CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO (Primera parte)
ÉL
Conforme el sol fue cayendo y
el momento se acercaba, con las últimas horas de la tarde como única luz
natural que se adentraba a través de los cristales en grito desesperado para aferrarse a lo que
estuviera vivo, frente al armario , pensativa, trataba de recordar aquella
añeja sensación que padeció cuando se enfrentó a su primer cliente especial sin
saber lo qué se encontraría ni el aspecto que el sujeto tendría.
Y mientras los recuerdos y las
imágenes iban invadiendo su mente, entre
la confusión y al certeza , con las puertas del mueble abiertas de par en par,
trataba de escoger las prendas más adecuadas a ese instante indefinido dónde,
sabiendo lo qué posiblemente podría pasar, todo parecía cubierto por una
extraña nebulosa.
No era miedo la palabra que
mejor podría describir esa sensación. Éste no era diferente de cualquier otro
hombre que hubiese pretendido lo mismo, pensaba tratando de autoconvencerse ,
pero en el fondo de sí misma , sabía que sí lo era.
Un personaje con el que no
llevaba demasiado tiempo vinculada , y que sin saber por qué, sentía que no
podía despegarse. Algo había en él que la atraía sobremanera , algo que lo
envolvía y de lo que sólo exteriorizaba pequeñas dosis como preciado veneno. Alguien tan “kamikaze como ella “, frase
memorable y gran verdad proviniendo de alguien que pese a toda la información
con la que contaba , en realidad, no la conocía.
Alguien por el que decidió
arriesgarlo todo convirtiéndolo en el centro de sus obsesiones y motor de su
vida .
Un caso, un número más en un
expediente para Inteligencia ,pero un número resaltado en negro que había dado
más problemas de los que nadie hubiera esperado simplemente por infravalorar su
inteligencia sumidos en la confusión por su edad.
Bourke sabía lo que quería ,
siempre lo supo, y sabía perfectamente cómo conseguirlo y hasta el tiempo que
le llevaría lograrlo. Cuando nadie apostaba por su supervivencia o los demás le
advertían de los riesgos de una operación, él, haciendo oídos sordos , sólo
pensaba en que sus resultados siempre eran lo primero y que nada era imposible.
Su ambición le llevó hasta lo
que era hoy, de la misma forma que lo
transformaba en un objetivo demasiado
apetecible que había que eliminar costase lo que costase.
Tras permanecer contemplativa tratando de escoger algo que
ponerse, una escena se rememoró en su memoria. Sucedía ese mismo día , en el
cuarto de baño de su suite , y algo que en principio le resultó desagradable,
podría convertirse en su mejor baza. Para ello, nada mejor que escoger un
vestido corto ajustado que delinease sus curvas y que mantuviera su espalda
completamente al aire .¿El efecto sorpresa?
Una chaquetilla corta que sabía que terminaría quitándose en algún
momento de la noche.
Aquellas malditas cicatrices
dejadas y que él sí logró vislumbrar serían el mejor arma para mantenerlo
cerca. Quizás un cierto regusto morboso , quizás sólo curiosidad por conocer la
verdadera historia oculta detrás de aquella noche que hacía mucho tiempo que no revivía, o simplemente
adoración por lo que su imaginación
podría haberle insinuado sobre la forma en la que se produjeron.
Acercándose para descolgarlo,
aprovechó para seleccionar los zapatos que debían acompañarlo y tras disponerlo
todo encima de la cama, sentándose ante el tocador , comenzó a maquillarse suavemente
para finalizar recogiéndose el pelo de la forma más natural posible.
Una llamada de teléfono a la
habitación , desde recepción, la avisaba de que se encontraban esperándola en
la puerta del hotel.
Una respiración profunda antes
de salir y una de sus manos que se desplazaba y colocaba instintivamente , por
encima de la ropa, dónde llevaba interiormente el localizador , y una sola idea en mente, ir a por todas
pero que ese pequeño aparato no fallase.
Tratando de asumir cierto
nivel de concentración durante su descenso hasta el vestíbulo , la realidad
comenzaba a partir de que el ascensor abrió sus puertas, y haciendo gala de una
seguridad a la que estaba más que
acostumbrada, caminó erguida hasta la calle , mientras observaba detenidamente
el coche que la esperaba con la puerta abierta .
Sin más portador humano que el
conductor, tras cerrarle la puerta y arrancar el vehículo, trató Heyden trató
de memorizar todo el recorrido . La única seguridad que poseía , es de que el
coche no se dirigía al puerto por lo que Andy le dijo, pero si la mercancía
había sido llevada a una zona industrial , con naves y pocos vecinos que
hicieran preguntas, ésta no podía estar muy lejos.
Unos cuarenta y cinco minutos
más tarde, unas pocas luces tragadas por
la inmensa oscuridad reinante de lo que parecía ser una zona fronteriza a la
nada se les apareció justo delante.
El chófer detuvo el coche
antes de adentrarse en aquella especie de ciudad olvidada dominada en su
entrada por una verja a medio abrir, realizó una llamada , y sin que se
interpusiera voz alguna , colgó y se adentró atravesando dicho portalón
metálico de acceso.
Callejuelas anchas y
solitarias. Esqueleto perfectamente recto y delineado de lo que parecía
mostrarse como una antigua zona de gloriosas operaciones comerciales, dónde
antaño los camiones de grandes dimensiones debieron maniobrar a sus anchas ,
los coches de los empresarios dejar sus
huellas de espera en pro de las reuniones en las oficinas , y donde las
transacciones comerciales , legales o no, daban una vida inusitada a un lugar
ahora enfermo de muerte lenta y abandono. Un enfermo producto de una crisis que
para las grandes compañías suponía cerrarlo todo y echar mano de destinos más
atractivos y rentables a costa de lo que aquí quedaba.
Callejuelas interminables y
escasamente iluminadas con los fantasmas de mejores tiempos aún latentes en cada esquina , en cada
gloriosa nave a la que dejaban detrás ,
y mientras esas imágenes se guardaban en su retina , su pensamiento no podía
alejarse de una idea recurrente pero no por ello menos real que la acuciaba una
y otra vez , saber que en aquellas circunstancias , en aquel lugar y en ese
preciso instante, de sucederle algo , nadie sería capaz de enterarse .
Sólo la reducción de velocidad
ante el enorme portalón de una de aquellas ruinosas mansiones de metal y
cristal le dio la señal de que llegaban a destino. Sin gesto aparente , el
portalón comenzó a abrirse , lo justo para que el coche se adentrase ,
cerrándose tras de sí, y una vez atravesado el
enorme y alto habitáculo hasta el otro extremo, el conductor detuvo el
coche bajándose de él y desapareciendo de su vista.
Tras ojear todo a su alrededor
sin lograr ver nada ni a nadie, optó por
salir también de él.
Un silencio tumultuoso y
sobrecogedor , sólo resquebrajado de forma continua por el sonido de una
gota en un charco cercano . Una
oscuridad inquietante , que sólo encontraba claridad dónde ella misma se encontraba
. Unos pasos que comenzaron a sonar acercándose hacia ella sin forma humana definida ni identificable,
sólo mostrada por entero cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella como
para poder apreciar su perfume.
Elegante en su caminar , en
sus formas y en sus gestos estudiados,
Bourke sólo la contempló silencioso ,
tras lo cual, se dio la vuelta comenzando a andar hacia el lugar del que se
supone había venido.
·
BOURKE:
Ven conmigo.
A su aspecto serio le
acompañaba la voz. Sin desobedecer tal instrucción, conforme le seguía detrás,
Heyden procuraba prestar atención a los detalles , a los recovecos , a las
esquinas sobre las que apenas la luz de los cristales se reflejaban , todo, con tal de encontrar
algo que se le estuviese escapando.
Apenas unos pasos bastaron para
que una nueva puerta les diese el acceso
a una especie de compartición . Tras adentrarse y cerrarse ésta , el sonido de
una palanca dio paso a una luz centralizadora que iluminaba tres de los coches
que le fueron narrados , dispuestos como en semicírculo.
Sin que ella pudiese quitar
los ojos de lo que se presentaba ante ella , un nuevo sonido , de una nueva
palanca , dio la luz , los otros coches
aparecieron , también dispuestos en semicírculo, pero aún así faltaba uno, el
principal, que apareció en cuanto la tercera palanca fue accionada.
El gesto involuntario de su
rostro , entre la sorpresa y al admiración , no pasó inadvertido para él que
parecía esperarlo. Un gesto con su cabeza , bastó para indicarle que debían
acercarse, y a cada paso que daba, sus dotes de observación se acrecentaban.
Pistas. Cada minúsculo detalle
que pudiera encontrar bastaba en máquinas aparentemente perfectas y que no
parecían haber sido tocadas aún.
Cuando ambos se encontraban delante del Aston Martin, él se apoyó en el
coche observándola meticulosamente , esperando algún tipo de respuesta por su
parte.
·
BOURKE: Tantos ansiando poder verlos , tenerlos
tan cerca, y tú la única privilegiada. ¿Sorprendida?
Aquella especie de
interrogatorio donde se trataba de captar las sensaciones del contrario
conllevaba un juego ambiguo que exigía interpretar el mejor papel , y para eso,
ella estaba dispuesta.
·
HEYDEN: ¿Debería?
·
BOURKE: No lo sé, dímelo tú.
Con aquella pose
condescendiente y a la expectativa mientras sus manos, nerviosas, parecían ansiosas por tocar según se
apreciaba a través de la tela de los bolsillos , se dedicó a continuar con su análisis de respuestas
corporales como de la prueba, mientras
sus ojos dibujaban su contorno una y otra vez.
·
HEYDEN: Me impones tu compañía esta noche , me
traes hasta aquí sin venda de por medio , y después esto. ¿Sorprendida? Lo que
me pregunto es qué será lo siguiente.
Sonriéndose por la habilidad
de su contrincante, extrajo algo de uno de los bolsillos, y sólo cuando alargó el brazo que lo portaba ,
abrió la mano dando a conocer lo qué era: una sola llave y un llavero de apertura .
·
BOURKE: Me olvidaba que a esto debes de estar
más que acostumbrada.
·
HEYDEN: Y yo de que pese a haberme hecho a la
idea de que no eras un tipo corriente , aún podía sorprenderme.
·
BOURKE: Entonces, ¿a qué esperas ? Sácame de
aquí.
Mirando alternativamente al llavero y a sus labios con aquella particular sonrisa , la última
observación en mitad de un mar de dudas se la hizo al coche.
·
BOURKE: ¿Dudando Srta. Nash? Eso no es propio de
ti. Sé que amas la velocidad , y aunque te va lo italiano en motos, sé de
primera mano tu gran debilidad británica . Posiblemente habrás estado en
muchos, pero ¿cuántos has tenido al mando?
·
HEYDEN: ¿A dónde ?
·
BOURKE: Tú sácame de aquí, ya veremos hasta
dónde eres capaz de llegar con esta maravilla.
Y como movida por instinto ,
dos pasos le bastaron para casi arrancarle la llave de la mano.
Tras sentarse , colocar la
llave en el contacto y ajustarlo todo , comenzó a deslizar sus manos tratando de percatarse , con las yemas de sus
dedos ,de cualquier posible anomalía en el montaje interior. Efectivamente no
había conducido ninguno, pero sí los conocía bien como amante del motor en
general y de la marca en particular que era , y siendo especialmente detallista
, cualquier elemento fuera de su lugar saltaría en seguida por evidente.
Con él en el interior,
simplemente le miró como si esperase su aprobación, la cual obtuvo por omisión,
y colocando su dedo en el botón de arranque simplemente se limitó a conducir.
No hubieron indicaciones. La
ciudad casi se convirtió en un
escenario natural en donde el rugido de
aquel motor suponía música celestial de
acompañamiento.
Envuelta entre el olor a cuero
y las sensaciones que percibía ,
simplemente se dejó llevar sin pensar en nada más.
Mientras , en el asiento de al
lado, el anfitrión de tan peculiar cita ,
no contuvo sus ansias por ver el reflejo
del disfrute extremo que el momento representaba y que su invitada reflejaba
tan espectacularmente en su rostro o en la forma en que con sus manos agarraba
firmemente el volante.
Como si nadie más que ella
estuviesen en el habitáculo rodante , sólo condujo hasta que a las afueras de la ciudad , el
desvío a un mirador cercano hizo que él
le indicase que lo tomase.
Tras detenerse , él salió del
coche dirigiéndose hacia la puerta del
conductor abriéndosela y acercándole su
otra mano libre para ayudar a salir de él.
Sin soltarla, al empujar la puerta para cerrarla , la
desplazó hasta apoyarla en el coche
seguido de su cuerpo . Una
encerrona acometida en toda regla con ambos brazos masculinos a cada lado para
disuadirla de su no escapatoria , y un rostro lo suficientemente cercano como
para que el aliento que prosiguiera a sus palabras casi la acariciara.
·
BOURKE:
Aún conservas la adrenalina en tu cuerpo. Puedo
notarlo, casi olerlo.
·
HEYDEN: ¿Sabías lo que hacías cuando me dejaste
la llave verdad?
·
BOURKE: Nunca hago nada que mi instinto no me
provoque a hacer, y contigo celebro no haberme equivocado.
Si la sensación de evasión fue
absoluta mientras conducía, tener a Bourke tan cerca , con su cuerpo casi
rozándola y su forma de instigarla con su mirada , hacía que esa sensación no
desapareciese.
Inquieta en el fondo por lo
que él la hacía sentir, por esa atracción que parecía no poder evitar, su
objetivo se convertía progresivamente en un problema. No obstante , teniendo
presente lo que la había llevado a llegar hasta el final, sólo le quedaba una
salida : seguir adelante.
·
HEYDEN:
¿Y qué te dice tu instinto de esto?
Se fue quitando la chaquetilla
dejándola caer dentro del coche a través
de la ventanilla , y dándose la vuelta
mientras no dejaba de observar como la expresión de su rostro cambiaba conforme
confirmaba que su espalda se encontraba completamente desnuda, apoyó sus brazos
en el techo del vehículo y se limitó a esperar una respuesta por su parte que
no parecía llegar con la prontitud prevista.
Atenta a cualquier posible
movimiento suyo, sólo el silencio parecía
ser la única respuesta.
Una sensación leve de calor
sobre la piel instantes después , le
hizo presuponer de que con una de sus manos
parecía proseguir todas y cada una de las señales dejadas en la carne,
como si no se atreviese a tocarla en realidad , y su mente , ayudado por el imaginario recorrido realista
de las yemas de sus dedos , le producía
mil y una imágenes que ella no era capaz de captar al no verle el rostro.
Como una vuelta de tuerca más,
ella quiso darle píe a que aquello que
ansiaba pudiese ser suyo .
·
HEYDEN: Aún no me has respondido.
Y por fín la respuesta se
produjo. Al sentir el tacto suave y la
delicadeza con la que sus dedos seguían el trazo imperfecto de cada una de las
cicatrices , la hizo transportarse hasta el instante donde el dolor desaparecía,
donde el momento se olvidaba por encontrarse
en el regazo de alguien a quién nunca había dejado de amar porque siempre
estuvo allí para protegerla, pero en vez de encontrar el rostro de su hermano en su punto de visión,
al cerrar los ojos , fueron otras manos las que vio tocándola , calmándola ,
fueron otros brazos los que , aturdiéndola , vio abrazándola . Por raro que
pareciera , el rostro de Robert , sin venir a cuento con toda esta historia ,
se le apareció como un flash irremediable con el que hubiera preferido no encontrarse.
·
BOURKE: Llegó borracho. Tu madre posiblemente no
estaba. Jugando sola en tu habitación, oíste abrir la puerta . Tal vez algún
grito, quizás una orden . Tú buscando dónde poder ocultarte mientras veías como
se quitaba el cinturón, hasta que comprendiste que no había escapatoria posible
.
Y lo que parecía el lado más
agradable de las cosas , fue sustituido por los recuerdos de aquella maldita
noche que la dejaría marcada para siempre.
·
BOURKE: Cada roce violento del cuero sobre la
tierna piel de tu espalda , sentir como éste se pegaba conforme los latigazos
aumentaban y cada vez quedaba menos piel uniforme que destrozar , y el tirón que debía ejercer para despegarlo y
que volviera a su mano.
Con cada palabra , los
recuerdos volvían llenos de las sensaciones de dolor de aquel día. Sus
cicatrices cobraban vida propia y el
dolor se recrudecía sólo como entonces pudo vivirlo.
·
BOURKE: Con cada nuevo golpe , el dolor era menos
intenso al solapar el anterior del cual
no había dado tiempo a recuperarte. Las lágrimas seguramente habían dejado de
salir y aquello ya se había convertido
en costumbre sólo a la espera de que se cansase o tú te desmayases , pero
posiblemente sucediera el primer caso, y no creo que fuese tu sangre y la espalda en carne viva lo que le hiciera
desistir.
Aún sobre su espalda, inmóvil,
tratando de ser todo lo fuerte que la vida le había enseñado con sus recuerdos
infantiles , un latigazo frío recorrió completamente su interior cuando sintió como
sus labios sustituían a las yemas de sus dedos en aquel recorrido.
Incapaz de creer que aún
pudiera darle algún tipo de sorpresa, aquella reacción inesperada la sobrecogió
, confundiéndola por completo, olvidando por completo todo cuanto la rodeaba.
Una humedad y calor sentido ,
casi curativo, no interrumpido por ninguna voz de los presentes. Sólo unas
manos de mujer a las que sólo quedó cerrar con fuerza sobre sí mismas y un muro
que se iba doblegando a voluntad de un extraño que en su narración , y no sólo
por las palabras empleadas, parecía saber perfectamente de qué hablaba. Una
experiencia vital más que una narración supuesta , no fingida y conocida de
primera mano , cuyo sentimiento desgarrador emitido a través de su voz, sólo
pudo confundirla más aún. Un lado humano
al que este hombre parecía
haberla dejado acercarse , y que la alejaba por completo de la imagen de
regusto morboso de carácter sexual que ella había supuesto a juzgar por la imagen
que de él se había hecho.
Detenido, sus brazos rodearon
su cintura con fuerza , mientras su pecho cubría la espalda de ella. Un rostro , cuya
mejilla buscaba la de ella , y cuya voz comenzó a divagar en susurros parte de la historia sólo imaginada.
·
BOURKE:
Me preguntabas qué era lo que me instinto me llevaba a pensar de lo que mis ojos ya captaron esta mañana. Una
imagen que no he logrado quitarme de la cabeza en todo el día , al que , como
un recuerdo recurrente , mi mente me ha
ayudado a sobrevolar e imaginar el sabor de tu dolor sabiendo que no eras más
que una niña cuando te las produjeron, y
que pese a todo, lejos de venirte abajo, ello sólo determinó tu carácter y
glorificó tu sentido de supervivencia.
Cada uno
posee sus marcas . En ocasiones , externas como las tuyas , en otras, internas
y no visibles, pero imborrables y dolorosas de igual forma. En unas ocasiones ,
producidas por algún padre borracho o drogadicto con problemas de conducta y
demasiado apego al abuso de autoridad. En otras , una madre con ligeros
problemas psiquiátricos diagnosticados demasiado tarde , mientras las
autoridades se deshacían de sus obligaciones y son sus hijos pequeños quienes
deben afrontar el hecho de que su convivencia resulte un auténtico infierno.
Y el tiempo
pasa , y los niños crecen , pero esas vivencias permanecen y ellos siempre acaban encontrando a alguien que les recuerda que se parecen demasiado a la enferma de su madre , a la loca
que acostumbraba a salir desnuda de su casa a altas horas de la madrugada alentando a los vecinos a salir de sus
puertas o asomarse a las ventanas , o a la mujer que la policía se llevó y encerró
en más de una ocasión por alterar el orden público y destrozar algunos escaparates.
¿Qué me
dice mi instinto? Que desde la primera vez que te vi ya sabía cuan idéntica eras a mí, y que por
eso el destino me llevaba a tener que conseguirte.
Un abrazo férreo, en donde la respiración costaba mantener y
unos nervios a flor de piel , que se fue diluyendo para comenzar a deslizarse por su cuerpo a través del vestido , lenta y
caprichosamente.
Con sus manos abiertas de
nuevo , sobre aquel techo, algo que percibió en el tacto le atrajo . bajando la vista casi a ras del
mismo, comenzó a acariciar delicadamente el frío metal mientras él continuaba tocando su cuerpo con
sus propias manos y haciéndose con su cuello.
Observando la correa metálica
de su reloj , aprovechó la incitación
para apoyar la muñeca que lo portaba por entero
y arrastrar hacia si rozándola sobre él, mientras le provocaba tocándose con su parte más íntima.
Detenido en un nuevo impulso ,
cogiéndola de las caderas le dio la vuelta , y visiblemente excitado ,
observando de forma apetecible sus labios , propuso un nuevo cambio de planes.
·
BOURKE: Vámonos
de aquí.
Ana Patricia Cruz López
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