CAPÍTULO DÉCIMO
SÉPTIMO ( Segunda parte)
TODO
COMIENZA AHORA
Tratando de asumir la rapidez con la que el recado
fue transmitido, bastaba mirarle a los ojos para saber exactamente cuáles eran
sus intenciones en ese instante , especialmente
después de haberla visto.
Apostado en la puerta, apoyado en la moldura ,
parecía solicitar a gritos que lo dejase pasar, y ella, sin mediar una sola
palabra , recibió el mensaje de la única forma que cabía hacerlo, volviendo al
interior de la habitación y dejándole la vía libre .
Apenas se dio la vuelta, el sonido de la puerta
cerrarse le indicó que se encontraba acompañada.
Sin tiempo
para pensar, decidió actuar con total normalidad dirigiéndose al cuarto de baño
para intentar refrescar una cabeza que
aún se encontraba pesada . Acercándose a
la bañera , apenas introdujo los dedos para acabar comprobando que el agua se
había enfriado mucho , por lo que decidió vaciarla. Y la presencia varonil ,
precedida por aquel ligero olor a un perfume harto familiar, se personó en el
habitáculo sin tan siquiera traspasar la puerta.
¿Especial? Sí, claro que lo era y ella lo sabía,
y no sólo por lo que Victoria dijo aquel
día en el que coincidieron los tres en su salón. Se percibía en su esencia , se veía en sus ojos . Especial,
pero no impredecible. Un solo vistazo a como
la recorrió por entero desde la puerta , bastó para comprender que
disfrutaba mirando, pero no gustaba de que le consideraran un voyeur, aunque
realmente lo fuera.
Con total intencionalidad, mientras el agua
jabonosa se perdía por las tuberías, se apoyó en el lavabo dándole la espalda
para comenzar a observarlo a través del espejo , asegurándose de ser lo más
nítidamente descarada que le fuera posible .
Aquellos imponentes y penetrantes ojos hablaban por sí solos, y en su mensaje ,
transmitían un apetito desmedido por el bocado que tenían delante, no siendo la
primera vez que los había sentido así. En
su mente , aún con mucha más claridad y a falta de una palabra vocalmente dicha
de acompañamiento, creía recordar la
ocasión iniciática en que lo tuvo delante por primera vez , aunque pensase
entonces que podía haberse debido al morbo que le producía verla junto con
Robert en su fiesta, o tal vez , una particular y no menos justificada segunda
ocasión al negarle la entrada en la
reunión cuando acudía como asistente financiero de su jefe por aquel entonces.
Un “mirón” atípico y que estaba más que
acostumbrado a posicionarse , a que le descifraran todas sus apetencias con tan
sólo observarle. Una ventaja que ella , acostumbrada a tratar con muchos tipos
de hombres diferentes , le había
reportado cierta fama de plena satisfacción en cuanto a los servicios prestados
se refería.
Dando un paso más en su estrategia preliminar, optó
por darse la vuelta y esperar, pero al ver que su actitud no variaba , soltó la
toalla dejándola caer en un banquito auxiliar cercano y se dirigió a la bañera ante su más que
inquieta atención.
Atención, que no disminuyó ni un ápice a través de la
mampara de cristal, y en la que aquellos ojos penetrantes describieron caricias
invisibles por su piel, siguiendo la misma carrera de los chorros de agua que la circundaban.
Deleite sólo interrumpido por las manos de ella, cuando extendía el jabón por su cuerpo lenta y sufridamente para el observador
impasible, o cuando era su cabello empapado el que entrelazaba con sus dedos surcándolo.
Sólo entonces sintió evadirse. Quiso olvidarse de
que él continuaba allí, pero aunque en el fondo eso fuese imposible, sus
segundos de respiro consiguió bajo la cálida agua volviendo a la realidad tras cerrar la llave.
Sin mostrar intención alguna de ocultar su
desnudez, una mano extendida que portaba la toalla se la ofrecía, pero su
propietario, lejos de retirarse de su posición tras ser liberado de la misma, se
mantuvo impertérrito delante suya mientras trataba de secarse con ella.
·
HEYDEN: Espero que el espectáculo haya sido de
tu gusto.
·
BOURKE: ¿Qué edad tenías ?
Pregunta del todo intencional. Aunque apenas
perceptibles a la vista , él había logrado verle las cicatrices que marcarían
su espalda de por vida.
·
HEYDEN:
No creo que eso importe.
Pese a su cambio en el tono de la voz , tornándose
seria y molesta por la pregunta , no desistió.
·
BOURKE: ¿Doce, trece , quince años quizás?
·
HEYDEN: No es de tu incumbencia.
·
BOURKE: Déjame adivinar, ¿padre alcohólico que
gustaba desquitarse ? – Ligeramente preocupado por la seriedad de su rostro ,
ansioso por su curiosidad , decidió estirar el elástico de su carácter un poco
más - ¿ Unas manos largas quizás?
·
HEYDEN: ¿Disfrutas escudriñando en las miserias
de los demás?
·
BOURKE: Normalmente no, especialmente cuando no
puedo extraer ningún beneficio de ello, pero en tu caso, reconozco que es simple curiosidad. Quiero conocerte más de
lo que ya creo hacerlo, lograr conocer tus razonamientos ,los antecedentes de
algunas decisiones.
·
HEYDEN: No creía que tuvieras tanto interés en
mantener este tipo de relación personal, pensé que te iba más … la del otro
tipo.
·
BOURKE: Tengo preguntas sin respuesta. Cuanto
más sé de ti, más me chocan algunos aspectos de tu historia vital. Un hermano
abogado con despacho propio y prestigiosos en
Nueva York ¿y necesitas trabajar en el club para sobrevivir? Un poco
fácil para ti , ¿no?
·
HEYDEN: ¿ Fácil? Ventajosa puede, pero dime
algo, ¿he de sentirme yo peor por ello que tú mirándote al espejo sabiendo los
muertos que dejas detrás? Y no me refiero sólo a los que hacen número con tus
propias manos.
Por fín había conseguido ser tomada en serio. Aquel
juego se le había escapado de las manos
y la ventaja estaba del lado de ella. Tratando de suavizar lo que
parecía una tensión a punto de descontrolarse en enfurecimiento, volvió al
camino por donde se encontraba más cómodo.
·
HEYDEN: No vas a hacerme creer que no sabes nada
de mi pasado. Esas señales en mi piel no te dirán nada que no evidencien. Da
igual cuál fuera el detonante o cómo se produjeron... o con qué. Son las
interiores que nunca serás capaz de ver
las que sólo lograrían acercarte
un poco , pero apenas lo justo para rozarme si te esforzases lo más mínimo.
Humedeciendo y mordisqueando su labio superior, mostró
un interés inusitado por lo que podía significar aquel mensaje, provocándole
acercarse aún más a la bañera.
·
BOURKE:
¿Estás segura de qué ni siquiera te rozaría? ¿De qué eso es lo que quieres en
realidad?
·
HEYDEN: Formulación incorrecta – cogiéndole con
rabia por uno de los lados del cuello de la camisa, tiró
hacia ella con tanta fuerza que se refrenó con la mano en la mampara - ¿Rozarme? ¿Jugar a esto? ¿Sabes realmente
dónde te mete tu curiosidad?
·
BOURKE: Donde justamente he querido desde que te
vi con él. ¿Lo tienes bastante claro ya o te doy detalles?
Tan bruscamente como le había agarrado le soltó. Volviendo
al punto de partida , la moldura de la puerta, conservando su posición de interés
y su visión observadora .
·
BOURKE : Espero hayas encontrado el cambio de
habitación aceptable.
·
HEYDEN: No tenías que haberte molestado, ya
tenía habitación reservada.
·
BOURKE: ¡Oh vamos! ¿No irás a comparar? Además, ésta
tiene mejores vistas .
Su tono irónico parecía combinarle con aquel rostro despiadadamente guasón que
portaba , de la misma forma que el traje que
vestía.
·
HEYDEN: Eso no te lo voy a negar, sólo digo que
no debías haberte molestado.
·
BOURKE: Para mí no es molestia, es placer.
Además, sólo pensar en el dinero que
acabo de ahorrarle a los contribuyentes me da … ¿cierto regusto morboso?, los
mismos, por cierto, que llevan pagada
una pasta gansa por todos los años que tu gente ha intentado atraparme. ¿Esto
no me reportará algún tipo de beneficio?
Y aquella voz , desquiciante , se le metía en la
cabeza como un martillo sin que pudiera salir. Se permitía el lujo de burlarse
en su cara de una situación tan real y esquiva como el agua que acababa de
utilizar .
Tratando evitar de contestarle, se dispuso a salir
del cuarto de baño en dirección al dormitorio, pero al llegar a la puerta, él
pareció forzar su pose en la misma , obligándola a rozarse con él.
Abriendo el armario, cogió la ropa con la que se
disponía a salir ante la curiosidad creciente de su supuesto anfitrión.
·
HEYDEN: ¿Este juego te divierte verdad?
·
BOURKE: ¿Cuál?
·
HEYDEN: Creerte que estás por encima de todo el
mundo por el simple hecho de que aún no te hayan cogido.
·
BOURKE: Yo no me creo nada , sólo describo la
evidencia, y por desgracia para los
tuyos, ésta lleva alargándose más de la cuenta .
·
HEYDEN: Puede, pero toda historia tiene un
final, y el tuyo es bastante predecible.
·
BOURKE: ¿Y el tuyo?
Sentada en la cama para colocarse las botas, se
detuvo por un instante pensando en la pregunta
dejada al aire.
¿Su final? ¿Acaso alguien podría asegurarle cuál
sería? Ella siempre había preferido pensar en el peor resultado posible, pero
más por una cuestión de costumbre que
por ser una realidad tangible.
Vivir al límite en demasiadas ocasiones durante el transcurso de los años , la había
llevado a bordear la muerte estirando su suerte hasta límites impensables,
sobreviviendo siempre sin saber exactamente por qué.
Su evidente menosprecio por su propia vida, hubiera
sido objeto de estudio por algún médico especialista, pero ella nunca creyó
precisar de ayuda externa para solventar sus propios traumas o psicosis
infantiles . Su rabia interior en todo lo que hacía, en todo lo que aceptaba ,
fuese trabajo o personal, era el mejor arma que la llevaba a seguir adelante
por muy autodestructivo que fuese aquello con lo que se encontrase.
Sin dejar de
fijar su vista hacia el suelo, se atrevió a preguntarle.
·
HEYDEN: Partiendo de que no debí venir a este
mundo ¿Crees que me importa?
La respuesta, sincera y fría , le sorprendió, hasta el punto de reflejarlo
visiblemente.
·
BOURKE: ¡Te da lo mismo morir que seguir
viviendo! – Afirmó sorprendido- Actúas
por impulso aunque previamente pienses en el siguiente paso , pero nunca hay
plan B. Simplemente te dejas llevar. Es eso justamente lo que te hace tan
jodidamente especial.
Aquel rostro que ella vio por unos segundos , antes
de levantarse y acercarse a él , lo decía todo. Sí, más que las palabras , el
tono de convencimiento absoluto con el que fueron pronunciadas llegaron a
asustarle. Desde su punto de vista , era una sencilla cuestión de supervivencia
en un mundo en el que no quería estar, desde el punto de vista de él, una bomba
de relojería que pocos quisieran tener cerca.
No obstante, John Bourke no podía evitar sentirse
curiosamente atraído por aquella mujer. Lo que comenzó como una carrera sin
fondo por arrebatar algo a su competidor de siempre y ganar el premio, pasó a
ser una atracción inevitable con sabor a atrapamiento hacia un agujero negro
que lo engullía , aunque lejos de sentirse incómodo por ser lo único que no
podía controlar, su necesidad por verse más y más imbuido en ella , sólo crecía
de forma desproporcionada.
Un hombre que aparentemente no le temía a nada, y
que conforme ella más se le acercaba, se relamía interiormente del gusto al sentir en su interior , esa
mezcla de adrenalina y tensión que hacía que se te erizase la piel, y los músculos
se volviesen piedras en tu interior.
·
HEYDEN:
Bravo , ahora juegas con otra ventaja, sabes que tienes que temerme.
John no pudo evitar sonreírse.
·
BOURKE: No te confundas. No temo a nadie, ni a
nada. Casi se diría que soy tan suicida como tú.
·
HEYDEN: Tiene gracia que te compares
conmigo.
·
BOURKE: Sólo comparo las circunstancias vitales
que han provocado que por fín te tenga en frente mía, aunque claro, tenga que ver con la desgraciada casualidad de
que hasta el momento, tu gente no hubiera encontrado a nadie con narices
suficientes para acercarse tanto.
Un paso más , y los alientos y efectos de la
respiración de ambos se percibían en el
rostro del otro.
·
BOURKE: Aún no me has respondido.
·
HEYDEN:
¿No se te hace tarde?
Sus ojos depositados de forma ansiosa y fija a lo
largo de sus labios , femeninos y con apariencia suave, le hicieron rebajar la
tensión del tono.
·
BOURKE: Quiero que veas una cosa .
·
HEYDEN: Tu perro faldero debe estar desesperado
ahí fuera.
·
BOURKE: El coche estará esperándote abajo a las
siete. No faltes.
Acercándose a él nuevamente, alternó su ávida
observación entre sus ojos , los cuales aún imponían mucho más teniéndolos tan cerca, y unos labios entre abiertos
reclamantes como nunca, pero lejos de
llevar a cabo ninguna acción , prefirió dejarle ir. Aquel no era el terreno de
juego que él deseaba , ni el momento era el idóneo.
Apenas unos veinte minutos después de que Bourke
desapareciera de su vista , Heyden se dispuso a salir siendo consciente de
que habría alguien siguiéndola.
Tratando de actuar con absoluta normalidad, se
detuvo ante algunos escaparates que hubo
encontrado por el camino, y en cuanto alcanzó a ver una cabina telefónica,
entró para realizar dos llamadas.
Conforme hablaba con el otro interlocutor , observó
disimuladamente todo cuanto se encontraba a su alrededor , reconociendo un
coche con un conductor en actitud sospechosa y a alguien cuya nuca le resultaba muy familiar,
el cual esperaba apoyado en un
coche algunos metros más allá.
Tras colgar, continuó su caminar hasta recalar en
una boutique de lencería, en la que ,
tras centrarse en una pieza del
escaparate , se adentró en su interior .
Algunas muestras más tarde , la dependienta le traía la que había visto
y, mientras la comparaba con otros encima del mostrador, la voz perteneciente a
la nuca familiar que hubo reconocido en el exterior minutos antes le hablaba justo desde su derecha.
·
ANDY: Precioso, aunque creo que dos tonos más
claro te sentaría mejor.
Ella se quedó observando la pieza antes de responderle.
·
HEYDEN: ¿Eso también te lo ha enseñado tu dueño?
Tras verle aquel rostro irónicamente desquiciante,
le hizo un gesto a la dependienta, la cual se acercó de inmediato.
·
HEYDEN: ¿Lo tienen en otros tonos?
·
DEPENDIENTA: ¿De este mismo color? Sí ¿Cuál
buscaba?
Con Andy sin perderle atención , viéndose
respondido por ella , se dirigió a la señorita que la atendía.
·
HEYDEN: Uno o dos tonos más claro estaría bien.
·
DEPENDIENTA: De este modelo tenemos tres tonos
por encima y los mismos en graduación oscura. En el caso de aclararse quedaría
como un moka muy suave, claro que la seda con brillo se perfila mejor en la
piel, especialmente con su tono. Se lo traigo inmediatamente.
Que aquella
dependienta le diera la razón , le hinchaba
el pecho cual paloma macho en busca de una presa femenina, y a ella le
costaba disimular su molestia.
Una vez se lo trajeron, decidió adentrarse al fondo
del local dónde se encontraban los
probadores, pero al ver que él no la seguía , se detuvo apenas tres pasos más
adelante y dándose media vuelta , le
incitó a acompañarla.
·
HEYDEN: ¿No vienes?
Pese a su reticencia inicial y ante la observación curiosa de la chica que
les atendió , aquella sonrisa más propia
de una situación complicada que de encontrarse a sus anchas le delató.
·
HEYDEN: Podría haber alguna ventana o un
despacho con acceso a la parte de atrás. Podría escaparme ¿y qué te diría tu
amo entonces?
Y continuó su camino , con un contoneo
intencionalmente provocador de su cuerpo a cada paso dado. Tentación a parte
, teniendo en cuenta que no conocía la
tienda, no quiso arriesgarse.
Los amplios probadores eran de carácter privado.
Pequeñas salas con un sillón para dos plazas , un gran espejo enterizo y un
cortinaje que separaba la zona de cambio del resto.
Cuando Andy llegó , ella ya se despojaba de la ropa
y comenzaba a probarse los distintos elementos , por lo que el efecto sorpresa
estaba más que asegurado, y el primero
no se hizo esperar.
Un corsé negro de seda y encaje, con cintas del mismo tipo de tela para
ajustarlo al cuerpo en la espalda, cuyos
extremos traía en la mano cuando corrió al cortina hacia un lado y se presentó
ante él.
Aquel rostro de seguridad en sí mismo desapareció.
Un solo gesto ofreciéndole las cintas para que lo terminase de cerrar, bastó
para que se levantase del sofá y tuviese un nuevo acercamiento. No tirando de
las cintas con suficiente fuerza , mientras ella se lo sostenía de los pechos para ajustarlo, le
pedía que continuase tirando de ellas con contundencia. Sólo cuando consideró
que podía estar a gusto con él puesto se dio la vuelta .
·
HEYDEN: ¿Qué tal?
Tratar de evitar mirarla desde los pies a la cabeza
le resultaba imposible.
·
HEYDEN: Bueno, creo que por tu forma de mirarme
ya me has contestado. Volveré dentro .
Apenas diez minutos más tarde , volvía a
presentársele, aunque esta vez con el conjunto que había escogido ella en el
color que él le había recomendado.
Esta vez , su rostro sí fue mucho más explícito.
·
HEYDEN: ¡Vaya! Esa cara sí que la reconozco. ¿Ahora tampoco vas a
decir nada?
·
ANDY: Celebro que haya cosas que no hayan
cambiado.
Caminando hacia él le obligó a ir hacia atrás hasta
chocar con la pared.
·
HEYDEN: Y yo estoy comenzando a pensar que el
antiguo Andy continúa debajo de toda esta fachada.
·
ANDY: No lo sé.
·
HEYDEN: Estoy pensando - comenzó a circular con
un dedo todo su pecho dibujando formas indescriptibles – que podría llevarlo
puesto esta noche , y que cuando lo vea – se acercó a su cintura deteniéndose en la hebilla del pantalón , sin
que sus ojos dejasen de cruzarse – podría decirle que su perro
faldero de confianza lo escogió explícitamente para él, y que incluso le dio
- con cuidado comenzó a manipular el
cinturón a lo que él la detuvo cogiéndole la mano – su visto bueno.
·
ANDY: No creo que eso sea una buena idea.
Observó su mano atrapada y volvió a mirarle a los
ojos haciéndole el gesto indicativo de que la soltase. Al no conseguir
respuesta afirmativa, intentó forzar su retirada sin conseguirlo.
Devolviendo sus ojos a su entrepierna, fue
ascendiendo lentamente por todo su cuerpo hasta volverse a encontrar con sus
labios , y dispuesta a seguir su plan ,
acercándose hasta que su cuerpo fuese notado en toda su plenitud por el de él,
sin margen para que el aire pasase, dispuso una voz melosa aprovechando sus presuntos puntos débiles que
debían continuar en algún lado de su memoria.
·
HEYDEN: Vaya, tu querido e inseparable amigo no parece
estar de acuerdo contigo. ¿Nunca te has preguntado qué hubiera pasado si en vez
de impedir dar rienda suelta a tu cuerpo por una mera cuestión de edad , me
hubieras hecho tuya aquella vez?
Pendiente a cada movimiento que ella hacía con cada
roce de su cuerpo, notaba que las manos comenzaban a sudarle y las fuerzas
empezaban a flaquear, sin embargo , debía de resistir.
·
ANDY: No, aunque celebro comprobar que tu ánimo
de provocación no ha disminuido ni un ápice.
·
HEYDEN: ¿En serio? ¿Aún sigo pareciéndote
deseable aunque …….no f…? – una sonrisa maliciosa iluminó su cara – No lo diré,
contigo no, porque nunca se trató de eso ¿verdad?
·
ANDY: Déjame salir Heyden. No quiero emplear la
fuerza para apartarte, pero mi límite de aguante de lo sostenible , en esta
situación, se está rebasando.
·
HEYDEN: ¿Fuerza? – se río ampliamente , pero parecía sincera- ¿Crees que me disuadirás con eso? Ya veo .
¿Tú y tu amo estáis hechos de la misma pasta? No sabía que te iba lo fuerte, no
dabas señales de ello hace años, ¿o es
que se te ha pegado?
Cogiéndola por las muñecas con contundencia
logró alejarla de él.
·
ANDY: Será mejor que me vaya . Estaré
esperándote fuera .
Impotente al verse incapaz de romper su cordón de
seguridad de forma definitiva, al no poder desestabilizarlo, con un enfado más
que evidente , se cambió de ropa y
después de pagarla salió en dirección a la calle donde un todoterreno la
esperaba con la puerta de atrás abierta.
Su conductor, un Andy que no cesaba de mirarla disimuladamente a
través de sus gafas de sol por el espejo retrovisor, la llevó de vuelta al
hotel, dejando el vehículo en la puerta y adentrándose con ella en el vestíbulo
hasta el ascensor.
Una vez el elevador hubo llegado ella entró, pero
en cuanto él trató de hacer lo mismo ella se lo impidió.
·
HEYDEN: Coge el siguiente o sube por las
escaleras , pero aquí no te quiero.
Con la llave electrónica en la mano, nada más abrir
la puerta , alguien la esperaba sentado en el sofá.
·
HEYDEN: ¿Qué puñetas haces aquí sin avisar?
·
MICHAEL: ¡Buen recibimiento, sí señor.!
Bastante alterada, trató de no elevar la voz
mientras se acercaba hasta él.
·
HEYDEN: ¿Te has vuelto loco? ¿Sabes quién está
al otro lado del pasillo?
·
MICHAEL: Sí , lo sé, Frank me lo dijo.
La excesiva tranquilidad que transmitía la ponía
mucho más nerviosa.
·
HEYDEN: ¿Entonces?
·
MICHAEL: Precisamente me ha enviado él.
Precisamente quería que ..
En ese preciso instante tocaron a la puerta. Ella, tapándole
la boca con una de sus manos, pensó en que efectivamente podría tratarse
de Andy. Se dirigió a él en susurros.
·
HEYDEN: Sube la dormitorio y no hagas ruido.
Esperó a que él se encontrase fuera del
alcance para abrir la puerta .
Efectivamente no había sorpresa alguna. Un Andy con gesto serio y bastante
inquieto , al que parecía costarle fijar la mirada, parecía suplicarle que le
dejase entrar.
·
HEYDEN: ¿Qué quieres Andy?
·
ANDY: ¿Puedo pasar?
Con los ojos, ella miró repentinamente hacia el
otro lado del pasillo antes de devolvérsela.
·
ANDY: Ha salido y tardará bastante en volver.
Dejándole pasar , cerró la puerta tras él.
·
HEYDEN:
¿Él fuera y tú aquí? ¿Es qué ya no se fía de ti?
Un Andy nervioso , con la cabeza fija en un punto
indefenido hacia el frente , mirando hacia el exterior que se vislumbraba tras
los ventanales y cuyas manos en los bolsillos , hacían temer que todo aquello no parecía normal.
·
ANDY: Te está tendiendo una trampa.
Aquellas palabras tajantes resonaron en toda la
habitación. Michael , que las había escuchado desde la puerta del dormitorio ,
al cual no había terminado de adentrarse, se acercó sigilosamente hasta la última esquina del pasillo que daba
lugar a la escalera, mientras ella trataba de hacerse a la idea de que aquellas
palabras suponían una advertencia.
Sin darse la vuelta ni mirarla a la cara, el
segundo de a bordo de Bourke prosiguió
con su interlocución , mientras ella se
acercaba lentamente a él.
·
ANDY: Habla con tu gente . Que desmantelen todo
lo que tenían previsto para esta noche en el puerto. Lo que buscan se está
descargando en este momento .
Pese a sentirla
a su espalda, algo le impedía girarse.
·
ANDY: Dio orden de descargarlos durante esta
madrugada, pero no se desmontarán hasta mañana por la mañana. Si abordan el
barco, lo único que encontrarán serán los contenedores vacíos, y quizás… un cadáver
de mujer.
Sintiendo su mano cogida por la de ella, él sólo
miró ligeramente para después elevarle el rostro.
Había algo diferente en sus ojos, algo que parecía
miedo pero que Heyden no se atrevía a identificar.
·
ANDY: Los coches han sido llevados a una nave, y
es allí donde él quiere llevarte. Lo sabe todo Heyden. Sabe el dispositivo,
sabe a lo que has venido… todo.
·
HEYDEN: Siempre lo ha sabido. ¿La trampa
entonces?
·
ANDY: No estará solo. Sanders ha desplegado
gente suya por los alrededores, francotiradores. Te está poniendo a prueba, ya lo he visto antes. para él resulta de lo más
excitante .
Pareciéndole ver una sombra en lo alto de la
escalera, el rostro de sorpresa inusitada
de Michael , contrastaba no menos con la suya propia.
·
HEYDEN: Así que quiere llevarme dónde están los
coches y que yo los vea.
·
ANDY: Y compruebes por ti misma dónde está la
mercancía. No hay nada que le excite más que jugas al gato y al ratón con
alguien que pueda estar a su nivel.
Tirándole hacia sí de ambas manos, le miró a la
cara y le vio angustiado. Tratando de calmarle
y a la vez de averiguarlo qué le había llevado a contárselo, colocó
ambas manos en sus mejillas.
·
HEYDEN: Andy ¿Por qué me lo cuentas?
·
ANDY: No lo sé.
En su garganta
comenzaban a aparecer signos de nerviosismo extremo al tener alguna dificultad para tragar con normalidad.
ANDY: En la tienda…
Una sema de nervios a flor de piel y el no poder
sostenerle la mirada, hizo que ella se viese obligada a forzarle para que se fijase
en ella al hablarle, mientras Michael continuaba expectante desde lo alto de la escalera.
·
ANDY: Supongo que tenías razón cuando dijiste
que algo del antiguo Andy debía quedar en alguna parte de mi interior. Por un
momento, me sentí como aquella noche en la terraza de mi casa, o en la comisaría
cuando me convertía en tu centro de atención. No creí que , realmente, ello
pudiese pasar de nuevo. Parecía que el tiempo había bastado, que todo estaba más
que olvidado y, de pronto, volviste a aparecer. Cuando me avisaron de que te
enviarían me puse muy nervioso pero
porque temía el momento de volverme a encontrar contigo, y cuando sucedió y vi
que todo era normal y que las cosas sucedían según su cauce , me tranquilicé,
pero hoy, en la tienda…
·
HEYDEN: Al final sí que quedaba algo de ese Andy
en tu interior, aquel que continúa protegiéndome, aún a riesgo de su propia vida .
Miles de palabras no dichas en aquellos intensos
segundos en donde sus ojos parecían pedirle disculpas por algo que ella no era
capaz de saber . Un beso en la frente fue el punto y a parte de aquel encuentro
.
·
ANDY: He
de irme.
Al tratar de retirarse, aún sus manos se
encontraban atrapadas por las de ella hasta que decidió soltarle para continuar
viéndole marchar .
Aún con la mirada puesta en la puerta , tratando de
asimilar ese instante , ni se percató de como Michael bajaba las escaleras y se
acercaba con rostro de incredulidad.
·
MICHAEL: Trato de encontrar una explicación
razonable a lo que acabo de presenciar , pero seguro que tú puedes ayudarme a
completar el mapa. ¿Qué me he perdido?
Aún impactada y asimilando cada palabra dicha, cada
mirada clavada hasta el interior, cada sensación nada nueva que volvía a
reaparecer en cierta forma , su propia confusión, trató de dar largas a su abogado y amigo como mejor pudo.
·
HEYDEN: ¿Perderte? Nada . ¿No deberías irte tú
también?
·
MICHAEL: Hombre…teniendo en cuenta que parte de
la información que venía a traerte ya te la han proporcionado, sí, supongo que
podría marcharme pero…
Antes de que prosiguiera , ella le interrumpió de
forma brusca.
·
HEYDEN: ¡Si tienes algo más que decirme hazlo, pero ya le has escuchado! Habla con
Frank y que desmantele lo de esta noche . Si los coches no están en el barco no
tiene sentido.
·
MICHAEL: ¿Qué probabilidad hay de qué te esté
mintiendo y esa sea la trampa en realidad?
·
HEYDEN: No me ha mentido.
·
MICHAEL: ¿Tan segura estás?
Alterada , se alejó de él con dirección a la cocina
dónde trató de calmarse buscando algo sin saber exactamente qué.
·
MICHAEL: ¿En serio te crees que de pronto le ha
venido el arrepentimiento y te avisa sin intención? ¿Te olvidas para quién
trabaja?
Abriendo el mueble de los vasos se encontraba
cogiendo uno.
·
HEYDEN: ¡No, no me olvido , pero tampoco tiene
por qué mentirme , nada gana con ello!
·
MICHAEL: Ponerte en sus manos más que nunca.
Y el vaso se le resbaló de forma inexplicable de
las manos cayendo en el suelo. Paralizada
, sin poder reaccionar, se limitó a bajar la cabeza mientras Michael se
acercaba de forma apresurada para evitar que pudiese hacerse daño.
·
MICHAEL:
No te muevas. Deja que compruebe tus piernas . Ni se te ocurra moverte. –
y mientras lo hacía , al verla en silencio, no evitó preguntarle - ¿Estás bien? - Ni un solo sonido , ni una sola declamación
por su parte , ante lo cual , mientras continuaba revisando y ubicando los pedazos
de cristal esparcidos alrededor suyo, volvió a insistirle – Heyden ¿Te
encuentras bien?
Sólo un leve asentimiento con la cabeza fue la
contestación recibida , y tras asegurar la zona ,cogiéndola de la mano , la ayudó
a salir con cuidado, sentándola en el sofá. Revisándole las piernas de forma más tranquila
, pudo apreciar lascas de cristal no clavadas pero si alojadas en la piel que había que retirar con mucho cuidado.
Acercándose al cuarto de baño por unas pinzas, al
volver con ella, su imagen , sentada y con la cabeza ligeramente ladeada a un lado
y la mirada perdida al suelo, le recordó la indefensión que se escondía tras su
coraza , aquella que se empeñaba en mostrar siempre y nunca bajar.
La imagen de la auténtica mujer que, en ocasiones, tenía la impresión de ser el único
que la conociera o la hubiera visto en toda su plenitud , tanto en los momentos
buenos como malos, en su lucha por ser una más sin serlo , y en ser algo y
alguien diferente a lo que esperaban de ella dadas sus circunstancias vivenciales.
Agachado frente a ella , apoyado sobre sus
rodillas, cogió una de sus piernas y con sutil tacto , comenzó a retirar con
cuidado aquellos casi imperceptibles pedacitos de fino cristal ante la atenta
mirada de ella.
Una vez hubo terminado, acariciando la otra pierna
, una pregunta quedaba en el aire.
·
MICHAEL: ¿Y ahora qué?
·
HEYDEN: Debes avisar a Frank. Lo de esta noche
debe cancelarse y los hombres deben ser retirados.
·
MICHAEL: No es eso lo que te estoy preguntando.
Y las palabras
que sólo por su forma de mirarle ya se deducían a la perfección fueron confirmadas por su voz.
·
HEYDEN: No lo sé, pero si me quiere , me tendrá.
Al final, él será el que termine cayendo en su propia trampa.
Ana Patricia Cruz López
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