miércoles, 9 de noviembre de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (173)

Creí  que lo sabía todo.
Creí que jugar con ventaja
me otorgaría alguna capacidad sobre lo que me  rodeaba.
Creí estar segura de mis decisiones
y de que no me equivocaba.
Creí conocerme .
Creí que te conocía.

Al final la verdad tenía razón y yo perdí mi apuesta con ella.
Al final la hermosa dama , siempre pendiente,
se rió en mi cara  presuntuosa por mi caso omiso hacia sus advertencias,
mientras a mí no me quedó otra opción que bajar la cabeza y huir.


Los aires nuevos nunca traen nada bueno,
al menos conmigo.
Sus caricias ,  nunca amables,
resultaron los peores golpes recibidos .
El sonido atronador de las mil y una tormentas
se acrecentaba en mis oídos ,
penetrando en mi cabeza como un taladro de dolorosa invisibilidad.

Creí que esta vez no me equivocaría
y caí al pozo sin tan siquiera necesitar asomarme.
Creí que nada perturbaría mi  soledad tranquila,
mi bienestar programado,
mi agenda inexistente.

Creí que los amaneceres siempre vendrían colmados por el mismo sol,
Y que la noche ,
con su oscuridad tenebrosa  ,
con su manto de seguridad para los animales nocturnos,
se limitaría a ser testigo, una vez más,
de mi entrega conmigo misma.

Creí que mi cuerpo era mi exclusiva mea de juegos,
que siempre lo sería.
Creí que mi corazón
permanecería aletargado y tranquilo
entre la niebla  de la serenidad
y la agitación del autoreconocimiento de mi propio cuerpo.

Sí, perdí mi batalla
incrédula de que todo permanecería igual por siempre
y que nadie llegaría a mi nivel de exigencia.

Sí. Creía conocerme,
creía saber cómo era capaz de sentirme ,
creía que pensaba de forma correcta y que nada lo alteraría
porque jamás habría nadie que lo lograse.

No. 
No soy capaz de escribir las páginas de esta nueva parte de mi vida.
La sangre no me llega a los dedos ,
y ésta parte no merece tinta de menor calidad.

Descolocada sin saber qué hacer en lo que me era cotidiano,
sólo una imagen cubre mis pensamientos hasta la angustia,
que sin tenerte 
te ansío como si ya fueras mío.

Destrozada toda mi presunta planificación,
decaídos mis principios como peones en un ajedrez sin reina,
el Rey , es el verdadero protagonista .

Creí que lo conocía todo sobre mi misma ,
y una palabra tuya,
un gesto solo,
bastó para echar todo por tierra.

Creí que mi cota de instinto no podía llegar más allá,
y aún quedaba algo primitivo y salvaje en mí,
tanto en lo bueno como en lo malo,
tanto en las caricias que exigías sin pedir
como en las que yo me negaba a darte
vociferando suplicante tu nombre.

Creí que no me vería llorar por nadie más,
y contigo no sé dejar de hacerlo.

Creí que nadie podía sentirse morir por algo así,
por alguien,
y mi vida se mantiene de forma artificial,
bajo un fino hilo de cordura dominada por la locura de tus recuerdos.

Creí estar curada de todo lo que era sentimentalismo,
y resulta que la mejor bofetada de la vida
me la da con tus caricias y tu ternura.

Creí que la perfecta vida que llevaba era suficiente,
y ahora ya no puedo ni sé respirar en ella
si tú no estás.

Creí que eso de las segundas oportunidades era un mito,
que nunca servía para volver a dar marcha atrás al reloj,
que las palabras hirientes no desaparecían,
que los sonidos de los portazos
y las imágenes de las espaldas,
y ahora , mi alma se deshace cada vez que pienso
cómo he desperdiciado la mía.

Creí que podría olvidarme de todo ,
hacerte desaparecer de mi vida ,
de mi mente,
de mi cuerpo borrar tus huellas,
y la ignorancia me acrecienta
cuando hago los mismos recorridos  ,
puedo olerte en cada esquina,
puedo sentirte entre las sábanas
y hasta en el agua que se desliza por mi piel,
puedo saber que es tu aliento el que sigue erizándome
cuando mis dedos  recuerdan tus recorridos por mi nuca,
por mi cuello,
y su descenso eterno
llevándome a ninguna parte y a todos lados.

Creí , como ignorante que era y soy,
que lo había superado ,
que jamás caería en algo así,
me lo había prometido,
me había perjurado...
que mis palabras y promesas 
caerían en saco roto al conocerte,
que no necesitaba a nadie para vivir
y ahora, sin ti,
sólo quiero no seguir viviendo.

Ana  Patricia Cruz López
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