viernes, 26 de febrero de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (210)


 Amanecer que te llevas las sombras contigo,
y entre ellas , está la suya.

Amanecer que me recuerdas lo efímero de los instantes,
la facilidad del olvido cuando el roce desaparece,
y la ansiedad por tratar de recordar cada gesto, cada caricia.

Amanecer ,
que convertiste la humedad compartida,
los susurros y la dación del nombre
en una sensación lejana,
por favorecer un nuevo día
que no queríamos que llegase nunca.


Amanecer ,
ensombrecido por una despedida
de la que nunca podemos saber si será la última,
por unas manos entrelazadas como último signo,
y por las mismas miradas de desgana
por lo que ha de venir a continuación.

Horas,
 más altivas que el propio tiempo,
más traicioneras que las manecillas de cualquier reloj.
Damas invisibles con la maldad como seña y vestido,
capaces de sorprender bajo la mayor de las traiciones, 
a los amantes en su inmensa entrega.
Sonrisa esquiva entre ambos,
la que produce siempre su rabia incontenida y manifiesta,
que desata su furia ,
corriendo aún más deprisa de lo previsto.

Horas ,
extrañas mujeres de paños negros por traje ,
rectos y sin forma,
cuya sonrisa maliciosa ,
una vez conseguido el reto,
sólo pronostica su siguiente jugada .

Horas ,
que castigáis a quién merecen ser felices ,
a quién amándose , lo son,
retrasando vuestro singular camino
en cuanto la separación fluctúa.

Y sois vosotras ,
bajo vuestra propia impotencia,
las que favorecéis que llegue la noche,
con su manto protector que os ahuyenta,
cual lobos en manada ante peligro mayor.

Anochecer ,
corto y extasiante ,
que velas a los que se han querido como nunca,
que calmas la ansiedad  de cada beso
señalando una estrella fugaz a la que poder encomendarse.

Anochecer ,
cuyo frío haces desaparecer sobre los cuerpos desnudos
pero llenos de regocijo.
Que calmas la ansiedad de consuelo por la distancia,
con la sonrisa pícara de la luna
y las historias que siempre guarda en un pequeño bolso.

Anochecer ,
mudo testigo de la partitura infinita de sonidos reconocibles,
de gestos atronadores .
Ente que presencias,
de forma lánguida e inevitable,
como ,
quién te viene a la zaga,
embate su ejército contra ti
a fín de hacerse con su lugar,
con el único objetivo,
ya conocido,
de ser feliz a costa de la infelicidad de los demás.

Tiempo,
que pasas difuso a tu antojo,
a inexorable cuando te quieres dar a notar.
Tiempo que ni te percatas en los demás,
culminando tu obsesión fijada en nosotros,
ante la entrega de un amor inmenso
cubierto de pasión calmada que te desquicia
de besos y miradas cargados de supuesta inocencia
que tú transformas en lujuria ,
de pura entrega vital, que tú sólo conviertes en sexo.

Tiempo egoísta y ruidoso
al que no quiere nadie ,
por rencoroso recordatorio de dudoso valor,
ahora te toca seguir luchando  en otros terrenos más baldíos,
con amantes menos sinceros ,
porque estos que te encontraste un buen día
y te negaste a abandonar,
te cierran la puerta  con cada nueva entrega ,
elevan muros hasta el cielo con cada nuevo embate,
prohíben con fuego eterno tus adentros ,
mueren en vida  en cada beso , delante de tus propios ojos ,
viven con su muerte placentera con tan sólo mirarse,
ante tus lágrimas recién nacidas
por la envidia de lo que no se tiene.

Ana Patricia Cruz López

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