y continuó en silencio observándola de la misma forma , sin cansarse, como si tratara de grabarse su cara por algún motivo que a ella se le escapase.

·        RICHARD: Ven conmigo . Tengo que llevarte a un sitio.

Pagaron la cuenta y salieron del local.  Ella no le preguntó por qué de tanto misterio. No dio pistas , sólo le notó algo serio pero calmado en su voz, y sólo por eso, se dejó llevar.
Un paseo de aproximadamente veinte minutos en los que ella  cogida de su brazo , simplemente disfrutaba sin más , sin preguntas ni cuestiones .

Un paseo de veinte minutos,   que se detuvo sin razón aparente en un momento dado , y que tras detenerse ambos y él colocarla en frente suyo con plena disposición para decirle algo que mereciera especial interés, la miró a los ojos, se fijó por un instante en lo que se encontraba a espaldas de ella, y tras devolvérsela, le dio la vuelta .

Toda la alegría y el desenfado inicial se volvieron sorpresa inaudita . Se habían detenido ante el escaparate de una  librería , y en su parte central, se encontraban volúmenes de su libro inconcluso. Tras fijarse bien en la portada, encima del título , el nombre de Steve , y debajo del suyo , entre paréntesis , una sola frase : “ Idea original y coautoría  Sarah McBridge.”

Aún sin poder salir del estado de impresión en el que se encontraba , elevó  la vista hacia el fondo del local dónde se agolpaba un tropel de gente que parecía estar haciendo cola, y como por gesto natural, se volvió hacia Richard  , comprobando como la melancolía era cierta y por qué. Cómo , por voluntad propia, había sabido esto hacía días  y había decidido llevarla ese día hasta allí mismo.  Cómo, aquellos ojos entristecidos  a los que hacía mucho que no veía así , sólo pudieron agradecer su gesto tierno de depositar su mano en una de sus mejillas. Para él, algo que agradecería toda la vida.

Indecisa , fue él quien tomó la determinación para convencerla.

·        RICHARD: Ya ves , que yo no fui el único que te hizo caso.  Me buscó poco después de que lo recibiera,  leyera la carta y el documento con la dación de derechos. No lo entendía.

Dada la vuelta de nuevo , observando el gentío que abarcaba casi todo el local, seguía sintiendo que no sabía qué hacer .

·        SARAH: ¿Y qué le dijiste?
·        RICHARD: Que esa respuesta que buscaba no podía dársela yo , pero que sí te conocía tan bien como tú decías que había hecho en tan poco tiempo,  te amaba tanto como había demostrado , sobraría la respuesta.

Indecisión y silencio de nuevo , sosteniéndola de nuevo por los hombros, se acercó  a uno de sus oídos.

·        RICHARD : Hace tiempo me exigías explicaciones que no estaba seguro de darte , porque decías que necesitabas cerrar capítulos de tu vida mantenidos abiertos de forma involuntaria a causa del accidente. Éste, es uno de los más importantes en tu vida, y continúa muy abierto. Sarah, sea lo que sea lo que decidas , yo seguiré estando , siempre.

Y ella sintió sus hombros desnudos de todo apoyo, y la calidez de su rostro desaparecer, dejando en su lugar  el frío sobrevenido de la tarde.

Viéndolo marchar de forma pausada y posiblemente absorto en sus pensamientos, ella volvió a  centrarse en la imagen viva al otro lado del cristal del escaparate. Era formidable contemplar los rostros de la gente esperando lo que tenía todos los visos de ser la firma de volúmenes. Los comentarios de quiénes salían de la tienda,   no podían sino confirmar que él se encontraba en su interior.

Tras decidirse  y atravesar la puerta , sintió como una garra apretaba su corazón por cada extremo. Pasos que premeditadamente lentos , incansables , desesperantes casi, la iban llevando hasta el gentío que se aglomeraba en torno a la mesa .

Al otro lado del muro de cabezas que no permitían ver más allá, se encontraba Steve de lo más dadivoso firmando los ejemplares. En un momento dado, al levantar su cabeza y dirigirse a una mujer mayor para que le repitiese su nombre, un hueco de tan sólo unos segundos, le permitió ver algo que no lograba definir pero que si le pareció en principio familiar.
Ante la presión de la gente que le rodeaba por la expectación creada, decidió continuar firmando, pero no tranquilo con ello, buscó premeditadamente un nuevo y volátil hueco que le permitiese corroborar con seguridad lo que creía haber visto, hasta que lo encontró, sólo que esta vez no fue tan breve, y a quién vio , le correspondía de igual forma.

Paralizado por la sorpresa, se levantó de la silla , pidió disculpas a quiénes se encontraban delante suya , y se abrió paso entre la multitud  para acercarse a ella.
Su editor, desesperado y muy nervioso, fue  a por él con la intención de que volviera, pero Steve , no era capaz de escuchar ni ver nada más que a aquella persona que le parecía una visión después de tanto tiempo.
El editor, insistente , le tiró de la manga de la camisa recordándole sus obligaciones con aquella gente que estaba esperándole, pero él, sin entrar a razones, se revolvió contra él y furioso le mandató que le comunicase a la gente que le concedieran cinco minutos.

Sin saber muy bien cómo reaccionar, continúo acercándose a ella hasta que la tuvo tan cerca , que los nervios , aflorados, se le encogieron en el estómago y la respiración se volvió apresurada .

Observando una mesa llena de los  libros  situada a su izquierda, cogió uno  y lo abrió. En la parte central de la hoja en blanco que venía a continuación, se podía leer lo siguiente:

Me enseñaste a vivir amándote,
y a morir perdiéndote”

Para mi Sarah,
Sin ti, esto no hubiese sido posible.”

Cerró la tapa, y tras volver a mirar su nombre y el de ella , tal reconocimiento la emocionó. Mientras realizaba una auténtica labor de contención , al menos delante suya, tocó el momento de enfrentarse a sus ojos de nuevo, aquellos que no había visto tan cerca desde hacía tanto tiempo Ojos que siempre recordó hablando silenciosamente de sentimientos sinceros, de palabras nunca dichas ni escuchadas, de rabia contenida ante la ausencia y el desconocimiento. Ojos , que pese a todo, también supieron hablarle de necesidad, de angustia por no tenerse de un sueño hecho realidad roto por un solo instante , o tal vez dos, por secretos no inconfesables  pero no reconocidos por una falla en su memoria  que terminó haciéndole más daño , una vez hubo de ser resuelta.

Ojos que ella miró nuevamente, y cuya mirada y mensaje reconocía porque no era la primera vez que la veía en sus ojos. Mientras, su contención la presionaba , aquella garra enjaulaba más y más su corazón  , haciendo por su parte , todos los esfuerzos posibles por aparentar serena.

·        SARAH: Lo terminaste.
·        STEVE: Es lo que tú querías.
·        SARAH: Es lo que siempre debió ser, y por quién realmente debía hacerlo. Tú lo inspiraste, tú lo iniciaste …
·        STEVE: Fuimos los dos. Yo me limité a darte el pequeño empujón que necesitaste.
Con una pequeña sonrisa involuntaria , él tomó el turno de palabra .

·        STEVE: ¡Tú aquí!
·        SARAH: Vine nada más terminar los exámenes. Un tiempo en Londres y después me trasladé.  Conseguí , a través de Richard, una plaza en el Trinity College.
·        STEVE: ¡Vaya!, el Trinity nada menos. Es una de las Universidades más prestigiosas del mundo.  Se te da muy bien dar clases, sobre todo si es de lo tuyo.
·        SARAH: Sí , supongo, aunque también me toca dar la tuya.
·        STEVE: ¡Ah , bueno! No recuerdo que se te diera tan mal tampoco.

Mirando de nuevo el  volumen que tenía entre sus manos , se lo ofreció.

·        SARAH: ¿Te importaría firmármelo?

Y aquella mirada tan suya , aquel gesto del chiquillo desconsolado por abrazarla , volvió a hacer acto de presencia, mientras ella trataba de evitar que se diera cuenta de que había visto sus ojos humedecerse.

·        STEVE: Casi debería pedirte yo lo mismo. Claro .

Y mientras lo abría y trataba de calmar su pulso ,  procuraba que aquel bloqueo mental que sentía y le atoraba , desapareciese. Una vez medio conseguido, comenzó a  escribir .

·        STEVE: ¿Tienes pensado quedarte mucho por aquí?
·        SARAH: Vine sin fecha de término. Por el momento estoy bien y la gente es encantadora, bueno , no te digo nada que no sepas.  Además, ya nada me ata en Estados Unidos, al menos de momento.

Una vez lo hubo terminado se lo devolvió, y ella  lo leyó para sí misma , cerrándolo.

·        SARAH: Será mejor que me vaya , o a tu agente se le comenzará a caer el pelo.

Él se dio la vuelta  y  lo vio bastante ofuscado y nervioso.

·        STEVE: Es buen tipo, pero muy recto  para algunas cosas.
·        SARAH: Debe de ser muy eficiente cuando lo mantienes. Algo acorde a tu nivel de exigencia.
·        STEVE: Sí, la verdad que es muy eficiente, no puedo quejarme.
·        SARAH: Será mejor que vuelvas con ellos- señalando al público – son lo que más importa ahora.
·        STEVE: Me ha alegrado mucho verte. La próxima vez que coincidamos podríamos tomar algo , si quieres.

Aquella desesperación angustiosa sentida en el interior de él, comenzaba a ser palpable, mientras que a ella, su corazón se sentía tan aprisionado , que parecía no querer bombear sangre.
·        SARAH: Sé feliz  Steve, te mereces serlo.

Y con una tierna sonrisa que se le quedó a él grabada en la memoria , se dio media vuelta desapareciendo.

Costándole reaccionar , volvió a dónde le correspondía , mientras ella, volviendo sobre sus pasos , sintió como la presión de su pecho desaparecía y el aire entraba a borbotones , sin medida.
Llegada al único punto en dónde sabía que tendría que detenerse, la misma taberna donde almorzó, nada más entrar le buscó , encontrándole sentado en una de las mesas de la esquina contraria a la puerta, cabizbajo, meditabundo,  esperando.

Sólo percatándose de su presencia cuando vio su sombra en la mesa de madera, elevó al cabeza y la vio. Serio y con aquella melancolía mantenida aún en sus ojos, Richard la vio sentarse justo en frente suya, extenderle la mano que portaba el libro, y ponérselo delante.

Tras mirarlo, enfocó sus ojos  antes de devolvérselos al libro. Abrió la tapa, y leyó para sí la dedicatoria.

“ Con “algo” inmenso ,
para quién lo fue , es y lo será todo.
Por siempre
Steve.”

Cerró la tapa dejándolo encima de la mesa de nuevo, sin atreverse a mirarla, y pese a todo, sabía que debía preguntarle.

·        RICHARD: ¿Y bien?

Respiró hondo, y contestó.

·        SARAH: Estoy donde quiero estar, y de dónde no me marcharé nunca.

Cerró sus ojos, y una tímida pero resistente lágrima fluyó recorriendo una de sus mejillas.


“Tiempo que lo anotas todo en tu memoria
no fiándote jamás de lo que los humanos guarden.
Tiempo que recorres los caminos de la verdad
de las  mil y una formas posibles .
Tiempo que juzgas ,
que amparas,
que soliviantas,
que dañas.
Tiempo que juegas con tus propias cartas
haciendo trampas si es preciso
porque nunca has sabido perder.
Tiempo que determinas las parejas de juego en esta mesa de la vida,
y acabas poniendo a cada uno en su lugar,
mandatado por ese payaso burlón llamado destino,
del que te fías demasiado a menudo .
Tiempo ,
que determinas cuando llega el final de algo y del todo,
o cuando ese algo y ese todo,
sólo deben convertirse
en una Historia Inacabada.”

Créd. APCL73

FIN.

ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS












































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