Angustiosa sensación de soledad sin ti.
Sentimiento de máxima perdida
en mi cuerpo
cuando me miro en el espejo sin ver nada más.
Frío extenuante
sin tu aliento en mi piel,
sin sentir tus caricias .
Días cuyas horas me maltratan ,
mientras mi cabeza
no deja de dar vueltas sobre la misma idea .
Noches ,
cuyas estrellas me hablan al oído
susurrando tu nombre ,
contándome historias imposibles ,
donde los príncipes siempre existen
y las princesas ,
son chicas normales de andar por casa.
Esperar .
Cuando nada más puede hacerse.
Cuando no se quiere,
pero tampoco puede evitarse.
Un sonido perdido en mitad del silencio de mi alma,
una puerta quizás ,
un aroma familiar que tibiamente hace acto de presencia,
unos brazos fuertemente reconocibles desde atrás
que hacen suyo mi vientre,
unos ojos ,
que comparten la misma forma de mirar hacia el futuro ,
como forma de saber por qué vivimos el presente.
Y yo,
sola ,
cierro los míos queriendo desaparecer ,
sabiéndome que en este encierro ,
en esta prisión invisible ,
donde los sentimientos buscan hueco y forma de respirar y
mostrarse,
me niego a enseñarles la salida.
Piel que te ensañas conmigo
recordándome cuando eras suya,
y que erizada sólo con el recuerdo de su mirar,
logras ensalzar mis lágrimas
para vanagloria tuya.
No era ni es cuestión de estar con o sin ti,
no e s cuestión de vida presente o planificación a medio
tiempo.
Se trata de muerte .
Muerte en vida ,
por el deber de prescindir de aquello a lo que me
acostumbraste ,
de aquello que convertiste en inevitable pese a los avisos ,
de lo que rozaste impregnándolo todo ,
de los huecos en mi piel a los que sellaste con tu esencia ,
de los rincones de mi corazón a los que supiste llegar
cuando nadie lo hubo hecho,
de las palabras vacías que llenaste con esperanza tardía
pero siempre bienvenida ,
de la gloria de tu cuerpo
entregado como sólo tú sabes hacerlo,
sin mediar palabra en vano alguna,
porque entre nosotros ,
siempre han hablado más los silencios.
Muerte de la persona ,
cuya alma deja paso a la siguiente que haya de venir,
que,
transformada como crisálida llegada a hermosa mariposa ,
reposa entre tus dedos
convertida en la hermosa reina efímera de tus pensamientos.
Renacer de un alma compleja
a la que diste forma ,
a la que enseñaste otra forma de vivir
pero en la que tú eras peón necesario
y que ahora que no te encuentras,
se haya perdido
en mitad de ese enorme bosque de las ánimas ,
en cuyo límite ,
me despedí de ti.
Ana Patricia Cruz López
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