A FLOR DE PIEL . VOYEUR
![]() |
| Créditos a quién corresponda |
Y querer parecer normal sin
serlo ante los ojos de los demás , que enturbian ese mundo donde tú y yo nos
movemos .
Observada por costumbre , a
ti, sin embargo, te seguía molestando que continuaran diciéndonos cómo debíamos
comportarnos en público mientras nos juzgaban en privado.
Idea loca aquella que tuviste
un día, de invitarles a presenciarlo , sólo para que sus motivos fueran ciertos
dijiste, y con tanta seriedad lo propusiste , que la hice mía por completo.
Aquel día , recuerdo que
llegaste con el rostro sereno y complaciente
, pero sólo en tu forma de andar , ya sabía a lo que venías dispuesto, y
con cada paso dado en el que más cerca te encontrabas de mí, casi desnudabas mi cuerpo por instinto.
No hizo falta mediar palabra .
Las sillas estaban dispuestas , el público expectante . Una sola luz que nos
iluminase , y nuestro terreno de juegos en el centro de un círculo perfecto
desde el que éramos observados incluso antes de que la danza inmersa en
naturalidad diese comienzo.
Falsas conciencias que seguís
con vuestros ojos atentos , sin perder detalle alguno, la derivación de la ropa
que me cubre por todo mi cuerpo , mientras la desnudez del amante dichoso ,
clama saciar su sed de piel de a quién se ofrece.
Ojos incautos que no creíais
posible ser testigos directos , de unas manos firmes que se apoderaban de mis muslos
facilitando su temible y deseado acercamiento por temor a la pérdida de un control que jamás
se tuvo en realidad.
Y mis piernas, sin voluntad alguna,
cesaron a tu no insistencia al sentir tu aliento susurrando mi nombre , mientras tus huellas
dejaban su rastro en una carne que ya les era conocida , erizando una vez más a
la mujer que siempre fue tuya , desafiando
los instintos del que siempre fue mío.
Espectadores impasibles y sin
reacción, a los que , en maléfica conjunción con mi inconsciencia , decidiste
ofrecer una muestra de ternura infinita
al humedecer mi piel , sólo para que nada resultase demasiado vulgar
ante ojos tan procelosos y aguerridos en cuanto a las críticas que habrían de
verter hasta el fín de los tiempos.
Entonces te detuviste y mirándote a los ojos supe lo que querías .
Deseabas que escuchase , que oyese el latido pausado de tu corazón mientras
me tenías , que lo sintiese a través de tu pecho , en ese instante donde
la manida agitación se ve expuesta frente a la más dolorosa de las paciencias ,
en donde los tiempos los miden todas y cada una de las sensaciones de cada
centímetro que penetra en tu interior o roza mis senos, de cada quiebro que
produces en mis adentros con tu boca convertida en arma de locura , y el reloj
, en camino recesivo sin importar nada
ni nadie, porque , sin exigencia, con
esa sutil cámara lenta con la que procedes , recreas nuestro solitario mundo
sin nadie , en donde apenas tengo
voz ni voto en esto que decidiste elaborar
, siendo la protagonista involuntaria de tu castigo , tan dulce como divino ,
tan interminable como incansable .
¿Estaban ellos allí realmente ¿
o ¿Sólo fue nuestra necesidad de dar una lección a aquellos que creemos que nos
vigilan ?
Sin ver a quienes nos
observaban , sin sentir su inquietud y ansias por detenernos, olvidé que ellos
estaban , que podía escucharles
respirando ahogadamente cada vez que te adentrabas en mí y mi cuerpo se
arqueaba, cada vez que tus manos agarraban mis caderas con fuerza para poder
sentirme por completo , que mis manos no encontraban más que apenas tus brazos para
tenerme , queriendo huir de mi misma y ser otra .
Jadeos ininterrumpidos como
correa de transmisión de los sudores de los demás , danza tribal que quienes
miraban seguían con las piernas de forma involuntaria pero de la que no perdían detalle, gritos
ahogados en mitad de mis suplicas por tu boca que no me dejaste tener, lágrimas
de dejarme hacer , dejarme ser , dejarme llevar.
Abiertos mis ojos ante mi
deseo cierto de que todo aquello fuera un mal sueño, las sillas sólo
permanecían ocupadas en mi mente y aún así, ésta, engañosa , me los hacía ver ,
tocándose una y otra vez con una
ansiedad generada por lo que éramos ante
ellos . Las críticas se convirtieron en
los peores pecados silenciosos de aquellos que sólo eran iguales a
nosotros sin reconocer su propia
realidad.
Caras en mitad de una fantasía
necesaria como fruto de una intimidad cuestionada por los demás , dónde tú
decidiste ser el maestro de una lección otorgada al aire , un placentero y
turbador aire tan nuestro , del que tú quisiste hacer partícipe a los demás.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página