“Silencio.
Respiración contenida.
Un reflejo de mí misma en un cristal.
Sensación de vacío .
Aire helado que cruza mi piel atravesándola.
Miro a mi alrededor y sólo veo oscuridad.
¿La verdad? ¿Qué valor tiene en realidad ?
Mi verdad se encuentra inmersa en un cuerpo de hombre.
De aquel que siempre amé, de aquel ……que nunca dejaré de amar.”
MI REALIDAD. TU
REALIDAD.
Unas únicas palabras en una carta formal. Sin despedidas , sin
palabras finales , sin una exigencia de disculpa ni de explicaciones .
Ya nada interesaba saber de más porque todo se había dicho y
escuchado.
Una memoria incierta y oscura que ahora , en este instante, después de
todo lo vivido , después de todo lo sabido, mejor se hubieran quedado en la
ocultación completa. En ese trasfondo de su cabeza dañada , y en ese empeño
intencional por dañarse ,pese a las advertencias .
Aquel último día , Candice habló en su nombre a Freddy para
solicitarle unos días de permiso que éste, por supuesto, dadas las
circunstancias, no dudó en concederle, y Richard , después de llevarla de nuevo
al mismo hospital donde fue curada la primera vez, la acompañó a casa
quedándose con ella.
Una vez la sedación hubo pasado, vinieron los calmantes. En su estado, metida
permanentemente en la cama y no deteniendo su lloro involuntario, los médicos
aconsejaron que sería mucho más conveniente mantenerla relajada y tranquila ,
al menos unos días, reduciéndole la dosis
conforme su estado mejorase .
¿El diagnóstico? Shock postraumático a consecuencia directa del
accidente , o lo que viene a ser lo mismo , la no asunción , en tan poco tiempo
, de una información resguardada en su mente y que al no haberse producido de
forma gradual, le ha conllevado choques en su asimilación, la cual , por
cierto, no se culminaría de forma inmediata , sino que conllevaría un tiempo no
determinado por ningún especialista, sino por su propia cabeza que era la que
en este momento llevaba la voz cantante.
Terminada la representación de la obra que le había llevado a Nueva
York, Richard retrasó a través de su
agente todos los compromisos pendientes en los que tuviera que personarse,
encomendando al mismo, se encargase del resto donde no fuese estrictamente
necesario.
Se sentía responsable en parte . Responsable de su estado, de lo que había ocurrido antes
y de las consecuencias de esos hechos ahora.
Culpable de su propio mutismo ,
siendo consciente de que podría haberla ayudado a tapar aquellos huecos
, como ella los llamaba, con la parte que le correspondía.
No era sólo una cuestión de datos o informaciones en principio aisladas y que al final
resultaban terriblemente interconectadas. Se trataba de algo más profundo y
doloroso: sentimientos.
Mientras él , sentado en un sillón individual habido en su dormitorio,
la observaba dormir, tuvo un tiempo precioso
para reflexionar sobre ello.
Tiempo, que aprovechó para darse cuenta , de pronto, de cómo su
actuación se había debido a un ánimo egoísta por su parte, en el que prevaleció
lo que él sintió entonces cuando los vio juntos la primera vez y su rabia contenida cada vez que los imaginaba
. Celos casi incontrolados, que tejieron una curiosa red de contención absoluta
cada vez que la tenía ante su presencia, mezclado con un sutil miedo a no
encontrar las palabras precisas con las que explicarle que no había sido capaz
de evitar , aquella noche, el aceptarla y entregarse. Cómo fue capaz , de no
respetar aquellas reglas impuestas de manera unilateral , sin haberlo querido
en el fondo.
Y ahora, mientras vigilaba su sueño, mientras veía su pecho erguirse
con cada respiración, mientras los recuerdos y las imágenes aparecían para
después desaparecer traslucidos como en una nube gaseosa, sentía que realmente
la podía haber perdido, que nunca volvería a confiar en él. Ahora que tenía tiempo para
recapacitar , consideró todo su miedo una pérdida de tiempo , una baza que
nunca quiso jugar sin saber el resultado, cuando realmente nadie podría
asegurarle, ni él mismo, si podía haber tenido visos de salir bien.
Ahora que sus ojos acariciaban la fina piel de sus labios, sintiendo
por ellos lo mismo que entonces , cuando los tuvo junto a los suyos, sin tener
presente la marcha de los relojes , llegó a la determinación más importante de
su vida desde hacía años, y retomando fuerzas de dónde aún creía que podían
quedar, decidió que pasase lo que pasase, debía llevarla a acabo.
Dos días habían pasado ya . La tarde se esperaba lluviosa a juzgar por
la molesta luz del sol y el calor sumamente incómodo que desplegaba en toda la
habitación.
La elevada temperatura , fue lo que hizo a Richard despertarse aquel
día, y tras decidir bajar el store y abrir ligeramente la ventana , sintió que
le observaban. Dado la vuelta hacia la cama, la vio despierta y aturdida.
Ayudándola a recomponerse despacio, le preparó un baño caliente y algo
suave para comer. Conforme pasaban las horas
y la ensoñación de las pastillas iba desapareciendo, comenzó a
reaccionar de verás aunque aún no fuera capaz de articular palabra , más por
voluntad propia que por cualquier otro motivo.
Acompañada por una taza de café tras la comida, Richard quiso
entregarle la dosis de medicación convenida cuando su mano apartó la de él. Tras
insistirle contundentemente aceptó ,
pero él tuvo que prometerle que no habrían más.
Optando por sentarse en frente suya, lo hizo en el filo de la mesa
auxiliar, y mientras ella observaba absorta el contenido de la taza él acabó dejando la suya a su derecha , y
arrodillándose a sus pies, logró captar lo que quería, su atención.
·
SARAH: ¿Cuándo te marchas?
·
RICHARD: Mañana. Candice me ha prometido
mantenerme informado , y yo daré mucho la lata por teléfono.
Y su vista la devolvió al líquido elemento. Sólo cuando sintió
apoyarse sus manos en sus rodillas, la
vista volvió hacia él.
·
RICHARD: Vente conmigo Sarah.
Aquella petición en ese tono
sincero y suplicante. Aquella determinación sacada de sus adentros sin saber
por qué ahora.
·
RICHARD: Quedan apenas cuatro meses para que terminen
las clases. Véndelo todo. Deja este país , por un tiempo si quieres. Un cambio
de aires te sentará bien. Olvidarte de todo, volver a ser feliz e ir recomponiendo tu vida . Además , sabes
que en mi casa hay sitio de sobra, sólo temporalmente , hasta que encuentres
algo asequible. Incluso podría hablar con algunos contactos que tengo para
que pudieras dar clase. Ven conmigo. Yo cuidaré de ti.
No hubo respuesta. En realidad , él tampoco la esperaba , no de
momento. Le bastaba con que fuese una opción que pudiera pensar seriamente , y
estaba convencido de que lo haría.
La mañana llegó y con ella la despedida. Richard tenía que
pasar por su hotel para culminar la maleta e irse al Aeropuerto con destino de
nuevo a su hogar. Un abrazo sincero fue
lo único que hubo. Ni él mencionó de nuevo la propuesta , ni ella le dio
respuesta alguna al respecto.
Sola en aquel enorme piso , consciente de que en ese instante no tenía
a nadie , se refugió en los salientes de
sus grandes ventanales observando el cambio de luz en la ciudad conforme las
horas pasaban, y sólo cuando la noche volvió sobre ella, tras escuchar un
mensaje dejado en su contestador por Candice , observando aquella inmensidad ,
cada rincón con recuerdos propios en los que se encontraban inmersos otros, con
cada aroma conservado en el aire y reavivado por aquellas imágenes , algunas no tan recientes, se dirigió a su
dormitorio, abrió uno de los cajones de la cómoda y extrajo un sobre. Comprobó
que todo su contenido se hallaba en su interior, y volvió a cerrarlo , dejándolo a la vista.
Sentada en la cama , cansada ,
no fue capaz de conciliar el sueño. Demasiadas cosas por pensar, demasiadas
decisiones que adoptar en pro de una planificación necesaria. Y así se mantuvo
, hasta que el amanecer volvió sobre su senda , y a ella le tocó asumir su
realidad.
Apareciendo de forma sorpresiva en la Secretaría de la Facultad,
Freddy , que había reconocido su voz, tampoco deba créditos a sus oídos, pero
cuando salía por la puerta de su despacho,
Sarah ya se encontraba de camino
al Departamento.
Abrir aquella puerta de nuevo no fue fácil. Muchas cosas habían
cambiado desde la última vez que estuvo allí, y de eso no hace tantos días. Tratando
de resistirse a llorar, logró llegar hasta su lado de la mesa , y tras mirar la
mitad situada justo en frente suya , la que ocupada Steve, sin nada suyo
encima de nuevo, trató , no sin
dificultad, de respirar hondo, sólo recomponiéndose cuando oyó la puerta
abrirse y vio que se trataba de Candice, con la que trató de disimular en todo momento una normalización casi posible , mientras buscaba sus cosas para
reincorporarse a las clases en la hora siguiente.
Su amiga, notablemente sorprendida , no dejaba de creerse lo que
estaba viendo.
·
CANDICE:
¿Qué se supone qué haces aquí?
·
SARAH: Incorporarme. ¿Por?
·
CANDICE: Creíamos que te quedarías al menos un
par de días más.
·
SARAH: ¿Quién se ha encargado de la
planificación de literatura inglesa?
Con una rotunda normalidad , como si nada hubiese pasado, Candice
continuaba sin creerse que hubiese
vuelto de repente, como si nada hubiera pasado.
·
CANDICE: Sarah ¿te encuentras bien?
Su amiga y compañera de Departamento trataba de mantener la racionalidad de sus
respuestas mientras ordenaba sus papeles.
·
SARAH: Contestando a tu pregunta , sí , ¿de lo
contrario crees en serio que estaría aquí? Y dos , necesito que respondas la
que te acabo de formular. ¿Quién se estaba encargando?
·
CANDICE:
Básicamente yo .
Sarah la miró extrañada.
·
SARAH: ¿ Tú sola?
·
CANDICE: Rowland de lingüística me ayudó a
solventar las mías mientras me encargaba.
·
SARAH: Pero Steve dejó una planificación ordenada
y orientativa, e incluso las propuestas de exámenes en base a lo que había
impartido
Por su rostro de
compromiso, el comentario parecía no
deparar nada bueno como contraprestación. Aquella cara era demasiado reconocible.
·
SARAH: ¿Quién?
Candice no sabía cómo decírselo.
·
SARAH: ¿ Quién Candice?
·
CANDICE: Freddy. Después de lo sucedido no quiso
saber nada . Me asignó el pastel y me dijo que salvase los muebles como pudiera
,que hiciera lo que me diera la gana , pero que me olvidase de todo lo que
llevase la firma de Steve, que ya se vería todo de nuevo cuando volvieses. Él
tenía a los de la Junta presionando y aún continúan haciéndolo.
Aquello suponía una contrariedad, no nueva , pero sí que no prevista.
Para ella no suponía un reto volver a
encargarse de aquellas clases, de hecho, era lo que estaba haciendo mucho antes de que se decidiera contratar al nuevo
profesor. La única diferencia , es que ella sí haría caso de la programación
propuesta por él aunque las clases se
dieran según su forma habitual.
Y así fue como asumía otra vez las antiguas responsabilidades.
Coordinar los horarios de clases resultó relativamente fácil , y en poco
tiempo, todo se fue normalizando y la vida diaria fue lo que siempre resultó
ser.
Los meses fueron pasando y la
hora en que las reuniones de las áreas departamentales se acometerían para
unificar criterios a la hora de elaborar
los exámenes , se acercaba .
Con los temarios a punto de finalizarse, la última clase del curso , para
Sarah, daba comienzo , y por esta vez,
Literatura Británica y Americana se impartirían conjuntamente.
Con un aula en la que apenas cabía un alfiler , un cierto sabor amargo
comenzaría a reproducirse en su
boca apenas observar esas caras inquietas y nerviosas ,
que compondrían el nuevo futuro de las artes de este mundo.
Sentada en el filo de la mesa, abrió su carpeta como de costumbre , y
a su vez, extrajo de su maletín un libro. Lejos de proseguir, su vista se
detuvo unos instantes en el sobre abultado que se contenía en el interior
del mismo, y tras ver el título de la obra, con un nudo en la
garganta , volvió a centrarse en el volumen de finas hojas, lo abrió por una
página concreta , y comenzó a leer.
“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro. Morir: dormir,
nada más. Y si durmiendo terminaran
las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, sería una conclusión
seriamente deseable. Morir, dormir:
dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo;
pues qué podríamos soñar en nuestro sueño
eterno
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio
y da tan larga vida a la desgracia. Pues,
¿quién
soportaría los azotes e injurias de este
mundo,
el desmán del tirano, la afrenta del
soberbio,
las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la arrogancia del
cargo,
los insultos que sufre la paciencia,
pudiendo cerrar cuentas uno mismo
con un simple puñal? ¿Quién lleva esas
cargas,
gimiendo y sudando bajo el peso de esta
vida,
si no es porque el temor al más allá,
la tierra inexplorada de cuyas fronteras
ningún viajero vuelve, detiene los sentidos
y nos hace soportar los males que tenemos
antes que huir hacia otros que ignoramos?
La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo
se mustia con el pálido matiz del
pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad
por tal motivo se desvían de su curso
y ya no son acción. Pero, alto:
la bella Ofelia. Hermosa, en tus plegarias
recuerda mis pecados.
OFELIA
Mi señor, ¿cómo ha estado Vuestra Alteza
todos estos días?
HAMLET
Con humildad os lo agradezco: bien, bien, bien.
OFELIA
Señor, aquí tengo recuerdos que me disteis y que hace tiempo pensaba devolveros. Os lo suplico, tomadlos.
HAMLET
No, no. Yo nunca os di nada.
OFELIA
Mi señor, sabéis muy bien que sí,
y con ellos palabras de aliento tan dulce
que les daban más valor. Perdida su
fragancia, tomad vuestros presentes:
para el ánimo noble, cuando olvida el
donante se empobrecen sus dones. Tomad, señor.”
(HAMLET.
WILLIAM SHAKESPEARE)
Pensativa en
el porqué de la elección de aquel fragmento en concreto, cerró el libro y se
dirigió a los alumnos allí presentes.
·
SARAH: ¿Cuántas veces no hemos hablado de que para Shakespeare, uno
de los defectos humanos más imperdonables , si no el más, es la cobardía y el
miedo a la hora de adoptar decisiones , por qué suponen, refrenar la consecución
de los sueños propios que pueden beneficiar incluso a terceros? Decisiones que deberíamos adoptar desde un
principio como soluciones viables , y que el temor a equivocarnos , a ser
juzgados , nos termina refrenando , siendo preferible morir antes que dejarlo
en manos de otro o del destino , porque sólo , por su propia naturaleza, no se
van a cumplir , y nadie vendrá a solucionarnos nada. Y el tormento propio por
lo no hecho, hará de nuestra vida , algo insostenible y frágil.
Los mismos miedos
que nublan el buen juicio de nuestros sentidos como diría el noble bardo,
colando delante nuestro un tupido velo, que no nos deja ver más allá , ni
siquiera , la solución eficiente , que siempre será la primera que hallamos
pensado.
Decisiones
convertidos en momentos que según desde el lado que se observen, pueden variar
notablemente la interpretación sobre su importancia. Instantes de convivencia
que para uno puede significar un día a día normal , mientras que para el otro,
puede entrañarle toda una vida llena de esperanza .
El gran amor no
correspondido que lleva a la locura . El tema preferido del maestro bien como elemento principal o secundario,
junto al honor , los principios y la madurez controvertida del ser humano.
¿Cómo divagamos
con los argumentos del maestro por su concepto de amor ? La pasión desmedida
que en manos de algunas mujeres lleva al amor dañino no conseguido que acaba
con la muerte propia, y me remito a la obra en cuestión o a otra de sus grandes
obras de culto del romanticismo por excelencia , Romeo Y Julieta, a aquel que
en manos de otras féminas , bien sean esposas o madres, conjura toda una suerte
de locuras varias ambicionadas por
tronos o mantenimiento de la reputación
y el buen nombre, bien sea Macbeth o Coriolanus en el papel de su madre, el paterno
filial que conlleva decisiones difíciles y madurez temprana impuesta , como
Henry IV .
Y en todas , las
decisiones correctas y verdaderas , terminan empañadas por una suerte de
pasiones desmedidas que conducen a un resultado extremo , a la muerte , bien
sea voluntaria o provocada, por error o premeditada. Salvo en los casos en que
una enfermedad de la época, acabase con el talento joven de quién no hizo mala
labor tras asumir el puesto que le correspondía.
Shakespeare , dejó
huella innata sobre lo que debemos entender , tras años de aprendizaje y
análisis, como mensajes subliminales , y
lo hizo siempre entre líneas , con esa digna y elegante utilización de las
metáforas , que le convirtieron en un clásico
eterno.
Cogiendo otro de sus libros, lo abrió y prosiguió leyendo.
“No
creeré en mi vejez, ante el espejo,
mientras
la juventud tu edad comparta;
sólo
cuando los surcos te señalen
pensaré
que la muerte se aproxima.
Si
toda la hermosura que te cubre
es el
ropaje de mi corazón,
que
vive en ti, como en mí vive el tuyo,
¿cómo
puedo ser yo mayor que tú?
Por
eso, amor, contigo sé prudente,
como
soy yo por ti, no por mí mismo;
tu
corazón tendré con el cuidado
de la
nodriza que al pequeño ampara.
No te
ufanes del tuyo, si me hieres,
pues
me lo diste para no volverlo.”
(SONETO
XXII. W. SHAKESPEARE)
·
SARAH: El amor que prosigue pese a una
diferencia de edad sólo notable frente a un espejo. Igualdad de espíritu y
sentimiento eterno , que perdurará por siempre , aunque el otro hiera al primero . Realmente maravillosos estos sonetos de amor
, especialmente para un hombre que no gozaba de ser demasiado romántico con sus
mujeres precisamente. Aunque también es cierto, que el concepto de romanticismo
de antaño , variaba en demasía a lo que se puede encontrar a principios del
siglo XIX, o incluso en la poesía y palabras oscuras de Byron, o el
apasionamiento de Miller.
Cerró todo , lo reubicó en la mesa junto con el maletín, y tras volver
a observar todos aquellos rostros , se dispuso a dirigirse a ellos de nuevo.
·
SARAH: Cuando comenzamos este curso , recuerdo
perfectamente que advertí que mi forma
de impartir clases no comulgaría con
todas la almas benditas que en frente
mía se encontraban sentadas ese día, y que la cifra de las mismas, al final del
curso , sería considerablemente menor. Es
a lo que estaba acostumbrada. Hoy, último día de clase y de este año
lectivo, celebro reconocer delante de ustedes que estaba equivocada, es más,
que me alegro mucho de haberlo estado.
Sin embargo, de la misma forma
que reconozco una cosa debo reconocer otra , y es que este éxito de afluencia
no sólo es mérito mío, también lo es de ustedes que han considerado a bien, que
las clases les han resultado provechosas, y en una tercera parte, esto también
es mérito – en ese instante , Candice entraba en el aula , quedándose de pie
junto a la puerta , cruzándose las
miradas con ella - de una persona que por desgracia no ha podido
estar con nosotros en esta última parte del curso por problemas personales
sobrevenidos , el Doctor Lowell.
Sin duda, sus aportes y
conocimientos sobre esta materia , durante el tiempo en que éstos fueron
transmitidos, habrán logrado convencerles , a los que ya disfrutaban de las lecturas del maestro
inglés de que otra visión para interpretarlo siempre es posible, y a los que no
degustaban de sus palabras, que puede amarse sin lugar a dudas.
Ustedes son el futuro de nuestras
editoriales y librerías, de nuestros
medios de comunicación e incluso del mundo de la política. Más de un aspirante
a Presidente de este país ha estado sentado en esos mismos asientos donde
ustedes están ahora. Y lo más que queda
decirles por mi parte , la del mismo profesor Lowell y la
del propio Departamento , es un consejo que siempre considero primordial
recordar cuando las dificultades que se encuentren sean tan grandes y lo acaparen todo, que crean realmente que
sus sueños no pueden hacerse realidad, que no hay muro tan alto ni hoyo tan
profundo, que no tenga forma de
superarse, porque los sueños son de cada uno de nosotros , el salvavidas que
nos permite seguir adelante , y esa, es la mejor meta.
Volvió a observarlos a todos , y tras devolver la mirada a Candice por
un segundo, finalizó su interlocución.
·
SARAH: Damas y caballeros, gracias y como bien
se decía en aquella famosa película, “buenas noches y buena suerte “ a todos .
Nos veremos en los exámenes.
Y mientras todos los alumnos se fueron levantando de sus asientos,
ella procuró terminar de recoger en la
medida en que algunos de ellos la dejaban, puesto que se acercaban para
felicitarla y despedirse. Los rumores de
que no continuaría el año siguiente casi
se habían convertido en la noticia más
comentada de pasillo, pero por el respeto que se le tenía , nadie se atrevió a
preguntarle y confirmarlo.
En una de las ocasiones que giró su cabeza para comprobar si Candice continuaba
en el aula, vio que se había marchado.
Con determinación , aún le quedaba algo por hacer en el despacho antes
de irse a casa. Sentada en su mesa con algunas hojas de papel delante , se
dispuso a escribir dos cartas manuscritas . Una de ellas, sería introduciría en el sobre que portaba en su maletín, la otra , se
adjuntaría al sobre en su exterior ya que ambos tenían el mismo destinatario.
En el camino de regreso, se acercó hasta una mensajería cercana, y envió tal paquete de forma certificada y con justificando de recepción.
Al salir de esa oficina de envíos, se detuvo en la esquina y observó a
su alrededor , alzando su frente hacia el cielo, contemplando los dedos largos de aquellos edificios que parecían
exigir atención permanente , osando molestar a las nubes en su lento caminar.
Después , aún de píe en la misma acera, se dedicó a observar los
distintos vehículos que circulaban a toda prisa
como si el mundo fuese a acabarse
en aquel preciso instante, sin que sus conductores ni sus acompañantes, se percatasen realmente
de lo que les rodeaba , de todo cuanto miles de personas hacían en realidad
para que ellos pudiesen vivir esas vidas que parecían no complicarse jamás.
Prisas sumadas a deshumanización del individuo pensó ella, y al mismo
tiempo, se sintió culpable de haber formado parte de todo aquello como patrón
social impuesto.
Tratar , a través de esas
imágenes, de sentirse no identificaba realmente con aquella vida, de sentirse
ausente de todo y creer a ciencia
cierta la necesidad de desaparecer , era
algo que ya ni ella misma era capaz de cuestionarse.
Tal vez, convencer a Candice de que aquella era la mejor solución ,
era otra cuestión , pero no tuvo que esperar demasiado para averiguarlo , ya
que cuando se encontraba entrando por el vestíbulo del edificio, ella la estaba
esperando sentada en uno de los sofás.
Su rostro, casi de consternación, el mismo que mantenía cuando la vio
en su clase, sólo supuso la antesala de lo que habría de venir.
·
SARAH: Te perdí la pista tras la clase.
·
CANDICE: No sabía si esto era buena idea , y aún
lo sigo pensando.
·
SARAH: ¿Subimos a casa? Haré café
.
·
CANDICE: Preferiría no hacerlo. – Retenida en
sus ganas de llorar , no aguantó más la presión que ella misma se estaba
provocando- Lo siento, no … no debí
venir.
Y salió corriendo hacia la calle, seguida de Sarah.
·
SARAH: ¡Candice!
Tras lograr cogerla por el abrigo,
ella se detuvo , pero se negaba a mirarla a la cara.
·
CANDICE: Clarice , la de la agencia inmobiliaria
es esposa de mi abogado, el que me llevó
mi tercer divorcio. Cuando lo dijiste en
aquella reunión , pensé que sólo se trataba de una medida de presión, pero ,
pese a los rumores que lo daban por cierto y confirmado, no ha sido hasta ahora
cuando he querido creerme que era verdad , y que pasaría.
Sintiendo sus palabras , dichas con aquel sentimiento, comprendió que
su temor real era a quedarse sola , sin su apoyo, y es que pese a la edad o la
diferencia de ésta entre ambas, con todo lo pasado , la sensación resultaba fuertemente dolorosa.
·
CANDICE: Después
de tantos meses, aún me sigo preguntado si de verdad valió la pena que
tapases aquellos miserables huecos que decías que tenías. Todo era perfecto
como estaba . Tú impartiendo tus clases, yo recogiéndote para comer,
compartiendo conversaciones distendidas, cabreándonos con Freddy. Todo era
simplemente perfecto.
·
SARAH: No lo era , y tú lo sabes. Creí que me estaba volviendo loca . Las
imágenes eran cada vez más frecuentes y en mi interior , siempre supe que no
eran sueños. Todo era demasiado real , demasiado familiar. Tenía que saber qué
era y por qué me hacían sentir así.
La mayor de las dos se dio la
vuelta . Su nivel de resistencia se vio desbordado y no pudo evitar llorar.
·
CANDICE: ¿Vuelves verdad?
·
SARAH: Richard me ha hecho una oferta. Me
quedaré con él un tiempo. Me tomaré unas cortas vacaciones y buscaré dónde dar clase.
·
CANDICE: Recuerdo que a poco de hablar contigo,
la segunda o tercera vez que lo hice, ya
decías sentirte como en casa. Algo tenía
esa tierra que te atrajo desde que la pisaste, y al final , es ella la que
logró atraparte.
·
SARAH: Es el último sitio dónde recuerdo ser
feliz y encontrarme conmigo misma, y por una vez, creo que puedo decir que no
echaré de menos esta ciudad, al menos por un tiempo.
·
CANDICE: ¿Y qué se supone que voy a hacer yo sin
ti? – Bajó la cabeza y se sonrió-
Pensándolo bien, ahora puede que ahorre la estancia. – Sarah le correspondió con la sonrisa - ¿Estás segura?
·
SARAH:
¿Se puede estar realmente segura de algo a estas alturas? Lo de irme es la mejor idea posible , de
hecho lo necesito, quizás mi única duda sea de quién partió la propuesta.
·
CANDICE: Todos hemos cometido errores . El que
más o el que menos no ha sabido solucionarlo de forma adecuada y a tiempo, y
quién no tuvo valor entonces, trata de compensar de alguna forma ahora.
·
SARAH: Lo cierto, es que después de todo , soy
la única que no puede reprocharle nada.
Tras girar la cabeza a su alrededor tratando de disimular sus
repetitivas ganas de llorar de nuevo, decidió fijar su vista en el suelo.
·
CANDICE: ¿Cuándo?
·
SARAH: En
cuanto termine mis exámenes y deje las actas listas. Freddy tendrá mi carta de
renuncia oficial mañana por la mañana.
·
CANDICE: Va a tener muy complicado reemplazarte
, mucho. No creo que pueda encontrar a
otra tonta más servicial y generosa que tú.
No resistiendo más las ganas de abrazarla, la estrechó tan fuerte
contra su pecho que apenas dejó espacio para que el aire pudiese circular.
Una sola condición le puso y ésta tuvo que respetarse, nada de
despedidas. El último día que ella permanecería en el edificio, culminaría tras
la colocación de las actas .
Con todo listo en el coche ,
cada paso dado por aquellos pasillos de piedra cargados de historia y
solemnidad, de lucha y auténticas peleas interdepartamentales , de
confrontaciones por la forma en que se habían de impartir sus clases con
respecto a los criterios de la Junta Rectora , las alegrías ofrecidos por los
encuentros y las sorpresas no tan
agradables que deparaban algunas de sus esquinas, la impregnaba de los
recuerdos vividos .
En la escalinata de piedra , detuvo su paso un instante admirando
la fachada y su escudo, tratando de
recordar las sensaciones vividas la primera vez que atravesó esa misma puerta
como alumna y lo que ello suponía , o la
inmensa felicidad de Candice cuando hubo
conseguido la plaza de literatura americana.
Complejos instantes, en donde la emoción reinante aún permanecía en su
corazón y en su mente, al igual que el paso , casi obligado, por la pista de
atletismo. Recuerdos , que no sueños o imágenes recurrentes , de un antes y un después fundamental en su
vida, de algo que ya no volvería a perder jamás.
Algunas horas de espera en el Aeropuerto por incidencias y aprovechadas horas de vuelo de por medio ,
culminaron con un recibimiento absolutamente cálido por parte de Richard , en contraste con la temperatura ambiental.
La visibilidad de una alegría manifiesta por volver a tenerla allí, contrastaba
con una serenidad plena por parte de ella, la cual , no dejó de observar a
través de la ventanilla .
Panorámica completamente diferente, la ambientación europea , aunque cosmopolita , nada tenía que ver con
aquella en la que había vivido hasta ahora , y esa misma impresión surgió la
otra vez que estuvo en aquella misma ciudad.
Los comercios , las fachadas de los edificios… todo iba cambiando
progresivamente conforme más se acercaban a
la casa , a unos treinta minutos del centro de Londres.
Tras salir del coche , Richard no pudo dejar de observarla. Parecía
encantada con lo que le rodeaba. La tranquilidad , la zona arbolada y un parque
cercano justo en frente , le parecieron el séptimo cielo a juzgar por la
expresión de su cara.
Cogiendo las maletas y dejándolas en la entrada, fue a por ella.
·
RICHARD: ¿No lo recuerdas verdad?
Confusa , trató de saber a qué se refería, pero no, efectivamente , no
recordaba haber estado nunca allí.
·
RICHARD: Entremos, quizás el interior te diga
algo más.
Tras abrirle la puerta, le ofreció entrar. Con sumo cuidado y de forma sigilosa , pero
sin perder detalle, sus ojos recalaban en los más insignificantes detalles que
pudieran vincularla de alguna forma con ese lugar.
Sin grandes lujos , se observaba su gusto por lo cálido . Una típica
casa británica donde la entrada y el vestíbulo
se conservaban en la parte baja , mientras para acceder al resto de la
casa , debían subirse por unas escaleras
encontrándose, según se pisaba el último escalón, con la visión de un
acogedor saloncito con chimenea, cuyas paredes se encontraban revestidas de
madera, al igual que el suelo.
La cocina , de tamaño mediano , se situaba a la izquierda, y tanto los
dos dormitorios como el cuarto de baño , éste sí mucho más amplio, a la derecha
, atravesando un pequeño pasillo interior.
Detenida en el salón, pese a la confianza que se supone debía haber,
prefirió esperar por él y sus instrucciones , el cual, conforme colgaba su
abrigo, le solicitaba el suyo a ella.
Richard cogió la maleta , y le hizo señas de que se adentrase.
Lentamente, haciendo enormes esfuerzos por recordar cada estancia, apenas ralentizó aún más su
lento caminar conforme llegaba a las puertas de acceso del resto de habitaciones.
El baño, de azulejo color crema y un gran plato de ducha con mampara
de cristal traslúcido hasta cierta altura, con su lavabo situado en frente y un
pequeño banco debajo de éste.
Seguidamente, el primer dormitorio. Grande pero acogedor. Recubierto
de madera hasta su techo , en el cual, dos grandes y pesadas vigas envejecidas
, le daban un porte casi señorial , conservando , en cierta medida, el aspecto
antiguo de la vivienda.
Y , finalmente, el dormitorio situado al final del pasillo, algo más
recogido y de igual forma revestido , con ese olor a madera casi sin tratar que
al aspirarse, era capaz de llevarte muy lejos de allí. Un armario , una cómoda
pequeña y unas maravillosas vistas al parque a través de la ventana , que no
dudó en comprobar acercándose , le
hicieron sentirse confortable .
El sonido de la maleta siendo depositada en el suelo y los pasos de él
acercándose por detrás, culminaban
aquella sinfonía nueva para ella. Sin
estar demasiado tranquila aún , sus ojos lo decían todo . Tratando de conseguir que se sintiese lo más
cómoda posible, le hizo una propuesta irrechazable, justo lo que sabía que
necesitaba.
·
RICHARD: ¿Una taza de café ?
Su sonrisa bastó como confirmación.
Observación cuidadosa desde la mesa con apenas cuatro sillas en su
haber. Una operación en apariencia normal
, y que en su caso transformaba su imagen en alguien aún más normal y sumamente
casero , que parecía disfrutar de su papel de anfitrión.
·
RICHARD: ¿Una galleta? – las sirvió en la mesa –
Hubo una época en que era yo quién las llevaba a mi gente en los Estados
Unidos, y cuando te las traje la primera vez , casi te comiste toda la caja . Nunca había visto a
nadie comérselas con tanto apetito y disfrutarlas más.
Tras servir las tazas, se sentó en frente suya . Inquieto por sus
silencios , trató de tranquilizarla.
·
RICHARD:
Hice lo que me pediste.
Su rostro parecía relajarse.
·
SARAH: ¿En mano?
·
RICHARD: Tuve que dejarlo a alguien de
confianza.
·
SARAH: Gracias. De verdad. No sabía cómo te lo
tomarías.
·
RICHARD: A estas alturas , no hay nada que ya
pueda negarte.
Su actitud hacia ella había cambiado, incluso su forma de mirarla era
diferente. Extremadamente prudente, trataba de comportarse como el amigo que
parecía haberse ocultado tras la realidad del amante esperanzado y eterno , que
se conformaba con sólo disfrutar de su compañía por poco tiempo que fuera.
·
RICHARD: He hablado con algunos de mis amigos.
Uno de ellos es uno de los miembros más influyentes del Trinity College , en Dublín, y el otro … bueno en realidad a la que
más conozco es a su mujer, es actriz y hemos coincidido mucho en obras . Él es
el Rector en el Colegio Universitario de Cork.
·
SARAH: ¿Irlanda?
Realmente , su motivo de extrañeza
se debía más a una apreciación personal .
·
SARAH: Pareciera que quisieras alejarme de ti.
No lo decía en serio, pero los nervios le podían más a él que a ella
misma , y por su gesto , comprometido y nervioso, sólo tuvo que reírse
ligeramente para tratar de entenderlo.
·
SARAH: Richard, es una broma.
Algo más tranquilo, prosiguió informándola.
·
RICHARD: Fue
muy fácil, en realidad, en el Trinity me bastó dar tu nombre y casi no pidieron
nada más. Los dos mostraron muchísimo
interés . Además , el hecho de que puedas impartir ambas disciplinas les atrae
mucho.
·
SARAH: Richard…
·
RICHARD: Lo sé, quieres tomarte un tiempo. Me
encargué de hacerles saber que necesitabas u tiempo para aclimatarte y
acostumbrarte un poco a todo lo de aquí. En ambos lugares te aseguro que
estarán encantados de abrirte las puertas cuándo lo estimes, aunque , si he de serte sincero,
mi amigo hizo especial hincapié en que le gustaría contar contigo al inicio del
semestre.
·
SARAH: ¿De cuánto tiempo estamos hablando?
·
RICHARD:
Dentro de unas dos semanas, más o menos.
·
SARAH: Será suficiente .
·
RICHARD: Bien. ¿Te ayudo con la maleta?
·
SARAH: No , gracias , creo que ya podré yo.
·
RICHARD: Está bien. Si me necesitas , estaré
aquí preparando la cena.
Volvió al que sería su habitáculo de intimidad durante un tiempo que nadie podría
determinar, ni ella misma. Un espacio donde encontrarse y pensar mientras se habituaba. Un espacio ajeno en
realidad , ofrecido a manos llenas por quién tuvo a su lado de forma
condicional.
Un leve toque en la puerta le dio el aviso de que la cena se
encontraba lista, y aunque pareciera seria, en realidad, sólo intentaba ser
cortés por mucha confianza que hubiera.
Una botella de vino , algo ligero como bocado y un brindis.
·
RICHARD:
Por una buena y nueva vida.
·
SARAH: Por un nuevo comienzo.
Tras beber un sorbo, se quedó observándola un rato mientras ella
partía su alimento en el plato. Aquella adorable serenidad emanada de su rostro,
aquella aparente apacibilidad , le otorgaba cierta tranquilidad , aunque supiera , que detrás de aquellos ojos ,
en el fondo, el dolor no hubiera desaparecido.
Unas manos que se mostraban más
delicadas que nunca y que él no podía
dejar de mirar, unos gestos suaves y cuidados,
apenas perceptibles , salvo para él, un silencio profundo y que él
prefirió respetar, aunque no fuese lo habitual en la Sarah a la que estaba
acostumbrado. Sea como fuere, sin
pensar, guardaba algo en sus adentros y necesitaba decirlo o lo reconcomería.
·
RICHARD: Sarah.
Ella alzó el rostro , y como una chiquilla curiosa, con sus pequeños
ojos tristes, esperó a que le hablase.
·
RICHARD: Todo irá bien. Estoy aquí, contigo.
Le cogió la mano y ella dejó llevar sus ojos hasta ese gesto. Un
instante donde en una sola fracción de segundo, mil imágenes volaron en su
cabeza. Mil fotografías fijas , tras las cuales , sólo corresponderle volviendo
a fijar su mirada en sus ojos, aquellos que en el hospital demostraban un
desgarro profundo y quebradizo, mientras
que ahora , aportaban una inmensa felicidad no manifestada en exceso ,
pero cuyo brillo , lo decía todo. Ojos, que se abrieron de par en par, nada más
escucharla.
·
SARAH: Como siempre .
“Tiempo , que pasas inexorablemente para
todos .
Tiempo, que cierras las heridas con lentitud
y seguridad ,
y conviertes aquellas imágenes que antes
dañaban,
en un vano recuerdo de lo que fue
pero de lo que no es.
Tiempo que creces en el interior de las
almas solitarias,
Otorgando aquella paz ansiada,
aquella nueva vida .
Un nuevo amanecer .
Un nuevo respiro .
Un anochecer sin medida.
Tiempo que ayudas a calmar las embravecidas
aguas
de los lamentos por los amores perdidos ,
por los sentimientos que, doloridos,
aún sueñan con alguien que los acune en su
seno,
apiadándose de ellos ,
y recomponga el corazón de quién los porta.”
(Créd. APCL73)
Tiempo. Eso es a lo que todos aspiramos. A que pase deprisa o despacio
según en la circunstancia en la que nos encontremos o lo que pretendamos
olvidar.
Tiempo es lo que ella necesitaba y lo que sin duda consiguió. Dos semanas de descanso y rutas por la ciudad
y alrededores , le bastaron para volver a considerar que estaba preparada para
asumir su nueva vida .
Aceptando la propuesta del Trinity College, comenzó a dar clase de Literatura americana y
británica , encargándose prácticamente , de ese Departamento. Ello la llevó a
un traslado de país y casa , que no de costumbres a las que se iba aclimatando
muy deprisa , aunque ciertamente le costase menos hacerlo en el país vecino que
en la misma Londres , por la sociabilidad de sus gentes y su mentalidad del gusto por lo sencillo.
Conforme pasaban las semanas , los meses, Richard y ella quedaban
habitualmente como en una especie de ritual en el que la casa de ella,
encontrada gracias a él, una ganga envidiable en pleno centro de la capital
irlandesa, pasaba a convertirse en el centro de unificación de criterios sobre las actividades conjuntas futuras o
incluso sobre la impartición de sus clases y los futuros proyectos del actor.
Meses , durante los cuales, el rostro de ella parecía otro. Su
sorprendente adaptación al entorno, la culminaron en un permanente remanso de
paz que le hacía reflejarlo en su rostro, y aquella sonrisa tan característica
suya , volvió a iluminar las estancias en las que se encontraba.
Pese a que las planificaciones solían hacerse conjuntas, aquel sábado
por la mañana , fue Richard el que
decidió llevarla a un lugar . Sin darle pista alguna sobre el destino final ,
sólo le avisó de que debía estar preparada bien temprano y que desayunarían fuera.
Siendo Dublín una ciudad maravillosa para pasearla , todo ese día se
dedicaría al disfrute de la ciudad como nunca antes ninguno de los dos lo había
hecho.
Desayunaron copiosamente en una de las cafeterías-pastelerías más
antiguas de la ciudad , donde las tartas
se servían a peso , y te elaboraban
unos té y cafés deliciosos.
Tras imbuirse de algo de cultura , almorzaron en una taberna
típicamente irlandesa que Richard se preciaba de conocer bien . Circunstancia
que ella pudo comprobar nada más atravesar la puerta , cuando tanto el dueño
como uno de los camareros se acercaron a él efusivamente como si fuese un miembro
más de tan surtida y numerosa familia.
Durante la comida , ella sí pudo observar que algo había cambiado en
él, y no sabía por qué. La aparente tranquilidad y el aire distendido , habían
dejado paso a cierta melancolía evidente e inexplicable que él , como buen
actor, trató de disimular con una media sonrisa comprometedora, aunque no
lograse convencer del todo a su principal y más fiel seguidora, para la cual,
resultaba sumamente cautivador el hecho
de que en silencio , mantenido desde hacía un buen rato ya, su forma de mirarla
lo dijera todo, y sin embargo, por primera vez, no fuera capaz de
interpretarle.
·
SARAH: Llevabas un día de lo más distendido,
casi diría que alegre. Pero llevo observándote desde hace rato, y no entiendo
por qué esa melancolía en tus ojos. ¿Qué es lo que ha cambiado de hace unas
horas a esta tarde?
Y continuó en silencio observándola de la misma forma , sin cansarse,
como si tratara de grabarse su cara por algún motivo que a ella se le escapase.
·
RICHARD: Ven conmigo . Tengo que llevarte a un
sitio.
Pagaron la cuenta y salieron del local. Ella no le preguntó por qué de tanto
misterio. No dio pistas , sólo le notó algo serio pero calmado en su voz, y
sólo por eso, se dejó llevar.
Un paseo de aproximadamente veinte minutos en los que ella cogida de su brazo , simplemente disfrutaba
sin más , sin preguntas ni cuestiones .
Un paseo de veinte minutos, que se detuvo sin razón aparente en un momento
dado , y que tras detenerse ambos y él colocarla en frente suyo con plena disposición
para decirle algo que mereciera especial interés, la miró a los ojos, se fijó
por un instante en lo que se encontraba a espaldas de ella, y tras
devolvérsela, le dio la vuelta .
Toda la alegría y el desenfado inicial se volvieron sorpresa inaudita
. Se habían detenido ante el escaparate de una
librería , y en su parte central, se encontraban volúmenes de su libro
inconcluso. Tras fijarse bien en la portada, encima del título , el nombre de
Steve , y debajo del suyo , entre paréntesis , una sola frase : “ Idea original
y coautoría Sarah McBridge.”
Aún sin poder salir del estado de impresión en el que se encontraba ,
elevó la vista hacia el fondo del local
dónde se agolpaba un tropel de gente que parecía estar haciendo cola, y como
por gesto natural, se volvió hacia Richard , comprobando como la melancolía era cierta y
por qué. Cómo , por voluntad propia, había sabido esto hacía días y había decidido llevarla ese día hasta allí
mismo. Cómo, aquellos ojos
entristecidos a los que hacía mucho que
no veía así , sólo pudieron agradecer su gesto tierno de depositar su mano en
una de sus mejillas. Para él, algo que agradecería toda la vida.
Indecisa , fue él quien tomó la determinación para convencerla.
·
RICHARD: Ya ves , que yo no fui el único que te
hizo caso. Me buscó poco después de que
lo recibiera, leyera la carta y el
documento con la dación de derechos. No lo entendía.
Dada la vuelta de nuevo , observando el gentío que abarcaba casi todo
el local, seguía sintiendo que no sabía qué hacer .
·
SARAH: ¿Y qué le dijiste?
·
RICHARD: Que esa respuesta que buscaba no podía
dársela yo , pero que sí te conocía tan bien como tú decías que había hecho en
tan poco tiempo, te amaba tanto como había
demostrado , sobraría la respuesta.
Indecisión y silencio de nuevo , sosteniéndola de nuevo por los
hombros, se acercó a uno de sus oídos.
·
RICHARD : Hace tiempo me exigías explicaciones
que no estaba seguro de darte , porque decías que necesitabas cerrar capítulos
de tu vida mantenidos abiertos de forma involuntaria a causa del accidente. Éste,
es uno de los más importantes en tu vida, y continúa muy abierto. Sarah, sea lo
que sea lo que decidas , yo seguiré estando , siempre.
Y ella sintió sus hombros desnudos de todo apoyo, y la calidez de su
rostro desaparecer, dejando en su lugar
el frío sobrevenido de la tarde.
Viéndolo marchar de forma pausada y posiblemente absorto en sus
pensamientos, ella volvió a centrarse en
la imagen viva al otro lado del cristal del escaparate. Era formidable
contemplar los rostros de la gente esperando lo que tenía todos los visos de
ser la firma de volúmenes. Los comentarios de quiénes salían de la tienda, no podían sino confirmar que él se encontraba
en su interior.
Tras decidirse y atravesar la
puerta , sintió como una garra apretaba su corazón por cada extremo. Pasos que
premeditadamente lentos , incansables , desesperantes casi, la iban llevando
hasta el gentío que se aglomeraba en torno a la mesa .
Al otro lado del muro de cabezas que no permitían ver más allá, se
encontraba Steve de lo más dadivoso firmando los ejemplares. En un momento
dado, al levantar su cabeza y dirigirse a una mujer mayor para que le repitiese
su nombre, un hueco de tan sólo unos segundos, le permitió ver algo que no
lograba definir pero que si le pareció en principio familiar.
Ante la presión de la gente que le rodeaba por la expectación creada, decidió
continuar firmando, pero no tranquilo con ello, buscó premeditadamente un nuevo
y volátil hueco que le permitiese corroborar con seguridad lo que creía haber
visto, hasta que lo encontró, sólo que esta vez no fue tan breve, y a quién vio
, le correspondía de igual forma.
Paralizado por la sorpresa, se levantó de la silla , pidió disculpas a
quiénes se encontraban delante suya , y se abrió paso entre la multitud para acercarse a ella.
Su editor, desesperado y muy nervioso, fue a por él con la intención de que volviera,
pero Steve , no era capaz de escuchar ni ver nada más que a aquella persona que
le parecía una visión después de tanto tiempo.
El editor, insistente , le tiró de la manga de la camisa recordándole
sus obligaciones con aquella gente que estaba esperándole, pero él, sin entrar
a razones, se revolvió contra él y furioso le mandató que le comunicase a la
gente que le concedieran cinco minutos.
Sin saber muy bien cómo reaccionar, continúo acercándose a ella hasta
que la tuvo tan cerca , que los nervios , aflorados, se le encogieron en el estómago
y la respiración se volvió apresurada .
Observando una mesa llena de los libros situada a su izquierda, cogió uno y lo abrió. En la parte central de la hoja en
blanco que venía a continuación, se podía leer lo siguiente:
“Me enseñaste a vivir amándote,
y a morir perdiéndote”
Para mi Sarah,
Sin ti, esto no hubiese sido posible.”
Cerró la tapa, y tras volver a mirar su nombre y el de ella , tal
reconocimiento la emocionó. Mientras realizaba una auténtica labor de contención
, al menos delante suya, tocó el momento de enfrentarse a sus ojos de nuevo,
aquellos que no había visto tan cerca desde hacía tanto tiempo Ojos que siempre
recordó hablando silenciosamente de sentimientos sinceros, de palabras nunca
dichas ni escuchadas, de rabia contenida ante la ausencia y el desconocimiento.
Ojos , que pese a todo, también supieron hablarle de necesidad, de angustia por
no tenerse de un sueño hecho realidad roto por un solo instante , o tal vez dos,
por secretos no inconfesables pero no
reconocidos por una falla en su memoria que terminó haciéndole más daño , una vez hubo
de ser resuelta.
Ojos que ella miró nuevamente, y cuya mirada y mensaje reconocía
porque no era la primera vez que la veía en sus ojos. Mientras, su contención
la presionaba , aquella garra enjaulaba más y más su corazón , haciendo por su parte , todos los esfuerzos
posibles por aparentar serena.
·
SARAH: Lo terminaste.
·
STEVE: Es lo que tú querías.
·
SARAH: Es lo que siempre debió ser, y por quién
realmente debía hacerlo. Tú lo inspiraste, tú lo iniciaste …
·
STEVE: Fuimos los dos. Yo me limité a darte el
pequeño empujón que necesitaste.
Con una pequeña sonrisa involuntaria , él tomó el turno de palabra .
·
STEVE: ¡Tú aquí!
·
SARAH: Vine nada más terminar los exámenes. Un
tiempo en Londres y después me trasladé. Conseguí , a través de Richard, una plaza en
el Trinity College.
·
STEVE: ¡Vaya!, el Trinity nada menos. Es una de
las Universidades más prestigiosas del mundo. Se te da muy bien dar clases, sobre todo si es
de lo tuyo.
·
SARAH: Sí , supongo, aunque también me toca dar
la tuya.
·
STEVE: ¡Ah , bueno! No recuerdo que se te diera
tan mal tampoco.
Mirando de nuevo el volumen que
tenía entre sus manos , se lo ofreció.
·
SARAH: ¿Te importaría firmármelo?
Y aquella mirada tan suya , aquel gesto del chiquillo desconsolado por
abrazarla , volvió a hacer acto de presencia, mientras ella trataba de evitar
que se diera cuenta de que había visto sus ojos humedecerse.
·
STEVE: Casi debería pedirte yo lo mismo. Claro .
Y mientras lo abría y trataba de calmar su pulso , procuraba que aquel bloqueo mental que sentía
y le atoraba , desapareciese. Una vez medio conseguido, comenzó a escribir .
·
STEVE: ¿Tienes pensado quedarte mucho por aquí?
·
SARAH: Vine sin fecha de término. Por el momento
estoy bien y la gente es encantadora, bueno , no te digo nada que no sepas. Además, ya nada me ata en Estados Unidos, al
menos de momento.
Una vez lo hubo terminado se lo devolvió, y ella lo leyó para sí misma , cerrándolo.
·
SARAH: Será mejor que me vaya , o a tu agente se
le comenzará a caer el pelo.
Él se dio la vuelta y lo vio bastante ofuscado y nervioso.
·
STEVE: Es buen tipo, pero muy recto para algunas cosas.
·
SARAH: Debe de ser muy eficiente cuando lo
mantienes. Algo acorde a tu nivel de exigencia.
·
STEVE: Sí, la verdad que es muy eficiente, no
puedo quejarme.
·
SARAH: Será mejor que vuelvas con ellos-
señalando al público – son lo que más importa ahora.
·
STEVE: Me ha alegrado mucho verte. La próxima
vez que coincidamos podríamos tomar algo , si quieres.
Aquella desesperación angustiosa sentida en el interior de él,
comenzaba a ser palpable, mientras que a ella, su corazón se sentía tan
aprisionado , que parecía no querer bombear sangre.
·
SARAH: Sé feliz
Steve, te mereces serlo.
Y con una tierna sonrisa que se le quedó a él grabada en la memoria ,
se dio media vuelta desapareciendo.
Costándole reaccionar , volvió a dónde le correspondía , mientras
ella, volviendo sobre sus pasos , sintió como la presión de su pecho desaparecía
y el aire entraba a borbotones , sin medida.
Llegada al único punto en dónde sabía que tendría que detenerse, la
misma taberna donde almorzó, nada más entrar le buscó , encontrándole sentado
en una de las mesas de la esquina contraria a la puerta, cabizbajo, meditabundo,
esperando.
Sólo percatándose de su presencia cuando vio su sombra en la mesa de
madera, elevó al cabeza y la vio. Serio y con aquella melancolía mantenida aún
en sus ojos, Richard la vio sentarse justo en frente suya, extenderle la mano
que portaba el libro, y ponérselo delante.
Tras mirarlo, enfocó sus ojos
antes de devolvérselos al libro. Abrió la tapa, y leyó para sí la
dedicatoria.
“ Con “algo” inmenso ,
para quién lo fue , es y lo será todo.
Por siempre
Steve.”
Cerró la tapa dejándolo encima de la mesa de nuevo, sin atreverse a
mirarla, y pese a todo, sabía que debía preguntarle.
·
RICHARD: ¿Y bien?
Respiró hondo, y contestó.
·
SARAH: Estoy donde quiero estar, y de dónde no
me marcharé nunca.
Cerró sus ojos, y una tímida pero resistente lágrima fluyó recorriendo
una de sus mejillas.
“Tiempo que lo anotas todo en tu memoria
no fiándote jamás de lo que los humanos guarden.
Tiempo que recorres los caminos de la verdad
de las mil y una formas posibles
.
Tiempo que juzgas ,
que amparas,
que soliviantas,
que dañas.
Tiempo que juegas con tus propias cartas
haciendo trampas si es preciso
porque nunca has sabido perder.
Tiempo que determinas las parejas de juego en esta mesa de la vida,
y acabas poniendo a cada uno en su lugar,
mandatado por ese payaso burlón llamado destino,
del que te fías demasiado a menudo .
Tiempo ,
que determinas cuando llega el final de algo y del todo,
o cuando ese algo y ese todo,
sólo deben convertirse
en una Historia Inacabada.”
Créd. APCL73
FIN.
ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

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