miércoles, 27 de abril de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (131)

Dedos que remarcan una y otra vez caminos ya andados.
Surcos en mi piel con sabor a ti,
con recuerdos prestados  que nunca serán míos
porque tú nunca llegarás a serlo.

Aires de libertad indomable
con las que riegas cada beso,
aprietas mi carne haciéndome saber que ,
 aunque sea por esa noche ,
seré tuya.


Diálogos huecos
 aptos para sordos que sólo piensan en amarse,
dejando las palabras para los demás.

Fuego en cada seña
que quema mi piel ,
sintiendo un leve alivio
con el aire emitido por susurros que dejas escapar.
Alivio que agujerea mi piel
como un punzón al hielo
resquebrajando lo buena que de mí quedaba,
haciendo salir el demonio interior que tú siempre has buscado,
has querido.

Falsos dioses a los que me veo encomendarme
en mitad del tormento
en que se han convertido tus brazos.

Habituado a controlar  todo,
lanzas el lazo a conveniencia ,
y cuanto más das , más deseo ,
cuanto más reclamo, más rehúyes,
cuanto más grito tu nombre , más me das la espalda
pero permaneces pendiente.

Grueso trazo el de tu pincel,
esquivo lienzo el de mi cuerpo.
Dulces amarres de exquisito y frío cuero
que te ayuden a tenerme dónde quieres ,
donde deseo.

Piel que aspira a marcar cada zona de un cuerpo
dado al designio escrito de quién lo domina cuando lo toma,
y que lo añora cuando lo deja.

Estricta confianza ciega
en el paseo hacia lo desconocido  que habita en una mente casi enferma
de deseo y sangre ajena.
Conversión del dios en demonio,
a través del cuerpo de un hombre diferente ,
sacrílego y adorador del pecado más exquisito  e inolvidable.

Tres palabras necesitas .
Sólo tres , que hagan que vengas a mí por siempre
aunque no pienses quedarte.
Tres palabras que hagan que siempre regreses
y que con cada vuelta ,
más te cueste marcharte.

Suplica con un interior , mi cuerpo,  invadido por el tuyo.
Ojos que fijamente me suplican, me ruegan
complacer unos oídos ,
Calmar un alma indecisa y temerosa de lo que siente.
Gritos ahogados de requerimiento  no obedecidos,
no complacidos.
Dolor capaz de mezclarse con el más intenso placer
en dación  por ello,
sin que jamás
el concepto de satisfacción haya tenido significado escrito.

Alaridos de dolor violento con el alma ajena,
Pesadas cadenas incapaces de seguir arrastrando,
la de mis labios sellados,
hasta que sepa que el  ave anidará en la tierra de los sueños rotos.

Caricias que saben distintas ,
cambio de actitud ,
paz.
Rendición absoluta y promesa cerrada no en falso,
con el corazón sangrante en la mano
palpitando a través de unas pupilas sinceras .
Vida en tus manos .
Vida en mis palabras ,
las tuyas ,
las que esperabas.

Ana Patricia Cruz López
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