domingo, 24 de abril de 2016

NADA ES LO QUE PARECE. CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO (Primera parte). ÉL. (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO (Primera parte)
ÉL

Conforme el sol fue cayendo y el momento se acercaba, con las últimas horas de la tarde como única luz natural que se adentraba a través de los cristales  en grito desesperado para aferrarse a lo que estuviera vivo, frente al armario , pensativa, trataba de recordar aquella añeja sensación que padeció cuando se enfrentó a su primer cliente especial sin saber lo qué se encontraría ni el aspecto que el sujeto tendría.
Y mientras los recuerdos y las imágenes iban invadiendo su mente,  entre la confusión y al certeza , con las puertas del mueble abiertas de par en par, trataba de escoger las prendas más adecuadas a ese instante indefinido dónde, sabiendo lo qué posiblemente podría pasar, todo parecía cubierto por una extraña nebulosa.

No era miedo la palabra que mejor podría describir esa sensación. Éste no era diferente de cualquier otro hombre que hubiese pretendido lo mismo, pensaba tratando de autoconvencerse , pero en el fondo de sí misma , sabía que sí lo era.

Un personaje con el que no llevaba demasiado tiempo vinculada , y que sin saber por qué, sentía que no podía despegarse. Algo había en él que la atraía sobremanera , algo que lo envolvía y de lo que sólo exteriorizaba pequeñas dosis  como preciado veneno.  Alguien tan “kamikaze como ella “, frase memorable y gran verdad proviniendo de alguien que pese a toda la información con la que contaba , en realidad, no la conocía.
Alguien por el que decidió arriesgarlo todo convirtiéndolo en el centro de sus obsesiones y motor de su vida .
Un caso, un número más en un expediente para Inteligencia ,pero un número resaltado en negro que había dado más problemas de los que nadie hubiera esperado simplemente por infravalorar su inteligencia  sumidos  en la confusión por su edad.


Bourke sabía lo que quería , siempre lo supo, y sabía perfectamente cómo conseguirlo y hasta el tiempo que le llevaría lograrlo. Cuando nadie apostaba por su supervivencia o los demás le advertían de los riesgos de una operación, él, haciendo oídos sordos , sólo pensaba en que sus resultados siempre eran lo primero y que nada era imposible.
Su ambición le llevó hasta lo que era hoy, de la misma forma  que lo transformaba en un  objetivo demasiado apetecible que había que eliminar costase lo que costase.

Tras permanecer  contemplativa tratando de escoger algo que ponerse, una escena se rememoró en su memoria. Sucedía ese mismo día , en el cuarto de baño de su suite , y algo que en principio le resultó desagradable, podría convertirse en su mejor baza. Para ello, nada mejor que escoger un vestido corto ajustado que delinease sus curvas y que mantuviera su espalda completamente al aire .¿El efecto sorpresa?  Una chaquetilla corta que sabía que terminaría quitándose en algún momento de la noche.
Aquellas malditas cicatrices dejadas y que él sí logró vislumbrar serían el mejor arma para mantenerlo cerca. Quizás un cierto regusto morboso , quizás sólo curiosidad por conocer la verdadera historia oculta detrás de aquella noche  que hacía mucho tiempo que no revivía, o simplemente adoración por  lo que su imaginación podría haberle insinuado sobre la forma en la que se produjeron.

Acercándose para descolgarlo, aprovechó para seleccionar los zapatos que debían acompañarlo y tras disponerlo todo encima de la cama, sentándose ante el tocador , comenzó a maquillarse suavemente para finalizar recogiéndose el pelo de la forma más natural posible.

Una llamada de teléfono a la habitación , desde recepción, la avisaba de que se encontraban esperándola en la puerta del hotel.

Una respiración profunda antes de salir y una de sus manos que se desplazaba y colocaba instintivamente , por encima de la ropa, dónde llevaba interiormente el localizador  , y una sola idea en mente, ir a por todas pero que ese pequeño aparato no fallase.

Tratando de asumir cierto nivel de concentración durante su descenso hasta el vestíbulo , la realidad comenzaba a partir de que el ascensor abrió sus puertas, y haciendo gala de una seguridad  a la que estaba más que acostumbrada, caminó erguida hasta la calle , mientras observaba detenidamente el coche que la esperaba con la puerta abierta .

Sin más portador humano que el conductor, tras cerrarle la puerta y arrancar el vehículo, trató Heyden trató de memorizar todo el recorrido . La única seguridad que poseía , es de que el coche no se dirigía al puerto por lo que Andy le dijo, pero si la mercancía había sido llevada a una zona industrial , con naves y pocos vecinos que hicieran preguntas, ésta no podía estar muy lejos.

Unos cuarenta y cinco minutos más tarde, unas pocas luces tragadas  por la inmensa oscuridad reinante de lo que parecía ser una zona fronteriza a la nada  se les apareció justo delante.
El chófer detuvo el coche antes de adentrarse en aquella especie de ciudad olvidada dominada en su entrada por una verja a medio abrir, realizó una llamada , y sin que se interpusiera voz alguna , colgó y se adentró atravesando dicho portalón metálico de acceso.

Callejuelas anchas y solitarias. Esqueleto perfectamente recto y delineado de lo que parecía mostrarse como una antigua zona de gloriosas operaciones comerciales, dónde antaño los camiones de grandes dimensiones debieron maniobrar a sus anchas , los coches de los empresarios  dejar sus huellas de espera en pro de las reuniones en las oficinas , y donde las transacciones comerciales , legales o no, daban una vida inusitada a un lugar ahora enfermo de muerte lenta y abandono. Un enfermo producto de una crisis que para las grandes compañías suponía cerrarlo todo y echar mano de destinos más atractivos y rentables a costa de lo que aquí quedaba.

Callejuelas interminables y escasamente iluminadas con los fantasmas de mejores tiempos  aún latentes en cada esquina , en cada gloriosa nave  a la que dejaban detrás , y mientras esas imágenes se guardaban en su retina , su pensamiento no podía alejarse de una idea recurrente pero no por ello menos real que la acuciaba una y otra vez , saber que en aquellas circunstancias , en aquel lugar y en ese preciso instante, de sucederle algo , nadie sería capaz de enterarse .

Sólo la reducción de velocidad ante el enorme portalón de una de aquellas ruinosas mansiones de metal y cristal le dio la señal de que llegaban a destino. Sin gesto aparente , el portalón comenzó a abrirse , lo justo para que el coche se adentrase , cerrándose tras de sí, y una vez atravesado el  enorme y alto habitáculo hasta el otro extremo, el conductor detuvo el coche bajándose de él y desapareciendo de su vista.

Tras ojear todo a su alrededor sin lograr ver nada  ni a nadie, optó por salir  también de él.
Un silencio tumultuoso y sobrecogedor , sólo resquebrajado de forma continua por el sonido de una gota  en un charco cercano . Una oscuridad inquietante , que sólo encontraba claridad dónde ella misma se encontraba . Unos pasos que comenzaron a sonar acercándose hacia ella  sin forma humana definida ni identificable, sólo mostrada por entero cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella como para poder apreciar su perfume.
Elegante en su caminar , en sus formas y en sus gestos  estudiados, Bourke sólo la contempló silencioso  , tras lo cual, se dio la vuelta comenzando a andar hacia el lugar del que se supone había venido.

·        BOURKE:  Ven conmigo.

A su aspecto serio le acompañaba la voz. Sin desobedecer tal instrucción, conforme le seguía detrás, Heyden procuraba prestar atención a los detalles , a los recovecos , a las esquinas sobre las que apenas la luz de los cristales  se reflejaban , todo, con tal de encontrar algo que se le estuviese escapando.

Apenas unos pasos bastaron para que una nueva puerta  les diese el acceso a una especie de compartición . Tras adentrarse y cerrarse ésta , el sonido de una palanca dio paso a una luz centralizadora que iluminaba tres de los coches que le fueron narrados , dispuestos como en semicírculo.
Sin que ella pudiese quitar los ojos de lo que se presentaba ante ella , un nuevo sonido , de una nueva palanca , dio la luz , los  otros coches aparecieron , también dispuestos en semicírculo, pero aún así faltaba uno, el principal, que apareció en cuanto la tercera palanca fue accionada.

El gesto involuntario de su rostro , entre la sorpresa y al admiración , no pasó inadvertido para él que parecía esperarlo. Un gesto con su cabeza , bastó para indicarle que debían acercarse, y a cada paso que daba, sus dotes de observación se acrecentaban.
Pistas. Cada minúsculo detalle que pudiera encontrar bastaba en máquinas aparentemente perfectas y que no parecían haber sido tocadas aún.

Cuando ambos se encontraban  delante del Aston Martin, él se apoyó en el coche observándola meticulosamente , esperando algún tipo de respuesta por su parte.

·        BOURKE: Tantos ansiando poder verlos , tenerlos tan cerca, y tú la única privilegiada. ¿Sorprendida?

Aquella especie de interrogatorio donde se trataba de captar las sensaciones del contrario conllevaba un juego ambiguo que exigía interpretar el mejor papel , y para eso, ella estaba dispuesta.

·        HEYDEN: ¿Debería?
·        BOURKE: No lo sé, dímelo tú.

Con aquella pose condescendiente y a la expectativa mientras sus manos, nerviosas,  parecían ansiosas por tocar  según se  apreciaba a través de la tela de los bolsillos , se dedicó  a continuar con su análisis de respuestas corporales  como de la prueba, mientras sus ojos dibujaban su contorno una y otra vez.

·        HEYDEN: Me impones tu compañía esta noche , me traes hasta aquí sin venda de por medio , y después esto. ¿Sorprendida? Lo que me pregunto es qué será lo siguiente.

Sonriéndose por la habilidad de su contrincante, extrajo algo de uno de los bolsillos, y  sólo cuando alargó el brazo que lo portaba , abrió la mano dando a conocer lo qué era: una sola llave  y un llavero de apertura .

·        BOURKE: Me olvidaba que a esto debes de estar más que acostumbrada.
·        HEYDEN: Y yo de que pese a haberme hecho a la idea de que no eras un tipo corriente , aún podía sorprenderme.
·        BOURKE: Entonces, ¿a qué esperas ? Sácame de aquí.

Mirando alternativamente  al llavero y a sus labios  con aquella particular sonrisa , la última observación en mitad de un mar de dudas se la hizo al coche.

·        BOURKE: ¿Dudando Srta. Nash? Eso no es propio de ti. Sé que amas la velocidad , y aunque te va lo italiano en motos, sé de primera mano tu gran debilidad británica . Posiblemente habrás estado en muchos, pero ¿cuántos has tenido al mando?
·        HEYDEN: ¿A dónde ?
·        BOURKE: Tú sácame de aquí, ya veremos hasta dónde eres capaz de llegar con esta maravilla.

Y como movida por instinto , dos pasos le bastaron para casi arrancarle la llave de la mano.

Tras sentarse , colocar la llave en el contacto y ajustarlo todo , comenzó a deslizar sus manos  tratando de percatarse , con las yemas de sus dedos ,de cualquier posible anomalía en el montaje interior. Efectivamente no había conducido ninguno, pero sí los conocía bien como amante del motor en general y de la marca en particular que era , y siendo especialmente detallista , cualquier elemento fuera de su lugar saltaría en seguida por evidente.

Con él en el interior, simplemente le miró como si esperase su aprobación, la cual obtuvo por omisión, y colocando su dedo en el botón de arranque simplemente se limitó a conducir.

No hubieron indicaciones. La ciudad  casi se convirtió en un escenario  natural en donde el rugido de aquel motor  suponía música celestial de acompañamiento.
Envuelta entre el olor a cuero y las sensaciones  que percibía , simplemente se dejó llevar sin pensar en nada más.
Mientras , en el asiento de al lado,  el anfitrión de tan peculiar cita , no contuvo sus ansias por  ver el reflejo del disfrute extremo que el momento representaba y que su invitada reflejaba tan espectacularmente en su rostro o en la forma en que con sus manos agarraba firmemente el volante.

Como si nadie más que ella estuviesen en el habitáculo rodante , sólo condujo  hasta que a las afueras de la ciudad , el desvío a un mirador cercano  hizo que él le indicase que lo tomase.
Tras detenerse , él salió del coche dirigiéndose  hacia la puerta del conductor abriéndosela  y acercándole su otra mano libre para ayudar a salir de él.
Sin soltarla,  al empujar la puerta para cerrarla , la desplazó hasta apoyarla en el coche  seguido de su cuerpo .  Una encerrona  acometida en toda regla  con ambos brazos masculinos a cada lado para disuadirla de su no escapatoria , y un rostro lo suficientemente cercano como para que el aliento que prosiguiera a sus palabras  casi la acariciara.

·        BOURKE:  Aún conservas la adrenalina en tu cuerpo. Puedo notarlo, casi olerlo.
·        HEYDEN: ¿Sabías lo que hacías cuando me dejaste la llave verdad?
·        BOURKE: Nunca hago nada que mi instinto no me provoque a hacer, y contigo celebro no haberme equivocado.

Si la sensación de evasión fue absoluta mientras conducía, tener a Bourke tan cerca , con su cuerpo casi rozándola  y su forma de instigarla  con su mirada , hacía que esa sensación no desapareciese.
Inquieta en el fondo por lo que él la hacía sentir, por esa atracción que parecía no poder evitar, su objetivo se convertía progresivamente en un problema. No obstante , teniendo presente lo que la había llevado a llegar hasta el final, sólo le quedaba una salida : seguir adelante.

·        HEYDEN:  ¿Y qué te dice tu instinto de esto?

Se fue quitando la chaquetilla dejándola caer  dentro del coche a través de  la ventanilla , y dándose la vuelta mientras no dejaba de observar como la expresión de su rostro cambiaba conforme confirmaba que su espalda se encontraba completamente desnuda, apoyó sus brazos en el techo del vehículo y se limitó a esperar una respuesta por su parte que no parecía llegar con la prontitud prevista.

Atenta a cualquier posible movimiento suyo,  sólo el silencio parecía ser la  única respuesta.
Una sensación leve de calor sobre la piel  instantes después , le hizo presuponer de que con una de sus manos  parecía proseguir todas y cada una de las señales dejadas en la carne, como si no se atreviese a tocarla en realidad , y su mente  , ayudado por el imaginario recorrido realista de las yemas de sus dedos  , le producía mil y una imágenes que ella no era capaz de captar al no verle el rostro.

Como una vuelta de tuerca más, ella  quiso darle píe a que aquello que ansiaba pudiese ser suyo .

·        HEYDEN: Aún no me has respondido.

Y por fín la respuesta se produjo. Al sentir el tacto suave  y la delicadeza con la que sus dedos seguían el trazo imperfecto de cada una de las cicatrices , la hizo transportarse hasta el instante donde el dolor desaparecía, donde  el momento se olvidaba por encontrarse en el regazo de alguien a quién nunca había dejado de amar porque siempre estuvo allí para protegerla, pero en vez de encontrar  el rostro de su hermano en su punto de visión, al cerrar los ojos , fueron otras manos las que vio tocándola , calmándola , fueron otros brazos los que , aturdiéndola , vio abrazándola . Por raro que pareciera , el rostro de Robert , sin venir a cuento con toda esta historia , se le apareció como un flash irremediable  con el que hubiera preferido no encontrarse.

·        BOURKE: Llegó borracho. Tu madre posiblemente no estaba. Jugando sola en tu habitación, oíste abrir la puerta . Tal vez algún grito, quizás una orden . Tú buscando dónde poder ocultarte mientras veías como se quitaba el cinturón, hasta que comprendiste que no había escapatoria posible .

Y lo que parecía el lado más agradable de las cosas , fue sustituido por los recuerdos de aquella maldita noche que la dejaría marcada para siempre.

·        BOURKE: Cada roce violento del cuero sobre la tierna piel de tu espalda , sentir como éste se pegaba conforme los latigazos aumentaban y cada vez quedaba menos piel uniforme que destrozar ,  y el tirón que debía ejercer para despegarlo y que volviera a su mano.

Con cada palabra , los recuerdos volvían llenos de las sensaciones de dolor de aquel día. Sus cicatrices cobraban vida propia  y el dolor se recrudecía sólo como entonces pudo vivirlo.

·        BOURKE: Con cada nuevo golpe , el dolor era menos intenso  al solapar el anterior del cual no había dado tiempo a recuperarte. Las lágrimas seguramente habían dejado de salir  y aquello ya se había convertido en costumbre sólo a la espera de que se cansase o tú te desmayases , pero posiblemente sucediera el primer caso, y no creo que fuese tu sangre  y la espalda en carne viva lo que le hiciera desistir.

Aún sobre su espalda, inmóvil, tratando de ser todo lo fuerte que la vida le había enseñado con sus recuerdos infantiles , un latigazo frío recorrió completamente su interior cuando sintió como sus labios sustituían a las yemas de sus dedos en aquel recorrido.
Incapaz de creer que aún pudiera darle algún tipo de sorpresa, aquella reacción inesperada la sobrecogió , confundiéndola por completo, olvidando por completo todo cuanto la rodeaba.

Una humedad y calor sentido , casi curativo, no interrumpido por ninguna voz de los presentes. Sólo unas manos de mujer a las que sólo quedó cerrar con fuerza sobre sí mismas y un muro que se iba doblegando a voluntad de un extraño que en su narración , y no sólo por las palabras empleadas, parecía saber perfectamente de qué hablaba. Una experiencia vital más que una narración supuesta , no fingida y conocida de primera mano , cuyo sentimiento desgarrador emitido a través de su voz, sólo pudo confundirla más aún. Un lado humano  al que este  hombre parecía haberla dejado acercarse , y que la alejaba por completo de la imagen de regusto morboso de carácter sexual que ella había supuesto a juzgar por la imagen que de él se había hecho.

Detenido, sus brazos rodearon su cintura con fuerza , mientras su pecho  cubría la espalda de ella. Un rostro , cuya mejilla buscaba la de ella , y cuya voz comenzó a divagar en susurros  parte de la historia sólo imaginada.

·        BOURKE:  Me preguntabas qué era lo que me instinto me llevaba a pensar  de lo que mis ojos ya captaron esta mañana. Una imagen que no he logrado quitarme de la cabeza en todo el día , al que , como un recuerdo recurrente , mi mente  me ha ayudado a sobrevolar e imaginar el sabor de tu dolor sabiendo que no eras más que una niña  cuando te las produjeron, y que pese a todo, lejos de venirte abajo, ello sólo determinó tu carácter y glorificó tu sentido de supervivencia.
Cada uno posee sus marcas . En ocasiones , externas como las tuyas , en otras, internas y no visibles, pero imborrables y dolorosas de igual forma. En unas ocasiones , producidas por algún padre borracho o drogadicto con problemas de conducta y demasiado apego al abuso de autoridad. En otras , una madre con ligeros problemas psiquiátricos diagnosticados demasiado tarde , mientras las autoridades se deshacían de sus obligaciones y son sus hijos pequeños quienes deben afrontar el hecho de que su convivencia resulte un auténtico infierno.
Y el tiempo pasa , y los niños crecen , pero esas vivencias permanecen y ellos  siempre acaban encontrando a alguien que les  recuerda que se  parecen  demasiado a la enferma de su madre , a la loca que acostumbraba a salir desnuda de su casa a altas horas de la madrugada  alentando a los vecinos a salir de sus puertas o asomarse a las ventanas , o a la mujer que la policía se llevó y encerró en más de una ocasión por alterar el orden público y destrozar algunos  escaparates.
¿Qué me dice mi instinto? Que desde la primera vez que te vi  ya sabía cuan idéntica eras a mí, y que por eso el destino me llevaba a tener que conseguirte.

Un abrazo férreo,  en donde la respiración costaba mantener y unos nervios a flor de piel , que se fue diluyendo  para comenzar a deslizarse por su cuerpo  a través del vestido , lenta y caprichosamente.

Con sus manos abiertas de nuevo , sobre aquel techo, algo que percibió en el tacto  le atrajo . bajando la vista casi a ras del mismo, comenzó a acariciar delicadamente el frío metal  mientras él continuaba tocando su cuerpo con sus propias manos y haciéndose con su cuello.
Observando la correa metálica de su  reloj , aprovechó la incitación para apoyar la muñeca que lo portaba por entero  y arrastrar hacia si rozándola sobre él, mientras  le provocaba tocándose con su parte más íntima.

Detenido en un nuevo impulso , cogiéndola de las caderas le dio la vuelta , y visiblemente excitado , observando de forma apetecible sus labios , propuso un nuevo cambio de planes.

·        BOURKE:  Vámonos de aquí.

Ana Patricia Cruz López
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