Háblame de aquellos instantes que añoro cuando no te tengo.
Háblame de los besos evadidos que ahora no me das.
Háblame de las caricias grandilocuentes
que otorgaban a mi cuerpo un viaje a ninguna parte y a todos
sitios.
Háblame de las palabras moduladas con tu voz
que erizaban mi piel ,
al sentir tus manos en ella
aun sin tocarme.
Háblame de nuestras verdades a medias
y nuestras mentiras completas ,
mantenidas para sobrevivir en esta historia.
Y aún sigo sin explicarme
qué fue lo que hizo darnos cuenta ,
después de tanto tiempo,
que ésto sólo funcionaría así.
Dependientes ambos por una ansiedad conjunta ,
la necesidad de tocarnos
se convirtió en el aire sin el cual no podíamos estar.
Ojos que suspiraban por sí solos
cambiando hasta la
expresión,
cuando la codicia por lo ajeno
se hacía realidad.
Sin pensar ,
sin negociar,
sin hablarlo,
nos vimos envueltos tú y yo,
mientras nuestras propias culpas ,
como pesadas cadenas ,
sólo eran recordadas con cada amanecer ,
con cada adiós.
Compromisos que no podían desparecer.
El temor a hacer daño
llevó a nuestro silencio,
a nuestra conformidad.
Personas ajenas
ligadas a nosotros de por siempre.
Estructuras formadas que se desmoronan ante nuestros ojos ,
en las que aquel hilo conductor
había desaparecido.
Amantes implacables
emulando siempre un último encuentro,
sin despedidas .
Una rutina de mutuo pensamiento,
de toques voluntarios
como forma de tenernos.
Y cuando nuestra realidad nos golpea
sin habernos aún acostumbrado a la distancia,
en la intimidad ,
cerramos los ojos y nos evadimos,
entregando aquello que más apreciamos y nos hace completos
a quién ya no amamos ,
pero que no abandonamos
por una simple cuestión de lealtad.
Háblame de nuevo de todo lo bello y divino
que hemos querido vivir
en esta nebulosa ficticia en realidad,
Háblame de cuántas lágrimas hemos perdido
en la soledad de cualquier habitación,
sabiéndonos desgraciados sin poder evitarlo.
Háblame de por qué no nos decimos de una vez por todas,
un adiós definitivo
que termine con este puro tormento
y nos haga volver a nuestra triste y cómoda realidad.
Háblame de por qué eres incapaz de mirarme a los ojos ,
cuando necesito tu ayuda
para dejar de hacer daño
a nosotros mismos y a los demás,
por qué te sale la cobardía que no tenías entonces,
cuando sin pensar en todo lo que habría de venir,
en todo con lo que tendríamos que vivir,
decidiste que debíamos ser para los dos .
Y el sonido de tu voz se silenció de nuevo
en busca de la
respuesta segura que no me incomodase,
cuando soy la única
que siempre la supo y nunca la negó.
Cual chiquillo en un juego arriesgado,
olvidaste tu madurez dejando a un lado tu cordura,
entregándote sin
mirar nada más.
Cual irresponsable tentada por como la dádiva se presentaba,
mostrando exquisitas formas
y conocimiento inmenso de mi necesidad,
tu halago obtuvo su recompensa ,
y desde entonces ,
no pudo haber nada más.
Lo que era costumbre , molestaba.
Lo que era usual y diario,
se convirtió en un motivo para huir .
Y en busca de tus alas de libertad ,
de tu espacio para respirar ,
de tu oxígeno vital,
me sentí escogida escogiendo.
Háblame de cómo conseguiste que me sintiera yo misma,
que me conociera ,
que me viera en tus ojos ,
que me sintiera con sólo susurrarme .
Háblame de cómo conseguiste
hacer sentir mi cuerpo,
como los pétalos de una orquídea negra ,
sutil y extrañamente hermosa,
mientras tus dedos los acarician.
Háblame ,
de por qué tus palabras suenan a verdades y no a mentiras ,
a tenerte por entero cuando no es cierto,
a que te siento mío cuando te comparto,
a que sólo quiero ser tuya cuando duermo con otro,
a que esto es un túnel sin final ni luz,
pero en el que no puedo dejar de caminar y encontrarte .
Háblame , cariño mío,
de por qué no puedo dejar de amarte.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página