Miradas entrecruzadas un instante.
Historias que cuentan tus ojos y yo no logró desvelar.
Personalidad con lado oscuro como subterfugio de autodefensa.
Miedo real a sentir, a dejarse llevar.
Palabras dichas en mitad del silencio
sin cadena ni sentido aparente.
Mensaje entre líneas que sólo yo soy capaz de entender y
traducir.
Palabras que aún
resuenan en mis oídos
como la banda sonora ideal de una historia que no
conviene,
que advertían de
que esto no debía ser,
que nada debía ocurrir.
Intenciones desveladas por cada sutil movimiento de tu
cuerpo,
por cada casi imperceptible gesto que te encargabas de
que yo viera,
por cada caricia deseada y no cumplida,
por cada pensamiento malicioso
cuyo rostro de inocente
chaval en mitad del agreste entorno ,
decidiste ocultar.
Falsa indiferencia como arma ,
mientras mi cuerpo tiembla
al escuchar el estremecimiento de un corazón que se parte
cada vez que tengo que estar lejos de ti,
cada vez que te siento cerca y sé que permaneces
distante.
Cielo que caes sobre mí como la fría lluvia de invierno
tratando de helar mi interior ,
rabia que ahí debes de quedar por el bien de todo y de
nada,
papel jugado desde el principio de los tiempos.
Sin permitirme desdoblarme ni volver a mi realidad,
las dudas sobre la conveniencia de vivir así,
al filo de un cuchillo de cortantes sentimientos,
en el vagón de una montaña rusa interminable y cansina,
a bordo de un barco a ninguna parte y con destino a todos
lados,
pasajera de algo que no sé definir ,
observadora de mi propia historia que me niego a vivir ,
víctima de algo que siempre quise y tú deseaste.
Y el reloj de arena
seguirá teniendo alguien que le dé la vuelta.
El libro que escribamos ,
continuará teniendo alguien que pase sus páginas.
El vehículo que nos lleve,
obtendrá un píe que mantenga el acelerador a todo lo que
dé .
La música seguirá sonando ,
porque los músicos siempre encontrarán a los amantes danzando
a su compás.
Y la vida … nos mirará complacida,
sabedora de que
por siempre pudimos haberlo sido todo
y sin embargo,
preferimos ser lo que somos .
Caminos andados por separado.
Encuentros coincidentes sin programar .
Miradas furtivas como confirmación de que algo debe de
quedar , aún.
Juegos de acercamiento vital.
Cuerpos que siguen estremeciéndose con el querer y no
poder,
con la exhalación del más hermoso susurro
de palabras intercaladas nunca dichas,
y en donde un te quiero
supone casi una mera anécdota .
Cuerpos que se han seguido buscando
y que terminan encontrándose
en el cúmulo de la cómplice oscuridad .
Cuerpos capaces de
hablarse y decirse
todo aquello de lo que nunca hubo oportunidad.
Delicadas sábanas de sudor y entrega
que protegen lo que se siente
de los ojos curiosos ,
de ellos mismos ,
incapaces de ver la realidad .
Inevitable aquello que se trata de evitar sin saber por
qué.
Impensable pero irremediable final,
cuando es el corazón el que pesa más que la cabeza,
cuando dejarse llevar ni se piensa,
cuando tratas de sostener un muro que se derrumba sobre
tus pies.
Vida que reclamarás tu precio por el incumplimiento de tus
reglas.,
Vida que te
comportas como esa temerosa vieja bruja de los cuentos infantiles ,
pendiente del más mínimo error ,
apuntando en tu libreta imaginaria
las almas que estás dispuestas a recolectar y a
salvaguardar,
mientras el resto se quema en la hoguera de sus propias
entrañas,
en pro de algo mal llamado amor ,
algo en lo que nunca creímos,
algo en lo que nos hemos hundido sin necesidad de
respirar ,
algo sin lo que no podemos subsistir.
Ana Patricia Cruz López
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