LA MUJER DEL RETRATO
EL ENCARGO
De todas las advertencias que Eugénie
podía haberle realizado , la más importante a su juicio , había sido omitida ,
quizás por temor a pecar de falta de objetividad al hacerla o simplemente para
evitar malos entendidos sobre la relación entre ambos.
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| Auschwitz. Cred. Foto a quién corresponda |
Christopher Kauffman no era un
hombre que pasase precisamente inadvertido pese a intentarlo. Con un muro
invisible delante suyo , perfectamente
predecible, no hacían falta demasiados esfuerzos para comprender que la
seriedad se revistiese de ciertos picos de ironía como la mejor arma de defensa
que alguien como él podía poseer para mantener las distancias.
Un hombre capaz de hacer sentir muy incómoda a la persona que tuviera delante con tan sólo
mirarla fijamente durante breves instantes, capacidad de la que era muy
consciente y que empleaba hábilmente como ningún hombre que ella hubiera podido
conocer hasta ahora.
Siempre pendiente del más
mínimo gesto, Esther procuró salvaguardar la normalidad sin forzarla demasiado, pero en su mente ,
procuró tener presente lo que no resultaba conveniente llevar a cabo con él delante.
Silencios incómodos que hacían
que los segundos parecieran minutos interminables y que él, ante la insistente posición de ella
de no mirarle , decidió acortar .
·
CHRISTOPHER :
¿La incomodo Sra. Neuman?
Aquella ironía desafiante ,
capaz de mostrar toda la seguridad de un sujeto que juega en su propia casa con
sus propias cartas sin necesidad de marcar. Aquella voz que penetraba para
quedarse preguntándole una obviedad que conocía perfectamente. El comienzo de un triunfo que sólo quedó a
medias cuando ella alzó sus ojos y le
miró directamente.
·
ESTHER: ¿Es a lo que está acostumbrado?
Una capacidad de respuesta que
no esperaba. Un seco atrevimiento como
siguiente jugada perfecta.
·
CHRISTOPHER: No sería la primera ni la última
persona que me manifestase, llegado el caso, que le resulta incómodo tenerme en
frente. Pero preferiría que fuese sincera a la hora de explicarme el por qué no ha sido capaz de mirarme a la
cara prácticamente desde que he entrado,
esperando que mi confusión con la procedencia
de su apellido nada haya tenido que ver.
Con un semblante serio de
forma natural, Esther fue incapaz de
relajarse , de la misma forma que se autonegaba la posibilidad de confesarle
que esa había sido una de las razones , aunque más por el tono de voz empleado
y que le traía recuerdos de antaño que
por la confusión en sí.
·
CHRISTOPHER : Creo , sin temor alguno a
equivocarme , que no hemos empezado con buen píe. – Se levantó , y bordeando de
nuevo su mesa , se sentó en su silla de piel , apoyando la espalda y con sus piernas cruzadas sobre las que colocó sus manos - Creo que lo correcto sería empezar por darle
la bienvenida , aunque me consta que Eugénie ya hiciese lo propio.
·
ESTHER: Sí, ciertamente ha resultado ser una
persona muy eficaz y competente.
·
CHRISTOPHER:
Y seguro que mucho más cercana .
Pese a mantener las distancias
, la sensación de incomodidad no parecía desaparecer y los escalofrío no aminoraban. Jamás se había sentido tan indispuesta con un
hombre como con él, ni siquiera a nivel personal, pero algo en sus ojos le presagiaba una sensación muy extraña con
la que no terminaba de sentirse muy cómoda.
·
CHRISTOPHER: Por suerte - mostrándose mucho más condescendiente – tendremos
mucho tiempo por delante para cambiar
las impresiones mutuas, o por lo menos las que usted pueda haberse hecho sobre
mí.
·
ESTHER: Por suerte , aunque creo haber entendido
bien creyendo que usted ya se había formado a la perfección las que tuviera
respecto a mí , de lo contrario, no
imagino , sinceramente , de dónde puede provenir ese insistente interés en que se me contratase.
·
CHRISTOPHER: ¿ Insana curiosidad o recato
profesional?
Pese a que sus modos a la hora de dirigirse a ella no habían
cambiado, pese a mantenerse como alguien que partía con una ventaja relevante ,
esta vez , ella no le apartó la mirada .
Aquella seguridad que
aparentaba destilar, mucho más encumbrada si cabe , en cuanto se apoyó
lentamente sobre la mesa comenzando a juguetear de forma reiterada con los
dedos de sus manos , frotándoselos, hizo
que ella se apoyase con fuerza , de forma involuntaria, mucho más sobre la
silla.
Manos que de forma inquieta ,
eran incapaces de detenerse pudiendo poner nervioso al más pintado , simulando
una forma de autodefensa hacia un estado ansioso por su parte, cayendo en la
cuenta , en ese preciso instante, que quizás era él y no ella , quién se
encontraba especialmente nervioso con su presencia .
·
ESTHER: Considerando que gran parte de mi
trabajo se desarrolla a partir de algún hecho
o circunstancia que provoca cierta curiosidad , yo no diría que ser
curioso sea insano, pero supongo que es cuestión de perspectiva. Lo cierto es
que yo más bien lo llamaría extrañeza , dado que en la agencia hay muchos otros
compañeros igualmente competentes para desempeñar este trabajo y sin embargo
fue mi nombre el único en liza, y de forma innegociable , bajo el argumento
cierto del intento frustrado de elaboración de mi tesis universitaria.
Si a todo
esto sumamos el secretismo con el que se me requirió trasladarme y con el que he de desarrollar mi trabajo,
mantenido o acrecentado sin duda, por la persona conocida por mi jefe y cuya
identidad prefiere mantener oculta y que deduzco que en algo tuvo usted que ver con ello como
gerente del centro que lo encarga , sí, definitivamente sería extraño que a
estas alturas la curiosidad no me hubiera invadido por completo y copase todos
y cada uno de los pasos dados y que quedan por dar en este trabajo.
Su primer gesto de distensión
fue lo que continuó . El muro continuaba alzado
como algo connatural a su carácter , ya Eugénie le había advertido al
respecto , pero una cierta afabilidad real y no impostada pareció asomar .
Christopher parecía mostrarse
satisfecho aunque Esther no pudiera certificar aún la causa real de tal
sensación , aunque a priori, pareciera más
la muestra por haber encontrado a alguien capaz de estar a su altura,
capaz de responderle con la misma habilidad verbal que él demostraba y de
entrar en ese juego de conocimiento a distancia con brotes de peligroso
acercamiento.
·
CHRISTOPHER: ¿Y eso lo ha deducido usted sola ?
Sin nombres , sin pistas , sin referencias.
·
ESTHER: Ya que pidió sinceridad creo que puedo
permitirme lo mismo si le pregunto de dónde extrajo la información sobre mi
tesis .
·
CHRISTOPHER: Yo no le he pedido eso exactamente
, pero ya que ha sido franca conmigo, creo que es lo menos que puedo hacer ,
corresponderla con el mismo grado en aquello en lo que le surgen dudas . La
Escuela Superior de Bellas Artes , ellos
me facilitaron lo que necesitaba cuando
lo requerí, siempre en función de mis necesidades y las de este museo, por
supuesto.
·
ESTHER: El expediente es privativo, y el
intermediario sabía demasiado a jugar por las referencias dadas por mi jefe. Salvo…-
pensativa durante un solo segundo , las ideas se le cruzaron en base a sus propias argumentaciones .
Christopher volvió a apoyarse cómodamente en su silla , y esperó simplemente a
la resolución de su propia argumentación -
No hubo ningún intermediario ¿no es cierto ?
·
CHRISTOPHER: Déjeme adivinar. Le dijo que ese
intermediario era un buen conocido suyo,
de mucha confianza.
·
ESTHER: ¿Cómo accedió a mis datos ?
·
CHRISTOPHER: Me temo que eso es una información
que no puedo facilitarle. Reconozco que
en ocasiones no puedo presumir de mis métodos de búsqueda , no suelen ser muy
legales pero sí efectivos. Necesitaba al
mejor en esto, a quién más conociera
sobre la colección, y así poder culminar la ejecución del encargo.
“La ejecución del
encargo”. Ante sus oídos , pareciera que
había algo mucho más grande que lo que en principio venía a realizar . Es
cierto que Eugénie le comentó que él le daría el resto de detalles , y cierto
también resultaba ser , que sólo para una labor de catalogación y posterior
valoración, el director del museo no se hubiera tomado tantas molestias.
·
ESTHER: Eugénie ya me advirtió que el resto de
aspectos del encargo , como usted lo llama, me serían facilitados e cuanto
usted llegase.
·
CHRISTOPHER: Cierto, pero para eso , será mejor
hablarlo in situ. ¿Quisiera acompañarme?
Todo aquel misterio que
rodeaba el trabajo , el lugar y a sus empleados
la sobrepasaba. Parecían todos disfrutar del aliento a esa gran
incógnita que ya conllevaban los cuadros
en sí mismos, así como las leyendas e historias contrastadas que parecían haber
estado documentadas sólo de soslayo . Y ahora,
para hablar del resto del trabajo a realizar , debían desplazarse de nuevo a la
gran sala acorazada , de la que ella tuvo que recoger su respectiva llave ,
recomendándole encarecidamente él , que a partir de entonces buscase la forma
de llevarla encima de forma permanente .
Aunque el camino de vuelta ya
casi le resultase familiar , todo parecía distinto. Ni una sola voz, ni una
sola explicación añadida, sólo el sonido de ambas respiraciones en un ascensor
que se tornaba excesivamente silencioso.
Las puertas se abrieron y se
encontraron con el pasillo que llevaba directamente a aquella maldita puerta sincronizada, y sin
que las instrucciones fueran repetidas, bastó que él sacase la llave del
interior de su camisa , colgada de una fina cadena , y la introdujera en la
cerradura respectiva girando su cabeza hacia ella esperando que hiciese lo
mismo.
Una vez dada la señal, ambas
llaves giraron coordinadamente a la vez abriéndose la pesada puerta y accediendo a la gran sala .
Sin hacer falta indicaciones ,
él se acercó a los interruptores y las luces que enfocaban la gran capa de tela
que cubría las obras se encendían. Esperando la consabida
continuación, aquella que volvería a desvelarle de nuevo las pinturas , ésta se
hizo esperar.
Apoyado en la pared , con los
brazos cruzados sobre el pecho , el gerente parecía esperar algo pero Esther no
lograba identificar el qué .
Sin solución de continuidad , sin que nada
pareciera distraerle de lo que con tanto agrado parecía visionar, ella decidió
tomar la iniciativa y acercarse hasta el interruptor que abría el pesado cortinaje opaco.
Cada paso en el que la
distancia entre ellos se acortaba , suponía el descenso de sus ojos en
delineado perfecto de su cuerpo, sin que
la discreción estuviese presente en su vocabulario o en sus presuntas buenas
maneras.
Lejos de distraerla o
amedrentarla , aquella forma tan directa y poco sutil de bajar la mirada , de
mover sus párpados con lentitud pasmosa como quién disfruta degustando sin
tocar la pieza deseada , la provocaban a seguir hacia delante llegando a situarse justo en frente suya ,
alargar la mano sin perder de vista sus ojos y darle al interruptor ella misma.
El ruido del cortinaje
comenzando a abrirse , pero ello no la
hizo desistir de su objetivo visual el cual, parecía encontrarse tremendamente
cómodo bajo aquellas circunstancias.
Detenido y recogido en toda su
amplitud, con las obras al descubierto, se dio la media vuelta encontrándose de nuevo con ellas , con las
mujeres que fueron capaces de quitar el sueño al mismo Hitler mientras le
acompañaban sin saberlo.
Uno a uno fue pasando muy despacio por delante de cada
cuadro tratando de admirar los detalles
más visibles , las texturas , las líneas que casi no se cruzaban con perfección
inaudita. Pinceladas aparentemente perfectas , rectas y curvas , en donde el manejo de la técnica resultaba
asombroso, y donde el óleo , convenientemente mezclado, parecía otorgar una exquisita naturalidad a la figura femenina.
La perfecta y gradual transición
de los colores , culminaba un dulce paseo por cada una de las obras convirtiéndolo en una sola pieza casi
continuada de un lienzo a otro , dando la impresión de que el pincel jamás
debió levantarse de la tela que lo soportaba.
Tentada por acariciarlos aunque sólo fuera por un instante , su brazo
izquierdo fue levantándose de forma
involuntaria , como si aquel espacio fuese el vacío absoluto y ella se
encontrase sola en comunión perfecta con ellos , pero antes de que uno solo de
sus dedos tocase el lienzo, una mano férrea se lo impidió.
Al sentir su muñeca cogida con
fuerza y ver el gesto serio de Christopher , devolvió la mirada al cuadro que
tenía delante , dándose cuenta entonces, de aquello que iba a llevar a cabo.
·
ESTHER: Está haciéndome daño.
Con mucha menos decisión que
la empleada para sostenerla , la fue liberando.
·
CHRISTOPHER: Tan irresponsable como imprudente.
No sólo no han sido catalogadas sino que
además no hemos podido estudiar su composición.
·
ESTHER: No sería la primera vez y aún sigo aquí.
·
CHRISTOPHER: ¿Expuesta durante tiempo indefinido
y continuado posiblemente al plomo en dosis desconocidas? Creo que no el
suficiente para perjudicarla.
·
ESTHER: Acaba de decir que no se ha hecho el
estudio compositivo, sin embargo ya conoce de los peligros que entraña trabajar
con ellas.
·
CHISTOPHER : ¿En serio quiere arriesgarse? – Se retiró
unos pasos hacia detrás – Adelante pues, son todas suyas.
Una propuesta harto tentadora que
se replanteó durante un breve instante , pero cuando la cordura regresó a ella
, entendió que posiblemente aquella opción no resultaba tan buena idea.
Las obras que habían caído en
sus manos siempre
fueron estudiadas previamente, adoptando, para su manipulación, las medidas
de protección pertinentes tanto para el investigador como para la propia obra. Éstas
, ni siquiera fueron controladas y catalogadas desde su realización, o al menos
, en caso de haberlo hecho, éste no era conocido.
Un nuevo recuento de los
cuadros como fórmula para autoconvencerse de que efectivamente la colección no
estaba completa , y la hora de resolver la mayor duda de todas , la que le
correspondía a él.
·
ESTHER: Eugénie dijo que habían detalles del
trabajo que usted se reservaba encargarme , ¿cree que ya gozamos de la
intimidad y discreción suficiente como para hacérmelo saber?
Observando todo cuanto se
encontraba alrededor de ambos , cada cuadro colgado, cada fila de panelado de
soporte metálico , cada hueco de obras que una vez estuvieron colgadas en ese
lugar , Christopher comenzó a deambular
siguiendo la estela semicircular dejada por la estratégica colocación de
los cuadros , su visión no podía resultar más objetivamente opaca.
Las estructuras casi desnudas y
en algunos casos descoloridas de los marcos que los sustentaban , en nada las
hacían desmerecer de su presunto inmenso valor condicionado, pero en aquella
sala , en medio de aquel estremecedor
silencio, el porte alto y desfigurado en parte por la luz que le
enfocaba casi de forma directa, resultaba estremecedor acompañado de aquel
sonido plano de pasos dados a
idéntica velocidad y con idéntica distancia entre uno y otro.
Y durante todo aquel
transcurso de tiempo, no fue capaz de decir nada .
Con su cabeza baja , mirando
hacia el suelo, cuasipensante de algo que sólo él conocía, al menos de momento,
y jugueteando con sus manos unida a su espalda, sólo se decidió a musitar algo
tras llegar al presumiblemente último cuadro .
Situado justo al lado
suyo lo observó unos segundos para finalizar alzando su rostro con una única
dirección fija , ella.
·
CHRISTOPHER: Siento consciente de su
inteligencia y estudios previos respecto a la obra seré
lo más directo y claro posible . los rodeos y las explicaciones
excesivas nunca han sido lo mío, y de todas formas no creo que sirvieran para
esclarecer nada y otorgar algo de luz entre tanta oscuridad.
·
ESTHER: Le escucho.
·
CHRISTOPHER: Imaginemos que a la dirección de la
Pinacothéque llegase un día , de forma extraoficial, la noticia de que una de
las obras más ansiadas, resguardada
durante la segunda guerra mundial por el propio Hitler , se encuentra disponible
en Austria bajo la mano de quién se supone que la protegía de los ojos curiosos
desde que se le hiciese entrega .
Supongamos también
que tras años de litigios y de investigar en búsqueda de pruebas fehacientes ,
la Pinacothéque consigue que los tribunales austriacos le den la razón, pero al
mismo tiempo , subsista un riesgo real de que las obras pudieran desaparecer de
forma misteriosa en un muy breve espacio temporal desde la ejecutabilidad de la
sentencia de reconocimiento.
No
conformes con eso, sigamos suponiendo que tras ser entregada en lugar neutral, los
rumores que durante años afirmaban de la existencia de testigos que vieron
colgados doce y no once cuadros en el dormitorio del Führer , se vean en
entredicho al contabilizar una y otra vez las cajas depositarias , y que ello
se reconfirmase con las personas del equipo del museo que sí los vieron en el
Palacio de Justicia antes de proceder a su desmonte y guardado ,
desconociendo , los habidos en el lugar , funcionarios, agentes de seguridad
que los custodiaban o incluso el mismísimo gobierno austriaco el destino del duodécimo cuadro, o incluso que al tratar
de localizar a su pintor o , más allá,
intentar averiguar su identidad, ésta resultase la misión más imposible de
todas.
Una introducción sencillamente
perfecta de hechos encadenados a través de una elocución histórica magistral . Una
historia que resumía , de forma brillante , un periplo de años luchando porque las obras fueran
depositadas en el lugar de las que fueron expoliadas .
Detalles de una presunta labor
que por supuesto iban más allá del análisis, identificación y catalogación.
·
ESTHER: Y después de toda esa sucesión de circunstancias,
entro yo en escena .
Con la seguridad de las
probabilidades casi seguras de saber con antelación qué es lo que se le pediría
, trabajo que no temía puesto que en parte ya su iniciación se había llevado a
cabo durante su tesis, aquello logró
sacarle de su punto de seguridad y continuar su paso hacia dónde ella se
encontraba.
·
CHRISTOPHER:
Cuando hablé con el Sr. Hadkins sabía exactamente cómo y qué decirle
para convencerle de qué sólo usted podría llevar a cabo el encargo. Gozaba de
la información precisa sobre su lucha intestina contra las instituciones , la propia
Escuela e incluso su tutor, por lo que la
posibilidad de que se negase era prácticamente
imposible. ¿Jugué con ventaja? Por supuesto , de lo contrario nunca hubiera
realizado tal propuesta, pero también sabía que
recientemente finalizó con éxito un trabajo similar y eso resultó garantía
suficiente, por mucho tiempo que nos llevase su empeño.
Rodeándola , sintiéndose
observada , trató de que aquella actitud que distaba mucho de la presunta discreción
y distancia que por lo visto formaba parte de su carácter la distrajera e insistió en ahondar en la
precisión del trabajo que se le
encomendaba.
·
ESTHER: Está bien, si lo que pretende es que le
felicité por su elocución , enhorabuena.
Desde luego ,si fue sólo la mitad de
convincente con mi jefe de lo que ha tratado de ser conmigo, y conociéndole ,
debió haberse sentido apabullado.
·
CHRISTOPHER: ¿Se ha sentido usted así ?
Aquella voz que sobresalía por
detrás suya , tan cerca de uno de sus
hombros , la cogió por sorpresa.
·
ESTHER: No quisiera pecar de maleducada , pero
aunque su argumentación me ha proporcionado una visión apasionante de cómo
las consiguieron traer hasta aquí, y sin parecer petulante ni
pretenderlo, casi aseguraría de que su pretensión es de que localice el cuadro
que falta o a su pintor , a juzgar por lo que ha añadido al final, lo cierto es
que preferiría que fuese más preciso , si ello fuera posible.
Terminado de girar sobre ella
, en frente suya , la luz blanca directa iluminaba de forma especial su rostro otorgándole
una especie de halo, recordándole a aquellas vírgenes pintadas a las que se les aparecía el espíritu santo o
el ángel anunciador, dando a sus ojos un
intrigante cambio de color y aún más curiosa profundidad.
·
CHRISTOPHER: Antes de traérnosla, la sentención
ejecutoria nos informaba de los
pormenores de su exhibición. Es una colección condicionada y por lo visto lo ha sido siempre . Eso fue lo
que provocó la confirmación de que faltaba un cuadro no inventariado pero del que
se habla en diversos documentos al señalar el número de obras que la componen y como Hitler las
colocó , a símil de las agujas de un reloj , alrededor de su cama . Una especie
de reloj vital creo haber entendido. El
Führer era tan meticuloso como maniático y según comentan las crónicas de las personas que trabajaban a su servicio
personal , debían estar perfectamente
alineados de tal forma que , cualquier inclinación
en su colocación, se castigaba
duramente.
Sí, la
Pinacothéque venció, pero el castigo a tal triunfo es no poder proceder a su
exhibición si no se encuentra completa. Los doce cuadros o ninguno.
Desgraciadamente
, nuestras pesquisas no ahondaron tanto
en el cuadro como en su posible pintor , del que a día de hoy se sigue
desconociendo su identidad , su modus vivendi o tan siquiera si continúa con
vida, y por ende , el desconocimiento de esa información es sólo comparable a
la falta absoluta de datos sobre
posibles herederos, ni tan siquiera con un barrido de autores con técnicas
similares en lo que a retratos femeninos se refiere.
·
ESTHER: Mis últimas averiguaciones me llevaron
a Múnich, pero allí no supieron
cansarme lo suficiente para que me
marchara . Terminaron llamando al Rector de la Escuela y tuve que volver.
·
CHRISTOPHER: En Múnich nuestras investigaciones se detuvieron tras toda una cadena de nombres capaces de formar un árbol genealógico, pero
no logramos concretar sino tres posibles
y
no pintores precisamente, más bien el de
la última persona que estuvo en contacto con las obras . Cuando se llevó a cabo la entrega , pensamos
que éste podría hacer acto de presencia , pero nuestros deseos se vieron
infructuosamente denostados al aparecer
alguien mandatado que nada tenía que ver. Por lo visto , la persona que las retenía no
quiso identificarse ni que se supiera su identidad y el tribunal decidió respetar sus deseos.
·
ESTHER: Así que en base a mis anotaciones y a
las de ustedes , mi punto de partida será volver a Múnich.
·
CHRISTOPHER: Al menos no será un comienzo de
cero. Mañana por la mañana le haré llegar a su despacho los expedientes originales que se encuentran en el archivo y que no
pudieron ser digitalizados, y hablaré con Eugénie para que lo disponga todo en
cuanto usted la avise.
Encontrándola pensativa , deseó
saciar su duda .
·
CHISTOPHER: Quisiera pensar que ese rostro no
suponga una muestra de arrepentimiento.
Con su mirada puesta al cuadro
central , se dispuso a tranquilizarle.
·
ESTHER: No.
·
CHRISTOPHER: No quisiera parecer curioso pero…
·
ESTHER:
Quizás el punto de partida deba ser otro esta vez .
·
CHISTOPHER: ¿Disculpe?
·
ESTHER: -
Sin dejar de mirar fijamente el cuadro – Quizás hayamos partido del punto inicial equivocado.
Múnich
sólo fue el punto de reencuentro . Debemos partir de su punto inicial conocido,
anterior incluso a que Hitler se encaprichara con ellos y se los llevase . El
mismo lugar al que volverían poco antes de finalizar la guerra y del que
desaparecieron. Auschwitz.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

Excelente capitulo, esperaré ansiosamente el siguiente!
ResponderEliminarUn capitulo interesa e informativo. Falta un cuadro y alguien lo tiene. Hay que encontrarlo para que la colección sea expuesta. Me va gustar el viaje de los personajes por los distintos lugares y saber que es, exactamente lo que esconde ese cuadro para que no esté en la colección con el resto.
ResponderEliminarComo siempre, una muy buena manera de que los gestos que realizan los personajes entren en la mente. Hasta a mi me ha resultado incomodo el escrutinio de Christopher. Ansiosa al segundo. Siento haber tardado tanto, pero ahora es cuando he encontrado menos ruido exterior para leerlo.