lunes, 12 de septiembre de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (153)

Arco iris de intenciones  ,
de cálidas sonrisas sin maldad ,
de los frutos recogidos después de tanto esfuerzo,
de sentimientos vencedores  que acurrucan a los vencidos ,
de verdades enteras y mentiras inexistentes,
de pureza en las almas que los corazones cubren y embellecen,
de palabras escuchadas por entero , sin que quepan interpretaciones,
de ilusiones que renacen con cada nuevo amanecer y que se niegan a morir con la caída de la noche.


Tiempos de paz infinita ,
en los que la guerra entre iguales no es posible,
en los que los soldados , aún uniformados, buscan danzar en vez de un rifle verbal,
notas acompasadas de un vals que comienza a escucharse a lo lejos
induciendo a los ojos a buscarse, escogerse, y acompañarse,
en los que las bombas han pasado a ser los globos que portan los deseos de los inocentes
que nunca perdieron la esperanza de que un nuevo día sería posible ,
y que hoy, surcan los cielos y juguetean con las nubes , tratando de encontrar aquello que portan.

Caricias con sabor a caramelo , a fresa y chocolate ,
con cierto toque picante sólo para los más atrevidos ,
con el candor derretido de los que no son tan ingenuos
frente a los que hace mucho que dejaron atrás los rubores,
intenciones reflejadas en los ojos
donde el pecado para algunos , se convierte en la realidad anhelada de otros muchos.

Montaña rusa de cuerpos sin ropa  que nada tiene  que esconder,
carreteras armoniosas de curvas imperecederas
que jamás se cansan de cruzar ,
de colinas esbeltas y firmes 
regadas por el rocío del éxtasis más venerado,
de túneles  donde la luz nunca ha de ser encontrada porque jamás ha sido apagada
y en los que dos , se transforman en uno.

Discursos mudos y a la vez soliviantados en su silencio
por los sonidos  que sólo los que los emiten comprenden.
Silencios estrepitosos,
capaces de romper los tímpanos de los más sensibles envidiosos
ante tal fastuosa escena de entrega  banal  y sin aparente importancia ,
de ese sutil intercambio de mensajes ocultos
en los que uno trata de buscar en el otro
cómo aprender de sus más terribles e íntimos secretos
y convertir , lo que parece dolor ,
en el sumo placer elevado a los dioses de lo oculto.

Secretos a voces compartido
donde nada importa salvo amarse,
y donde su estallido ,
se culmina en una particular torre de babel
de armoniosos idiomas ,
cuyas sílabas se aprenden con cada gesto ,
con cada petición denegada y luego concedida ,
con cada nueva negociación ,
con cada nuevo amanecer.

Arco iris de todos los colores y uno solo,
donde lo neutro tiene forma definida y hasta concepto
de líneas angulosas y confusión,
donde lo que ahora en cuatro partes debiera mostrarse,
sólo una es  la que se entrega a la diosa fortuna ,
donde lo que se supone que es lujuria desmedida  y absoluto descontrol,
resulta ser parte de un plan más minucioso ,
donde éste es el resultado final.

El plan de aquello que anhelamos
con quién siempre hemos deseado.

El  arco iris de nuestras ilusiones,
de nuestro sueños,
de lo que nuestro corazón siempre ha deseado y jamás hemos podido negarle,
de las correrías y locuras infantiles en la madurez extrema,
de las licencias de “no deberías”  y que sin embargo acometemos,
de nuestras barreras eliminadas ,
del alejamiento de nuestros miedos .
De aquello que es capaz de llevarnos al mundo que deseamos, que queremos.

Aquel, en el que el dolor no existe ,
en el que jamás las lágrimas serán derramadas.
Aquel, que  formamos unidos ,
en el más delicioso lugar de mi memoria.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados



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