sábado, 27 de febrero de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (211)


 Piel imperfecta
que tú conviertes en seda pura.

Sonidos sobre el silencio ,
del pasar de tus yemas  sobre cada inexplorado poro .

Caricias perfectas
sobre un cuerpo desconocido,
con toda la seguridad que te sobra
de saber exactamente qué es lo que quiero,
acrecentando  mi sensualidad,
volviendo loco mi deseo.
Cotas inimaginables de placer ,
que escondes tras una apariencia caballerosa y distinguida
cargada de presuntas buenas intenciones.


Demonio interior que lo abarcas todo .
En mi caso, el miedo a que me poseas,
en el tuyo, a no hacerlo.

Aplastante seguridad cuando te diriges a mí,
cuando me hablas,
cuando me miras,
cuando me tientas acercándome tus labios
para separarlos al corresponderte,
cuando te ríes por el triunfo
de tenerme a tus píes ,
cuando celebras la conquista enquistada en vena,
de un propósito inaudito y casi imposible.

Me arrancas la ropa sólo con mirarme,
y son tus ojos los que entonces me hablan .
Miradas que sustituyen las palabras ,
pensamientos mortales que,
como  en una danza de ejecución perfecta,
sólo me dejo llevar,
hacer.

Girando en torno a mí,
vigilas tu objetivo.
Me dices algo que entiendo bien,
pero que no quiero interpretar ,
así no.

Quiero escucharte,
obligarte a que dejes salir las palabras ,
aquellas a las que niegas la libertad ,
por miedo a que sean demasiado sinceras
y expresen la realidad .

Sentimientos que viven engañados en otro mundo.
Y tú, como salvaguarda tuya,
nunca te entregas por entero.
Pero ahora,
algo diferente ha pasado,
algo ha logrado que todo tu castillo se desmorone,
que tus muros se derrumben.

Niegas por decreto,
por costumbre ,
rechazando cualquier posibilidad de ser tú, conmigo.
Te sientes más cómodo en el papel del amante insumiso
que parece no necesitar nada ,
y que , sin embargo,
lo da todo como precio por la aceptación.

Déjate llevar , te susurro,
y siento tu piel erizarse con mi aliento sobre tu cuello.
Una mano en mi espalda,  el comienzo.
Un leve gesto , y la orquesta acompasa los primeros acordes.
Pasos que no necesitan ensayo.
Acople perfecto.

Dos amantes necesitados de todo aquello
que nunca obtuvieron ni supieron darse,
y que ahora ,
sin preverlo,
reciben todo a manos llenas.

Sangre que circula por tus venas y que siento palpitar.
Deslizamiento perfecto entre los dedos
acompañado de tu dulce humedad ,
reconociendo la siguiente tanda de pasos
de esta pieza.
Sinfonía de colores y sutilezas,
de nombres citados al unísono,
de monosílabos  habituales ,  que ahora cobran todo su sentido.

Peticiones extremas en pro de la perdurabilidad,
dación en suma preeminencia antes de realizar la entrega final,
en que sólo se oye,  el delicado sonido
de las notas emitidas
por las cuerdas de aquel hermoso violín imaginario .

Últimos compases señalados
por el cambio de tempo e intensidad.
Manos que se aferran a la carne como salvavidas,
y tú calor , que lo invade todo a su paso,
quemando mi interior.

Danza maldita de dos bailarines consumados
que en un abrazo en principio superfluo,
acabaron encontrando la única verdad posible,
la que les devolvía a su ser ,
el único motivo para seguir viviendo.

Nuevo concepto musical de un sentimiento,
de EL SENTIMIENTO.
Aquel sin el que no henos podido vivir ,
que no hemos querido aplacar,
aquel que nos hace sufrir,
y por el que, sin embargo, nos dejamos morir.
Aquel que tenemos de común acuerdo
con sólo un mirar,
con un sólo respirar,
con un exclusivo sin vivir.

Ana Patricia Cruz López

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