Inconstante la naturaleza humana.
Dudosa ante una gran decisión final que haya de tomar
y en la que el alma puede verse implicada.
Decidir entre ir contigo y huir de todo
o escoger la cotidianeidad que me ha sido entregada
desde mi nacimiento.
Decidir entre seguir las normas establecidas
Y de normalización social,
o abandonarlo todo y entrar de lleno en una aventura
sin final predecible ,
en donde el día a día es la única norma,
y el respeto es un juego implícito de a dos,
como la libertad que nos circunda.
Envuelta en un cielo gris oscuro ,
busco entre las nubes
un pedazo de azul cielo que recubra lo que ansío y logre mi calma.
Una caricia tuya que ilumine
esa tranquilidad y paz que me transmites ,
aquella que me permite seguir adelante con esto
con la cabeza fría y
la cordura como elemento del
juego.
Busco en mi piel restos de lo que fue algo sólo nuestro
antes de que el dios del cielo ,
los dioses del olimpo,
y todas las vanaglorias envidiosas de sus servidores,
lo ensuciaran en público.
Algo muy tuyo y muy mío.
Algo que quise conservar entre mis mejores recuerdos,
y que se empañó sin motivo aparente.
Algo que en principio nadie rompería ,
y que nosotros nos encargamos de destrozar,
y es que aquella forma nuestra de amarnos,
de entregarnos ,
de supeditar nuestras voluntades a tal sentimiento,
desmedido y sin control,
de razonabilidad finita ,
de nula programación y exquisita improvisación,
nos pudo por siempre
aunque siempre pensamos que no podría.
Lo estiramos hasta que cedió rompiéndose.
Lo extralimitamos sabiendo y queriendo hacerlo
de todas las formas posibles y cuasimposibles.
Probamos de todo y con todos
En busca de algo que fuese nuevo ,
Sólo para demostrarnos que podíamos seguir siendo nosotros,
y aún así,
nunca fue suficiente.
Los silencios ,
se transformaron en palabras nunca escuchadas
porque jamás se sintió la necesidad de interpretarlas ,
y sólo entonces ,
me di cuenta de cuánto habíamos cambiado ,
de cuanta transformación a nuestro alrededor nos había afectado,
y de cuanto amor estábamos prescindiendo.
La ansiedad por los encuentros ,
por los roces,
por los silencios verbalizados,
por las miradas ,
dejaron rastros imborrables
aunque difusos con el paso de los años.
Los niños que éramos ,
En busca de juegos que avivaran una llama que se iba consumiendo,
se transformaron en los adultos que nunca quisimos ver reflejados en
los espejos ,
que jamás quisimos ser ,
y sin embargo,
fuimos nosotros mismos los que los atraíamos.
Degeneración del amor
en lo que convertimos todo esto,
cuando , sin saber por qué,
convertimos el amor en odio
y aún así nos quedamos cortos en ambos
quemando por debajo de nuestra piel,
cada nuevo encuentro e inevitable
surgido como mera entrega física .
¿Es en eso en lo que ha quedado todo esto?
¿Es eso lo único que queda ,
tras la locura inmarchitable que nos habíamos propuesto,
tras las promesas incumplidas que superaban las esperadas
frente a las cumplidas y trasvasadas una y otra vez?
¿Es algo meramente físico lo que nos queda ,
lo único a lo que podemos aferrarnos ahora
después de todo lo vivido,
sentido,
arreciado, superado,
entregado y dado juntos?
¿Es sólo el mirarnos a la cara y no reconocernos
lo que nos queda después de todo ?
¿Es a lo qué debemos acostumbrarnos o
simplemente nos queda decir adiós?
Porque si la respuesta es la segunda opción,
Te odiaré por el resto de mi vida ,
por hacerme creer que ese momento jamás llegaría ,
jugando con mi incredulidad infantil de la peor de las maneras,
pero también me odiaré a mí misma , por siempre ,
por entregarme como nunca hacia alguien a quién amé como nadie,
por haber sido más yo que nadie ,
la que quiso ser más tuya que ninguna,
y por sentir en este momento,
que aún hoy, algo de mi alma te pertenece,
que en mi memoria permaneces intacto pese al daño que nos hemos hecho,
y que sé,
que seré incapaz de sentirme amada de otra forma que no sea la tuya.
Lágrimas que se deslizan por un envejecido corazón roto en mil
pedazos,
Acariciando cada una de sus grietas en forma de consuelo ,
cuando de un imposible surge
algo eterno
incapaz de descifrar o compartir con otro .
Lágrimas de sangre que,
como dulce tinta ,
escribe as palabras que colocaremos al final en la lápida que nos
recubra,
y que ante los ojos de todos dirán
los versos del poeta enamorado de
por siempre
que jamás pudo dejar de amarla ,
y que de tanto amor que le dio,
sólo pudo destrozarlo todo.
Ana Patricia Cruz López
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