CAPITULO SEXTO
(SEGUNDA PARTE)
“Son tus silencios los que más me dicen
Son tus ojos los que más me hablan
Son tus pensamientos los que más me llenan
Es tu voz interior la que grita mi nombre
Es tu yo externo el que no lo reconoce”
¿UN ENCUENTRO O
UNA TRAMPA?
(Segunda Parte)
A la mañana siguiente ambos se levantaron muy temprano dado el horario
de comienzo de las jornadas y las mesas redondas, y cómo si de una acción
programada se hubiera tratado, al salir de la habitación ambos se encontraron
en el pasillo al mismo tiempo.
Un cruce de miradas serias y unos buenos días dichos con la mayor
corrección , bastaban por el momento
como preámbulo del día que les esperaba.
En el comedor, llegaban
continuamente asistentes. Algunos
desayunaban algo rápido y se marchaban de nuevo para retocar las ponencias,
otros preferían departir algo más con otros comensales.
Sarah escogió una mesa lo más apartada posible del tumulto. Pensando en lo pasado la noche anterior, una voz la trajo a la realidad.
• STEVE: ¿Café?
Sarah elevó la cabeza.
• SARAH: Sí gracias,
si puede ser Capuccino.
Y le siguió con la mirada durante un instante, mientras trataba de
repasar mentalmente, una y otra vez, su actitud de la noche anterior.
Justo cuando miraba a través de la ventana buscando palabras con las
que poder hacer más llevadera la jornada, un olor ligeramente familiar
azotó su olfato. Steve le consiguió el
Capuccino, pero con una particularidad que lo diferenciaba, y es que pese a serle familiar, no lograba ubicar su ligero y suave aroma a
vainilla entremezclado con el del café.
A continuación, él se sentó
justo en frente , con su respectiva taza de café y disfrutando del horizonte a través del gran ventanal.
• SARAH: Steve…
• STEVE : Preferiría
hablarlo más tarde , si no le importa.
Tan serio y contundente como convincente.
Alguien de la organización que llevaba buscándolos desde hacía tiempo
, dio con ellos en el comedor , y se acercó para entregarles los programas
debidamente actualizados.
Cuando vieron que les tocaba estar juntos en la primera mesa redonda
de la mañana, y que la misma versaba
sobre “ lo que se consideraba como la nueva literatura y sus métodos de venta, así como nuevos destinatarios”, cada uno se convirtió en el centro de
atención del otro.
A ninguno de ellos le hacía falta prepararse discurso alguno para
argumentar su postura, ambos lo tenían muy claro. Lo que no estaba tan nítido ,
es que ese fuese el momento oportuno.
Y lo que se preveía en principio tan sólo como un mal emparejamiento,
resultó ser una auténtica guerra fría.
Durante la hora en que dicha mesa redonda duró, los piques entre ambos
y las indirectas fueron continuas, incrementando la tensión de la mesa y de los
asistentes. Sarah no estaba acostumbrada a que le llevasen la contraria de la
forma en que él lo hacía, desquiciante y argumentativa o con preguntas por
respuesta, y Steve adoraba rebatir
, ambos con sus respectivos argumentos.
Todos los que se encontraban a su alrededor disfrutaban de aquel casi
debate a dos en que pareció convertirse aquel instante , y que suscitó
numerosos rumores y especulaciones de lo más variopintas, sobre la posible conectividad de tipo
personal que parecía haber como trasfondo.
Cuanto más encendida se
mostraba ella, más la provocaba él , y ello la hacía crecerse.
Cuando terminaron y todos se despidieron formalmente, ambos se
retiraron bastante alterados. Ella no paraba de hablar muy bajo y enfadada para
que él no la oyera, y si lo hacía le
daba igual. Aquel seseo por su parte, que era lo único que él
conseguía escuchar puesto que se
encontraba andando dos pasos por detrás de ella , lo sacaba de quicio.
Incapaces de cruzarse una sola mirada , esperaron al ascensor, y cuando éste llegó , entraron juntos. Sin nadie
más y con la adrenalina por las nubes, él la miró y sus gestos lo enervaban más
aún si cabe. En un arranque inesperado, se abalanzó sobre el cuadro de botones
y apretó el stop. Sarah se asustó por el rebote del ascensor y terminó apoyada
por completo en una de las paredes.
Steve la encerró sin darle escapatoria posible al apoyarse en esa
misma pared, quedando ella en medio de
sus brazos.
• STEVE: ¿Cómo se te
ocurre plantear eso ahí abajo? ¿Te das cuenta delante de quiénes lo has dicho?
• SARAH: He expresado
mi opinión , nada más.
• STEVE: Venías en
representación de la Universidad no de ti misma.
• SARAH: No tengo la
culpa , expresé mi opinión sincera. ¿Desde cuándo no se puede cuestionar la
supuesta libertad creativa y sí la opinión que sobre ella tenga otra del
gremio?
• STEVE: --bastante alterado- Pero…..¿Tú sabes lo que
has dado a entender ?
• SARAH: Nada que no
sea verdad. Los libros parecen editados por máquinas de hacer
dinero, se ha perdido creatividad y originalidad. Se escoge un tema y se lanzan en serie. ¿quieres decirme
dónde está lo incorrecto de mi argumentación?
• STEVE: ¿quieres que
te recuerde lo que dijiste después?
• SARAH: - Incapaz de
mantenerle la vista en sus ojos mucho tiempo , y aprendiéndose de memoria el
diseño de sus zapatos de tanto mirar al suelo, empezó a incomodarse- ¿Te
importaría volver a darle al botón?
• STEVE: Cuando me
digas si lo recuerdas.
Sarah comenzaba a sudar y a encontrarse muy nerviosa.
• SARAH: Por favor.
Al ver que le costaba tragar y lo hacía casi como salvavidas para que
aire entrase más fuerte, decidió dejarle el camino libre y devolver al ascensor
a la consabida normalidad.
Cuando hubo llegado al piso de destino, ella aceleraba el paso
mientras él le seguía a la zaga.
• SARAH: La próxima
vez que quieras hacerme una encerrona procura que sea en un espacio abierto.
• STEVE: -mientras la
seguía de cerca- Vaya ¿No sabía que además
fueras claustrofóbica?
• SARAH: -en voz muy
bajita y con cierto tono de guasa imitadora - ¡Ha fíjate! No sabía que
además fueras claustrofóbica. Ni que
tuvieras que saberlo.
• STEVE: ¡Como odio
que haga eso! -Musitó también en voz baja pero no tanto como para que Sarah no
lo oyera-.
Llegaron a las habitaciones, y
tras ella abrir la puerta de la suya y él quedarse en la entrada, la directa
lanzada de dejar la puerta abierta tras de sí le indicaba la clara invitación.
Cuando llegó a la silla donde dejaba parte de sus cosas , se dio
cuenta de que había entrado sola y que Steve esperaba en la puerta.
• SARAH: ¿Vas a pasar
o esperas qué donde estás crezca algo?
Ahora la del tono prepotente , quizás involuntario por los nervios del
encierro, aunque breve, fue ella. Entendiendo que , aunque aquella fuera una
habitación de hotel y no su casa, era su
terreno y jugaba con presunta ventaja.
Steve accedió al interior y dejó su chaqueta en uno de los brazos del
gran sofá beige del saloncito .
Ella salió a la terraza seguida de él, con la esperanza de que la
ligera brisa fresca calmase los ánimos.
• SARAH: Bien, ¿vas a
seguir hablando de lo que ha pasado ahí abajo o terminamos lo que se empezó
ayer?
• STEVE: Y ¿qué
se supone que dejamos pendiente ayer?
• SARAH: Sé que te
quedaste con muchas preguntas por
resolver .
El sarcasmo hizo acto de presencia en él.
• STEVE: ¿En serio?-
mientras pensaba para sus adentros que el tipo de preguntas que quería hacer no
era las que ella esperaba escuchar- y ¿Por qué no hablamos mejor de esa prepotencia que te caracteriza y
que te hace creer que siempre tienes la razón?
Sarah se apoyó en la barandilla , en el mismo lado que la noche
anterior.
• SARAH: - riéndose
molesta- Está bien, me parece perfecto. Tú te quejas de que yo prejuzgo sin
conocer y eso es justo lo que recibo de ti.
• STEVE:- acercándose
a ella muy serio- Con una pequeña
diferencia, que puede que yo sí te conozca.
Aquella forma de mirarla, la misma que cuando le vio por primera vez
en el aula….una especie de corriente eléctrica subía por su espalda. Era casi
asfixiante ser observada de esa manera.
• SARAH: No sólo
inconsciente , sino además presuntuoso.
• STEVE: -Acercándose
todo lo más que pudo y encerrándola con ambos brazos – Puede, pero si
interpreto a tu forma lo que esta invitación supone en vez de a la mía, me
pregunto si realmente serás capaz de darme la razón o me evitarás con la excusa
de que tú no has pretendido sugerir eso.
Aquel tono de voz, modulado , constante, casi estudiado. Aquella forma
de mirarla y sentir su respiración ……………..Sentir la tensión de su cuerpo y la
falta de reacción ante su juego. La confusión comenzó a apoderarse de ella.
Todas aquellas sensaciones, aquella situación…..muy familiar, sin saber por
qué.
Él se acercó peligrosamente al lateral izquierdo de su rostro sin que
su cara llegase a tocarla , pero si lo suficientemente cerca como para sentir
su calor.
• STEVE: Considerando que ahora conservo yo más
cordura y parezco tener las cosas más claras, será mejor que me vaya.
Y tan lentamente como le sobrevino, fue incorporándose . Una última mirada
determinante , y le vio marcharse. Sólo cuando oyó cerrar la puerta , respiró
profundamente y corrió al mueble bar buscando una botella de vino blanco que
vio en él la noche anterior.
Por la tarde , la ronda de debates continúo. Aunque ambos compartían
mesa , ella procuró evitarle mientras él
le prestaba más atención de la debida.
Incluso durante la cena, ella prefirió apartarse de todos en el
comedor, mientras él trataba de departir conversación con algunos de los
ponentes.
Cinco minutos que la perdió de vista , y cuando volvió a mirar hacia
su mesa , ella ya no estaba.
Sin parar de mirar su reloj, cuando llegó lo que él consideraba como
una hora prudente, se despidió
cortésmente de los comensales y se
dirigió a su habitación.
Apenas entrar, fue directo hasta la terraza , quizás con la esperanza
de volver a verla allí, pero todo permanecía a oscuras.
Se sentó en la terraza con la
esperanza de que en algún momento apareciera. Cuando creía que estaba todo
perdido, su puerta corredera se abrió y
ella apareció de la oscuridad.
Con una toalla en la cabeza y vestida con una bata muy vaporosa , así
apareció, y aquella imagen le hizo
incorporarse en la silla.
Caminando muy despacio hacia el borde exterior, con la cabeza baja,
sin percatarse que el otro estaba en la terraza de al lado observándola, se
retiró la toalla, y su cabello largo y
húmedo cayó solo encima de su pecho . Cada movimiento de sus manos abriéndoselo
para secarlo , eran algo sugerente para un Steve que no perdía detalle.
Con los ojos cerrados sacudiéndose el pelo, el escote de la bata abrió
más de la cuenta pudiendo él ver parte
de su seno al descubierto.
Cuando ella los abrió, fue cuando se dio cuenta de que la
observaban y giró hacia su izquierda.
Notó demasiada abertura en su escote y lanzó la mano hacia él para
taparse.
Pronto, la incomodidad dejó paso a una serenidad incierta y extraña.
La calidez de su mirada la tranquilizaba , pero era ese sentimiento de
familiaridad lo que realmente la desconcertaba. Hacía mucho que ningún hombre
la miraba de esa forma.
Se levantó y se acercó hasta donde su parte de barandilla se lo
permitió , con sus manos en el borde de madera.
• STEVE: Quería saber
si estabas bien.
Su tono sincero junto a aquella imagen le desmoronaba las defensas.
• SARAH: ¿Por?
• STEVE: No he podido
evitar observarte durante la cena.
• SARAH: Ni tampoco durante la tarde por lo que se ve.
Cogiendo el tono de su voz
femenina y con agarre, seguía a la defensiva , aunque de otra forma.
• STEVE: - más que
conciliador- Sarah, hemos empezado con muy mal píe, y…..la verdad, quisiera que
esto sólo fuese una anécdota producto de un malentendido. Ya sabes, empezar de
cero.
• SARAH: ¿Empezar de
cero? ¿El qué exactamente?
Él cruzó sus brazos sobre su pecho
• STEVE: Lo que trato
de decir es que dado que vamos a trabajar juntos durante bastante tiempo,
podríamos tratarnos al menos con ….cordialidad.
Ella se había apoyado justo en frente suya, en su lado de valla, teniendo control absoluto sobre lo que se
presentaba ante sus ojos . Cada mirada, cada movimiento de sus manos semi atrapadas sobre su cuerpo……..
Sarah no se reconocía. Hacía mucho tiempo que ningún hombre la había
llamado tanto la atención como Steve lo hacía, y era su cabeza la que ponía
todas las excusas posibles para dejarse llevar.
Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca como para lograr ponerla
nerviosa y que fuese su pecho lo primero que topase con sus ojos, no pude
evitar que sus ojos recorrerán cada centímetro de aquel cuerpo , y que su mente
pensara en su juventud, en lo que supondría tener aquella piel en sus manos, o
aquel cabello entre sus dedos. Un hombre mucho más joven que la imponía y mucho, sobre todo en las distancias
extremadamente cercanas y si se le ocurría hablar en aquel todo pausado y
profundo, con aquel exquisito , perfecto y modulado acento inglés.
• SARAH: ¿Cordialidad?
• STEVE: Sí. Es que la verdad, no estoy acostumbrado a
tratar a los compañeros como desconocidos todo el tiempo, es bastante incómodo.
Ella soltó el cuello de la bata y se removió el pelo. Los dedos de
Steve se agarraron con más fuerza a sus antebrazos. Cuando lo hubo soltado, con total falta de
pudor y vergüenza, pero sin saber exactamente porqué se sintió con ganas de
jugar un poco.
Las manos agarrando fuertemente
sus antebrazos, no fue la única reacción a su persona que observó. Los ojos de Steve de forma
automática se deslizaban a aquel escote deleitándose.
• SARAH: Y esa presunta cordialidad que quieres
mantener , ¿hasta dónde llega?
• STEVE: - su tono, modulado e insinuante volvió a sus
labios- Bueno, yo hablaba de una
relación profesionalmente cordial.
¿Hasta qué límite quieres llevarla tú?
• SARAH: Para ser tan
joven, veo que no es fácil que una mujer te intimide.
• STEVE: - sonriendo-
No , no es fácil.
• SARAH: ¿Ha habido
alguna que lo haya conseguido?
• STEVE: - pensativo
y extrañado, frunció el ceño- Sí. Una.
Un cierto tono de añoranza parecía emanar de aquella afirmación.
• SARAH: - moldeando
sus labios al hablar consciente de que él la observaba- ¿Y cómo lo consiguió?
¿El perfecto caballero inglés se rindió tan fácil?
• STEVE: No podía no
hacerlo, la respetaba demasiado.
Aquel tono , serio ,pausado y ahogado se fue introduciendo en ella a
medida que cada palabra era dicha. Ella no podía seguir por el mismo camino que
venía describiendo. Parecía haber dolor
tras ellas.
• SARAH: ¿Y qué
consiguió en contraprestación tal mujer ?
• STEVE: - respiró
profundamente y mirando al mar contestó-. Que la amase como nunca había amado a
nadie.
Cuando él volvió a centrarse en su persona, no la miraba de la misma
forma, y dese luego el juego se daba por terminado.
Sarah casi se sentía culpable de haberse comportado como una cría no
acorde a su edad. Haberse dejado llevar de aquella manera , comenzó , al
revisionar mentalmente , en tan sólo un segundo , las imágenes, comenzó a no encontrarse cómoda
consigo misma.
• SARAH: Esto – con
dificultad- será mejor que me vaya a la cama.
• STEVE: Sí. Mañana
toca el cierre.
• SARAH: Buenas
noches.
• STEVE: Que
descanses. Buenas noches.
Cuando cerraba la puerta de la
terraza, su porte, alto, junto a la barandilla de madera, con los brazos cruzados
y mirando cabizbajo al mar , le dejó peor imagen de sí misma de lo que cabía
esperar.
Cerró las persianas, e intentó pensar en lo pasado y lo sentido.
No parecía reconocerse cada vez que él se encontraba cerca.
Aquella voz seguía su canto melodioso y sereno, aquella sensualidad
definida y concreta explotada al máximo, imágenes sueltas de lo que sus manos
podrían hacer en su cuerpo, y una vuelta a la cruda realidad como signo de que
pese a todo, ella debía aparentar la
edad que tenía en todos los aspectos .
Recostada en la cama, sin poder conciliar el sueño, sólo una idea
rondaba su cabeza una y otra vez: que esa misma mujer madura, recubierta de una especie de halo de
superioridad , guardaba en su interior auténticos deseos de perder la cabeza,
de olvidarse de todo, de saltarse las reglas no impuestas aunque sólo fuese una
vez para ver qué se sentía. Pero no podía.
Ana Patricia Cruz López
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Tensión muy bien redactada, demasiado, tanto que me ha tenido con la garganta cerrada toda la lectura. Era poner la cara e imaginárselo realizando todos esos movimientos.
ResponderEliminarUna magnífica segunda parte, ahora a por la tercera..