Soledad,
que cubres mi piel como un segundo manto,
con el silencio eterno por voz,
con la caricia del viento de la tarde y la brisa nocturna.
Soledad,
sentida como parte de mi ser,
escogida por propia voluntad,
cuyos roces recibo
con mi respiración entrecortada
y susurros con tu nombre.
Soledad,
en la que sólo puedo pensar
que siempre te encuentres,
a la que sólo puedo desear
que siempre te vea,
que nunca me abandona,
y con la que únicamente
soy capaz de encontrarme como persona.
Soledad,
de la que hablan mal y tristemente,
despreciando en realidad
lo que aportas.
Grata compañía,
descubrimiento de un interior.
Soledad .
Curioso nombre te dieron.
Exquisito significado posees según con quién te encuentres.
Aún recuerdo la primera vez que te presentastes ante mí,
vagando,
desconcertado estado ansioso que observas el mar
deseando que una ola lo arrase todo
y te lleve a ti con ella.
Ojos tristes y hermosos,
con los que dejaste de mirarla a ella
para observarme a mí,
por completo,
como nunca más dejaste de hacerlo.
Ojos sinceros
que contaban historias de amor pasado ,
sincero,
vibrante ,
y que ahora ,
con el devenir de los años ,
con el pasar del tiempo,
sólo son recuerdos a guardar en un cajón de la memoria
de la que conviene perder la llave.
Ojos que me hablan de como el daño cicatriza,
pero el sentimiento tarda en arrancarse
de los corazones trémulos,
que un día se entregaron por completo
y para siempre.
Un "para siempre",
que resultó un hasta nunca
con olor a muerte .
Desasosiego por lo entregado
y sensación de que no ha valido la pena .
Ojos ,
que sin embargo,
después de reflejarse en los míos buscando una razón,
encontraron en mis finos labios
una válvula de suave escape,
a través de la que poder dirigirse a otros lugares ,
a otro espacio,
pero con una misma persona.
Soledad ,
que por una vez dejaste de ser fémina
para presentarte ante mí con tu aspecto,
con tus errores,
con tus ojos llorosos
que poco a poco fueron abriendo,
con tus miradas perdidas
convertidas en la sinrazón de sentimientos
de pasiones desmedidas,
de entregas sin un por qué,
de besos que hablaban de algo hermoso
que pensaste no volver a
entregar jamás.
Soledad ,
incauta ,
inocente en el fondo,
cual chiquillo que siempre busca donde aferrarse
cuando ha perdido el calor del pecho amante que lo viera
crecer.
Soledad.
Pernicioso veneno servido en taza de plata
por la mano del que todo lo ve ,
y del que nunca nadie está seguro sobre sus extrañas ,
sobre sus crueles intenciones
enmascaradas en caricias disfrazadas de realidad,
de humedad conjunta y entregada,
de ternura cogida tímidamente
y grandes dosis de desconfianza.
Soledad ,
que pese a tu nuevo aspecto
de delicia casi conyugal ,
de amante proferido y generoso
de largas noches sin fín
y días sin horas ,
sigues poseyendo alma de mujer,
intranquila y desconfiada que,
sin esperar nada ,
lo encuentra todo debiendo escoger,
y en medio de la duda,
será aquel a cuyos ojos tristes miró una vez ,
aquel ,
que buscaba entre mis finos labios una correspondencia ,
al que elegiría para estar conmigo misma,
para sentirme querida y abrigada,
para obtener aquello que otros no han sabido darme,
para encontrar lo que otros mortales no han sabido venderme.
Soledad .
Cuyo aspecto dichoso en mitad del silencio,
convierte todo el mensaje dicho en una sola mirada
proferida por aquellos inolvidables ojos
que erizaron mi piel más de una vez,
y que sin dar nada ,
y pedir aún menos,
lo entregaron todo ,
yendo a más cada vez.
Soledad ,
oportuna,
deseada, voluntaria.
Ayúdame a mantenerte
si ese es el aspecto de mi compaña ,
si ese es el sentimiento que me estima y espera al otro
lado,
disfrutando en vida de él ,
antes de que el mar,
al que yo también observo,
decida llevarme a mí también.
Ana Patricia Cruz López
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