Creí que lo sabía todo.
Creí que jugar con ventaja
me otorgaría alguna capacidad
sobre lo que me rodeaba.
Creí estar segura de mis
decisiones
y de que no me equivocaba.
Creí conocerme .
Creí que te conocía.
Al final la verdad tenía razón
y yo perdí mi apuesta con ella.
Al final la hermosa dama ,
siempre pendiente,
se rió en mi cara presuntuosa por mi caso omiso hacia sus
advertencias,
mientras a mí no me quedó otra
opción que bajar la cabeza y huir.
Los aires nuevos nunca traen
nada bueno,
al menos conmigo.
Sus caricias , nunca amables,
resultaron los peores golpes
recibidos .
El sonido atronador de las mil
y una tormentas
se acrecentaba en mis oídos ,
penetrando en mi cabeza como
un taladro de dolorosa invisibilidad.
Creí que esta vez no me
equivocaría
y caí al pozo sin tan siquiera
necesitar asomarme.
Creí que nada perturbaría
mi soledad tranquila,
mi bienestar programado,
mi agenda inexistente.
Creí que los amaneceres
siempre vendrían colmados por el mismo sol,
Y que la noche ,
con su oscuridad
tenebrosa ,
con su manto de seguridad para
los animales nocturnos,
se limitaría a ser testigo,
una vez más,
de mi entrega conmigo misma.
Creí que mi cuerpo era mi
exclusiva mea de juegos,
que siempre lo sería.
Creí que mi corazón
permanecería aletargado y
tranquilo
entre la niebla de la serenidad
y la agitación del
autoreconocimiento de mi propio cuerpo.
Sí, perdí mi batalla
incrédula de que todo
permanecería igual por siempre
y que nadie llegaría a mi
nivel de exigencia.
Sí. Creía conocerme,
creía saber cómo era capaz de
sentirme ,
creía que pensaba de forma
correcta y que nada lo alteraría
porque jamás habría nadie que
lo lograse.
No.
No soy capaz de escribir las
páginas de esta nueva parte de mi vida.
La sangre no me llega a los
dedos ,
y ésta parte no merece tinta
de menor calidad.
Descolocada sin saber qué
hacer en lo que me era cotidiano,
sólo una imagen cubre mis
pensamientos hasta la angustia,
que sin tenerte
te ansío como si ya fueras
mío.
Destrozada toda mi presunta
planificación,
decaídos mis principios como
peones en un ajedrez sin reina,
el Rey , es el verdadero
protagonista .
Creí que lo conocía todo sobre
mi misma ,
y una palabra tuya,
un gesto solo,
bastó para echar todo por
tierra.
Creí que mi cota de instinto
no podía llegar más allá,
y aún quedaba algo primitivo y
salvaje en mí,
tanto en lo bueno como en lo
malo,
tanto en las caricias que
exigías sin pedir
como en las que yo me negaba a
darte
vociferando suplicante tu
nombre.
Creí que no me vería llorar
por nadie más,
y contigo no sé dejar de
hacerlo.
Creí que nadie podía sentirse
morir por algo así,
por alguien,
y mi vida se mantiene de forma
artificial,
bajo un fino hilo de cordura
dominada por la locura de tus recuerdos.
Creí estar curada de todo lo
que era sentimentalismo,
y resulta que la mejor bofetada
de la vida
me la da con tus caricias y tu
ternura.
Creí que la perfecta vida que
llevaba era suficiente,
y ahora ya no puedo ni sé
respirar en ella
si tú no estás.
Creí que eso de las segundas
oportunidades era un mito,
que nunca servía para volver a
dar marcha atrás al reloj,
que las palabras hirientes no
desaparecían,
que los sonidos de los
portazos
y las imágenes de las espaldas,
y ahora , mi alma se deshace
cada vez que pienso
cómo he desperdiciado la mía.
Creí que podría olvidarme de
todo ,
hacerte desaparecer de mi vida
,
de mi mente,
de mi cuerpo borrar tus
huellas,
y la ignorancia me acrecienta
cuando hago los mismos
recorridos ,
puedo olerte en cada esquina,
puedo sentirte entre las
sábanas
y hasta en el agua que se
desliza por mi piel,
puedo saber que es tu aliento
el que sigue erizándome
cuando mis dedos recuerdan tus recorridos por mi nuca,
por mi cuello,
y su descenso eterno
llevándome a ninguna parte y a
todos lados.
Creí , como ignorante que era
y soy,
que lo había superado ,
que jamás caería en algo así,
me lo había prometido,
me había perjurado...
que mis palabras y
promesas
caerían en saco roto al
conocerte,
que no necesitaba a nadie para
vivir
y ahora, sin ti,
sólo quiero no seguir
viviendo.
Ana Patricia Cruz López
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