CAPITULO SEXTO
(TERCERA PARTE)
“Me doy cuenta de que algo me falta porque mi piel ha dejado de dolerme
ya no está hecha jirones y el roce del viento ni me duele
Has dejado de ser un hermoso recuerdo para convertirte en una sombra
Me doy cuenta de que algo me falta porque el aire ha dejado de ser
denso.
Me doy cuenta ………………”
¿UN ENCUENTRO O
UNA TRAMPA?
(Tercera Parte)
Nada hacía presagiar que aquel fin de semana se convertiría en uno de
los más complicados con el que tuvo que
lidiar Sarah en toda su vida.
La última coincidencia , la de la sesión de clausura. Él parecía haber decidido concentrarse en
las jornadas y en relacionarse con viejos conocidos evitándola por completo.
Ella tampoco quiso molestarle, no sabía cómo afrontar lo provocado la noche
anterior . Dicha actitud por parte de ambos,
permitió a Sarah respirar un poco más tranquila.
Nada más terminar de hablar el último de los oradores, el Presidente
de la Asociación , como si algo le quemase, ella desapareció.
Durante el recorrido de vuelta, comenzó a pensar en el día a día a
partir de ahora tras lo pasado con él.
La convivencia en el Departamento resultaba ya dura de por sí, como para encima encontrarse con serias
complicaciones en el tratamiento diario,
claro que, todo quedaba en una gran
incógnita que comenzaría a resolverse el lunes.
Y el lunes llegó, y esa primera hora en el Departamento, fue la mejor prueba de lo que ella
consideraba que pasaba a ser una especie de fricción silenciosa que se
mantendría en los días posteriores.
Si llegaba ella y él se encontraba dentro, se daban los buenos días más correctos que
pudieran existir, pero él siempre
encontraba el momento oportuno para desaparecer y coincidir con ella lo menos
posible.
Si era ella la se encontraba en su interior, su visión resultaba tan
efímera como una exhalación.
Acercándose las fechas en que tendrían que comenzar a ponerse de
acuerdo en los temarios de la parte común de
comparada, fue Sarah la que
decidió tomar las riendas y hacer acto de presencia para que las cosas
volviesen a la normalidad, partiendo de
algo que él mismo le había propuesto aquella noche.
Una tarde, al salir de clase , le pareció ver a Steve caminando por el
pasillo en dirección al ascensor. Cuando , tras mirar más detenidamente logró
reconocerle, corrió a dar con él, pillándolo sólo justo cuando la puerta se
terminaba de cerrar.
Firme, serio, con una de sus manos ocupadas sosteniendo unas carpetas
y mirada fija a la puerta, no
representaba el mejor entorno posible para una negociación, pero Sarah debía intentarlo.
• SARAH: ¿Cuánto
tiempo vas a seguir así?
Steve no contestaba, ni siquiera se molestó en retirar la vista de la
puerta del ascensor.
• SARAH: - se le
colocó delante sin recibir la menor
reacción por su parte- Necesito que hables conmigo ¿te has dado cuenta de qué se acerca la fecha
para ponerse de acuerdo con lo de
comparada?
Steve seguía sin querer reaccionar ignorándola por completo, mientras
Sarah comenzaba a ponerse nerviosa. Su paciencia siempre tenía un límite muy
pequeño.
• SARAH: Está bien, -
dijo determinante- me vas a obligar a hacer algo que a ti te encanta.
Se giró y paró el ascensor de golpe apretando el botón de STOP ante la
mirada sorprendida de Steve, mantenida
cuando ella le devolvió la cara.
• SARAH: Vaya, por
fin he conseguido que me prestes
atención.
• STEVE: -
ligeramente molesto - ¿creía que odiabas los espacios cerrados?
• SARAH: Y los odio ,
pero ha sido la única salida que me has dejado . ¿Cuánto tiempo más vas a
continuar con esta actitud?
Con gesto terriblemente serio y ceja levantada al hablar, sólo una
actitud desbordante de ironía podía acompañarle en ese instante, lo que
alteraba mucho más a Sarah.
• STEVE: No sé de qué
estás hablando.
• SARAH: Me evitas
, apenas me saludas , me doy la vuelta y
ya has desaparecido. Me paso el día dejándote notas en la mesa y en todos lados
cuando necesito hablar algo contigo, y
aun así las ignoras casi todas.
• STEVE: Estoy muy
ocupado, revisaré mi agenda y te diré algo. ¿te importa darle al botón de
nuevo? Llego tarde.
• SARAH: Has
terminado todas tus clases.
• STEVE: O le das tú
o lo hago yo, elige.
Sarah se colocó sobre el cuadro de botones con las manos también a la
espalda.
Él dejó caer las cosas que
llevaba en el suelo, se apoyó en la pared del ascensor que tenía justo detrás y
bajando la cabeza hizo gesto de negación, respiró sonoramente, y cuando volvió
a alzarla, su gesto enfurecido lo acompañó de una arrancada hacia ella
frenándose sólo unos centímetros antes.
• STEVE: ¿te retiras
por las buenas o te retiro yo?
• SARAH:
-sorprendida- ¿No serás capaz de hacerme
daño?
Mirándola fijamente, fue acercándose a
su cara . Por su parte, cuanto más cerca lo tenía más inmóvil permanecía
ella. A tan sólo unos centímetros de poder disfrutar de sus labios y con una Sarah con un cuerpo casi
flácido y manejable, le pasó unos de sus brazos por la cintura acariciando parte
de su espalda con la mano , y amagando besarla, aprovechó para
apartarla ligeramente, mientras que con la otra mano apretaba el botón
del Stop comenzando a moverse el
ascensor. Sin embargo, lejos de soltarla de inmediato, se sentía muy cómodo
teniéndola tan cerca y a su plena disposición , realmente tentado de besar
aquellos labios entre abiertos que
pedían a gritos ser besados aunque su
portadora no fuera consciente de ello.
El ascensor se detuvo, y aquellos ojos inquietantemente azules fueron
alejándose de ella. Esa fue la última imagen que Sarah tendría de él aquel día.
Unos días más tarde, antes de entrar a clase , Candice se encontró con Steve en el pasillo
de acceso a las aulas , dirigiéndose ambos al departamento . Aprovecharon para
acompañarse y así poder hablar de lo más distendidos hasta que se encontraron
con una imagen inesperada. Sarah hablaba acaloradamente con Bruce , su editor.
Parecía muy molesta , él no hacía más
que intentar cogerla por la cintura ,
tocarla y atraerla hacia sí,
mientras ella insistía en retirarle las manos de su cuerpo mostrándose
muy incómoda.
Steve y Candice se detuvieron y
no pudieron por más que observar aquella
escena.
• STEVE: ¿Quién es?
• CANDICE:
Bruce, su agente y editor desde que empezó.
• STEVE: No parece
que la relación sea muy cordial.
• CANDICE: No me
extraña. Si los hubieras visto hace años no dirías lo mismo.
Steve miró a Candice extrañado
por el comentario, pero presuponiendo a
qué se estaba refiriendo.
• CANDICE: La peor decisión
que haya podido tomar en su vida, pero por más que se lo advertimos no hizo
caso.
Continuaron caminando hacia el Departamento, mientras Steve seguía observando a Sarah hasta que la perdió de vista.
Una vez en el despacho, Candice continuó poniendo al día a Steve,
mientras éste preparaba dos tazas de café.
• CANDICE: A mí
personalmente nunca me gustó, jamás me fie de él, pero
sabía jugar sus cartas y ella acabó cayendo. No sé cuánto se habrá embolsado ese tío por
las publicaciones , pero desde luego mejoró mucho su status .
• STEVE: - Le acercó
su taza y se sentó en frente suya - ¿Y cómo se conocieron?
• CANDICE: Es
complicado. Los presentó un amigo común por aquel entonces. Alguien que tardó
en darse cuenta de quién era Bruce en realidad , y que al final tomó partida por ella. Fue
horroroso. Llegó un momento en que la tenía casi en exclusiva, trabajando en
los libros permanentemente. Apenas la veíamos o sabíamos de ella. Recuerdo que
la primera voz de alarma llegó, cuando me la encontré en un acto de
presentación de un libro suyo y me asusté.
• STEVE: ¿Por?
• CANDICE: Llegó a
bajar peligrosamente de peso en muy poco tiempo. Siempre fue una mujer esbelta,
fibrada. Normal pero con atractivo. Y de pronto, en pocos meses, se desmejoró
mucho. Incluso tuvo que reducir sus
clases aquí. Apenas dormía y su aspecto
empeoró rápidamente .
Un día le llegó una invitación de Oxford, como profesora invitada para participar en un
simposio y dar clases magistrales. Tres meses en donde los ingleses la tuvieron
en exclusiva, y lo más importante, lejos
de él.- Ese particular tono al referirse a Bruce, le daba a Steve la
perspectiva aproximada de cómo debía ser esa relación- Menos mal que logré convencerla de que era
una gran oportunidad y que el cambio de aires le vendría estupendamente. ¡Dios!
Y tanto que le vino. Me acuerdo de hablar con ella por teléfono, y notar el
cambio en su voz en cuestión de pocas semanas.
Pronto se encontró cómoda, inspirada. Me enviaba fotos y se la veía
estupenda y radiante. Era precioso oírla así después de todo lo que había
pasado, estaba ilusionada con el comienzo de otra obra, con su vida allí y con
la gente que había conocido. Por más que le preguntaba si había algo más detrás
de todo aquello, nunca me dijo nada, y
eso que teníamos muchísima confianza y siempre nos lo hemos contado todo, pero
en mi interior sabía que algo pasaba. Que algo grande debía de estar
ocurriéndole. Me recordaba tanto a la Sarah que fue alumna mía, jovial ,
alegre, y llena de vida. Y me alegré
tanto por ella aún sin saber nada, porque después de todo lo pasado , se lo
merecía.
Cuando regresó tardó en habituarse, no paraba de decir que se volvería
a Londres con los ojos cerrados, y entonces me lo enseñó.
• STEVE: ¿El qué?
• CANDICE: Era un
secreto que sólo conocíamos nosotras dos, porque era tan perfecto que no quería
desvelar nada, pero entonces cometió el error de enseñárselo a Bruce, y éste,
apenas leídas dos páginas, comenzó a emocionarse diciéndole lo muy vendible y
exitoso que podía llegar a ser ese libro. Craso error.
Hasta que aquella maldita noche llegó.
Steve, atento a todo cuanto Candice le narraba, comenzó a presagiar
que aquello se tornaría casi más dramático si cabe, a juzgar por los ojos de la
compañera.
• CANDICE: Aquella
maldita noche de hace seis años… Recién llegada de Londres, fue directa a la casa de Bruce para recoger sus cosas ,
decidida a marcharse, y comenzar una nueva vida. Él celebraba una fiesta . Lo
que sucediera en aquel dormitorio sólo lo saben ellos .- se quedó pensativa por
un instante- , o más bien sólo él, ahora.
Ella cogió el coche para regresar a su casa. Lo siguiente , fue despertarse cuatro meses
después de un coma.
El rostro de Steve cambió radicalmente.
• STEVE: ¿Un
accidente?
• CANDICE: Le
acababan de cambiar una medicación que tomaba. Al parecer se desvaneció
conduciendo. Según el informe policial, el coche había dado varias vueltas de
campana antes de empotrarse contra un
árbol. Se dañó la cabeza. Durante su
larga estancia hospitalaria avanzó mucho,
y una vez fuera, logró recuperar
bastante, pero parte de su memoria
quedó aún muy dañada . Cuando regresó a casa,
habían muchas cosas que no recordaba, nombres, caras, relación con
ciertas personas. Para muchas cosas empezaba de cero. Lo peor era la actitud de
Bruce con ella, presionándola para que lo terminara y ella se sentada ante el
ordenador, con un ataque de ansiedad por
no poder continuarlo , por no sentir ni entender su vinculación con aquellas
letras. Y así ha seguido hasta hoy. Lo peor es su incapacidad para sentarse y
escribir otra cosa. Está tan obsesionada con acordarse y terminar ese…… Siempre
ha creído que si lograra terminarlo,
resolvería las dudas que le permitirían tapar los huecos en su
biografía. Nunca logré entender esa vinculación tan intensa con ese maldito
libro, y creo que ella tampoco. Por eso necesita averiguarlo,
para volver a ser ella.
Steve se frotaba la barbilla mientras no perdía detalle de todo lo que
Candice le contaba.
• CANDICE: Ahora por
lo visto, éste debe de estar quedándose
sin clientes e intenta recuperarla.
• STEVE: ¿Intentar
volver con ella dices?
• CANDICE: Es un tipo
muy convincente, y si tiene que usar el tema personal lo hará, en eso es un
profesional. En fin , me voy o llegaré
tarde a la clase. Ah , por cierto, te
ruego la máxima discreción con esto.
• STEVE : No te
preocupes, sé guardar un secreto.
Una hora después, Sarah entraba
muy nerviosa al Departamento tirando las llaves sobre la mesa. Steve se
encontraba terminado algo en su portátil pero no perdía detalle de lo que
estaba ocurriendo.
Parecía buscar algo , pero ni
ella misma sabía el qué, dónde o cómo.
Tan ofuscada entró en el despacho,
que ni siquiera se percató de la presencia de Steve. Ni veía ni oía nada
.
• STEVE: ¿Te ayudo?
Ella seguía removiendo papeles encima de su mesa. Su cara , hinchada y enrojecida lo decía todo,
se había enfadado mucho y había llorado , y esto último muy recientemente.
Steve insistió.
• STEVE: ¿Puedo
ayudarte?
En su ofuscación , continuaba
caminando desesperada por toda la
estancia.
Steve se levantó de su silla, y aprovechando que debía venir hacia él
cuando se diese la vuelta, se le colocó justo delante logrando que al menos lo viera.
• STEVE: Bienvenida a
la tierra.
Pese a verle , estaba como ida, con la cabeza en otra parte y pensando
en mil cosas al mismo tiempo, hacía esfuerzos titánicos por acordarse de lo que
ella sólo sabía.
• SARAH: Perdona
Steve, no… no te había visto.
• STEVE: ¿No me
digas? Si no fuera porque has entrado como una locomotora , tirándolo todo y
buscando qué se yo, no me habría dado ni
cuenta.
Sarah reconoció de nuevo al Steve de los toques irónicos , el de los
mensajes velados, el de las indirectas y dobles sentidos.
Él pudo comprobar, que la tensión no desaparecía de su cuerpo
pese a sentarse. Que con sus ojos,
seguía inquieta buscando algo que sólo ella conocía o creía saber, pero no estaba segura.
Sentado en frente , en el filo
de la mesa , intentó que se olvidase de lo pasado.
Pese a continuar dándole vueltas a la misma idea en su cabeza, el par
de veces que levantó la vista y le tuvo en frente, le pilló observándola.
• SARAH: ¿Qué?
Por alguna razón que ella desconocía,
pero en la que no podía pensar en ese momento, la actitud de él para con
ella había cambiado. Lo percibía más amable y sereno, y aquella media sonrisa
dibujada en su rostro mientras hablaba con ella y la analizaba
concienzudamente, pese a haberla visto en otras ocasiones, tenía la impresión
de que esta vez no gozaba del mismo significado.
• STEVE: Ven conmigo
a cenar, esta noche.
Sarah paralizó todos sus pensamientos. No sabía cómo reaccionar ni qué
contestar. No estaba segura de haber entendido correctamente.
• SARAH: ¿Perdón?
• STEVE: Te estoy
invitando a cenar esta noche conmigo, y te advierto que no admitiré un no por
respuesta.
Ella seguía mirándolo incrédula.
• STEVE: Y antes de que
me digas que es un mal momento y el peor día, te diré que el momento es
inigualable y el día el idóneo.
Ella se encontraba algo confusa por
aquella proposición , aunque sólo fuera por un instante, había logrado
devolverla a una realidad que no terminaba de entender. Lo primero que pensó y
casi lo único, fue la complejidad de un
individuo que se pasaba semanas sin apenas hablar con ella, y que de repente , sin saber la razón, la
invitaba a cenar.
• STEVE: Ahora tengo
que irme, tengo clase, pasaré a buscarte
por tu casa a las seis. – antes de terminar de salir por la puerta , lanzó la
vista hacia ella que seguía mirándole sin saber qué decir- Por cierto, no
recibo bien los plantones.
Y se marchó.
Aquella situación le resultaba de los más extraña, casi típica de
una película de intriga cuyo
director hubiese perdido la cabeza.
Aunque era cierto que para ella no era ni un buen momento ni un buen día, sólo
por pura curiosidad no pensaba faltar a la cita.
Tras pasar el día atareada , llegó la hora de que Steve la recogiese
en su casa , y justo en el momento en que miraba el reloj , le pareció ver una
figura andar hacia él por el rabillo del ojo.
Giró la cabeza hacia el portal y era ella. Su complacencia, sólo era explicable por la visión de sus piernas haciendo oscilar sus caderas
vislumbradas por el movimiento de su falda , teniendo la misma agradable
sensación, que cuando confirmó en los
Hamptons que aquella mujer de la impresionante Ducatti, era ella.
Por su parte, habituada a verle ataviado más de sport si cabe,
Sarah se encontró con un más que
elegante Steve con traje de chaqueta azul oscuro , chaleco y corbata a juego.
• STEVE: Puntual.
• SARAH: - mirándolo
de arriba abajo- Siempre.
Se subió detrás de él, Steve retiró su brazo izquierdo del manillar y
se medio giró hacia detrás , miró a Sarah a los ojos , y bajándolos, se fijó en
sus manos, y le gesticuló para que se
agarrase a él. Sólo cuando la sintió fuertemente agarrada , se sonrió y
arrancó.
Aquella noche Nueva York se mostraba preciosa en toda su plenitud. El
cielo volvía a mostrase eternamente despejado, y apenas hacía brisa. Por el
rumbo que Steve tomaba, se veía venir
que se acercaban mucho al río, reconociendo ella pronto el lugar donde la llevaba.
El restaurante escogido era el Hudson River Café, justo donde ella
vivía , en Brooklyn.
Sin duda, uno de los lugares más exclusivos de Nueva York y de los
Estados Unidos. Ubicado bajo el puente de Brooklyn, contaba con unas vistas panorámicas al horizonte de Nueva York
y a la Estatua de la Libertad . No sólo se podía gozar de su impresionante
cocina, sino de degustarla aderezando los alimentos con la mejor carta de vinos
del país, y música en vivo bajo los acordes de un romántico piano.
Nada más entrar, uno de los empleados fue a dar con ellos. Les
acompañó a la mesa, una de las que mejor vista contaba de toda la bahía. Él la
ayudó a quitarse la chaqueta, redescubriendo , conforme la misma se deslizaba
por sus brazos, aquella misma espalda desnuda de la primera vez que la vio con aquel
vestido verde oscuro. Una piel que en su momento deseó tocar, y cuya sensación
mental , le resultaba extremadamente placentera.
Tras visualizar la carta y realizar los respectivos pedidos , a él le
tocó escoger el vino de acompañamiento, lo que no resultó muy fácil teniendo en
cuenta su amplia y selecta carta.
Y por fin, quedaron solos.
Aquel momento inicial de silencio perturbador y cómplice, sólo roto por la
suave música de piano que sonaba desde el fondo de la sala, culminaba con el
intercambio de miradas hacia la bahía o hacia el otro contrincante.
De pronto, ante la indecisión de Steve sobre si era el momento
oportuno para decir lo que realmente pensaba , fue ella la que decidió romper
el hielo.
• SARAH: Precioso
sitio.- mirando la bahía- .
• STEVE: - sin dejar
de mirarla a ella- Desde luego ¿no habías estado antes?
• SARAH: - con una
ligera y tentadora sonrisa - Teniendo en
cuenta su fama , no. Aunque tampoco
conseguí nunca a nadie que me trajese.
• STEVE: ¿Fama?
Sarah se sonrió mucho más , pareciera que por una vez el Sr Lowell no
era tan listo como parecía.
• SARAH: Mira a tu
alrededor.
Steve lo hizo.
• SARAH: ¿Qué notas
de particular?
Steve observó todo a donde su vista alcanzaba.
• STEVE: ¿Personas
cenando?
• SARAH: Parejas más
bien. Todo el mundo sabe, que aunque
aquí se celebran también otro tipo de
eventos , es el lugar preferido por las parejas. Está considerado uno de los
restaurantes más románticos de los Estados Unidos.
• STEVE: ¡Vaya!- no
pudo evitar reírse.
El gesto de su cara si era natural, nada fingido. Pareciera que alguien se lo había recomendado pero que al
final no le contara toda la historia.
Sarah estaba demasiado pensativa , y Steve no se resistió a preguntar.
• STEVE: Se que la
inmensa mayoría de la gente odia esta pregunta, pero no puedo evitarlo ¿En qué estás pensando?
• SARAH: Tienes
razón, la inmensa mayoría la odia. Mientras la otra inmensa minoría sólo desea
que al menos , una vez en su vida, se lo pregunten.
• STEVE: Y tú ¿ en qué lado te sitúas?
• SARAH: ¿De verdad
quieres saberlo?
• STEVE: - más
distendido- Por supuesto.
• SARAH: Está bien, tú lo has querido. Digamos que
estoy en esa inmensa mayoría que odia profundamente hasta el tono
condescendiente con el que se formula. Cómo si realmente, quién la hiciera,
necesitara quedar bien de alguna forma con respecto a la persona a la que se la
hace.
El rostro de él cambió. Casi cabizbajo por lo que consideraba una
nueva metedura de pata sin sentido , se limitó a mirar el pie de su copa. Sin
embargo, ella supo sorprenderle, como no cabía esperar menos.
• SARAH: No obstante,
dado que en ti, ese tono no es pretendido,
te diré, que me preguntaba por la
verdadera razón que te ha hecho invitarme a cenar después de estar tanto tiempo sin apenas hablarme. De la
selección del sitio prefiero no decirte lo que estoy pensando.
Sin levantar la cabeza, sus ojos si ascendieron lentamente hacia el
rostro de aquella mujer. Aunque tal afirmación le abría la veda para volver a
ser él, el de antaño, no quería. Algo había cambiado y el planteamiento
también.
Cogió la botella de vino, se ofreció a servirle más, ella lo miró, y
sin dejar de observarlo, acercó su copa a la boca de la botella.
Tras el momento de tensión inicial, conversaron de lo más apacibles y
tranquilos. Ya fuera trabajo el tema escogido, o simplemente, la vida de cada
uno en ambas ciudades, con la copa final
y la sobremesa, y ambos mucho más
relajados por el ambiente y la música de fondo, la conversación tomó otros
derroteros.
Ahora era Steve el que se mostraba ligeramente pensativo y Sarah la
que le hostigaba serenamente a confesarse.
• SARAH: ¿Y tú en qué
lado estarías? ¿El de la mayoría molesta o el de la minoría necesitada?
Él ya sabía lo que venía a continuación, sin embargo, prefirió
retarla.
• STEVE: Arriésgate.
• SARAH: Está bien.
¿Vas a esperar a que te lo pregunte o me vas a responder?
Sentado cómodamente, de medio lado con las piernas cruzadas, y cabeza
ligeramente ladeada, suspiró, se río , y mientras veía juguetear
dos de los dedos de su mano derecha alrededor del borde de
la copa, se humedeció el labio inferior y se lo mordisqueó, para acabar
elevando la mirada hacia ella. El recuerdo , en el ascensor, de aquellos labios
entre abiertos, le resultaba
tremendamente recurrente dadas las circunstancias.
• STEVE: En ti.
Sarah no pudo evitar sonreírse , tanta seguridad por su parte
resultaba incontrolablemente abrumadora. Sintió que se ruborizaba y bajó ligeramente
la cabeza jugueteando con parte del
mantel.
• STEVE: Vaya, ¿la
Dra. Mcbridge se ruboriza…?. Nunca imaginé que aún quedase timidez en ti o ¿es
falta de costumbre ?
• SARAH: Quizás un
poco de las dos cosas. – a ella le costaba mucho mantener los ojos en él tan
sólo por la forma en que la estaba mirando. Podría decirse que si los ojos
expresaran lo mismo que unas manos, su cuerpo era reconocido por completo, y ella podía sentirlo- Quizás es que tampoco
esté acostumbrada a….- él la interrumpió-.
• STEVE: ¿A que sean
tan directos o tan sinceros?
Un frío helado comenzó a recorrer su cuerpo.
• SARAH: A que sean
,simplemente.
• STEVE: Entonces, lo entenderé como falta de
costumbre tal vez.
• SARAH: O falta de
sociabilización.
• STEVE: No entiendo
como una mujer como tú está sola.
• SARAH: ¿Una mujer
cómo yo?
• STEVE: Sí. Sólo por
tu inteligencia resultas una tentación demasiado irresistible.
Sarah no daba créditos a lo que estaba escuchando.
• SARAH: - se sonrió-
O la mejor excusa para salir corriendo en sentido contrario. No todos los
hombres se sienten cómodos con alguien como yo.
• STEVE: Ni a todos
nos gusta correr en sentido contrario cuando encontramos a alguien como tú.
• SARAH: - sin dejar
de sorprenderse- Directo y honesto, extrañas cualidades .
• STEVE: ¿Para quién?
¿Para un joven de treinta y tantos?
• SARAH: Yo no he
dicho eso.
• STEVE: Pero lo
piensas.
• SARAH: No te pido
que lo entiendas , pero , estoy demasiado acostumbrada a tratar con personas ,
con …..hombres…….. cuya edad oscila en ese intervalo, y ninguno me ha
demostrado ninguna de esas cualidades , salvo para realizar alguna proposición
y no de estudios precisamente.
• STEVE: Si
consiguieras por una vez mirar al hombre
en vez de a su fecha de nacimiento,
entenderías la cantidad de cosas que probablemente te estés perdiendo.
• SARAH: Siempre he
sido una persona abierta a todas las posibilidades.
• STEVE: ¿Incluso a
saltarte tus propios principios , tus
prejuicios , cómo el de la diferencia de edad?
• SARAH: - interesada
por lo que parecía ser una más que interesante propuesta, decidió continuar el
juego- Podría.
• STEVE: ¿De qué lo
harías depender?
• SARAH: De la
persona.
Steve se medio incorporó con sus brazos encima de la mesa y sus dedos
entrecruzados , continuó saciando su curiosidad.
• STEVE: ¡Exigente!
• SARAH: En función
del valor que me otorgo, nunca menos.
Era esa presunta seguridad en sí misma y su tez deliciosamente
descarada e insinuante, sin aspavientos, lo que más le llamaba la atención a
Steve.
Sarah, conocedora de sus elementos atractivos, sin exagerarlos,
disfrutaba siendo contemplada con la serenidad de aquél joven y brillante
escritor, qué parecía saber muy bien lo que quería.
• STEVE: Inteligente,
segura de sí misma y con capacidad de
respuesta. Sorprendente.
De pronto , Steve reparó en la música ambiental que sonaba de fondo,
se levantó, y frente a ella, le extendió la mano esperando que aceptase bailar
con él.
Sarah, con la mejor perspectiva
posible de aquel rostro dulcemente sonriente, aceptó la invitación, y
cogiéndola con determinación, la llevó
hasta el centro de la pista.
Mientras una de sus manos mantenía la de ella , con la otra, en su
espalda desnuda a la altura de la cintura, la atraía ligeramente hacia
su cuerpo . La sensación del tacto de su
piel resultaba tan atrayente como
extraño. Al abrigo de su pecho , y con su barbilla y sus labios a la altura de
sus ojos , todo escalofrío desaparecería.
Y así estuvieron durante algunas piezas, momento en donde mil y una
sensaciones se entremezclaban. Donde ella volvía a sentirse extrañamente cómoda
, como en Los Hamptoms, y de nuevo, sin
saber por qué. Ese calor, esa
confortabilidad, esa seguridad que él le transmitía. Pero prefirió no pensar,
por una noche la mujer aparecía para dejarse llevar y disfrutar del momento,
hasta que llegó la hora de volver a
casa.
Una vez Steve llegó , paró el motor y ambos se bajaron de la moto
.
• SARAH: Ha sido una
velada muy sorprendente.
• STEVE: Sin duda,
habrá que repetirla.
Aquella media sonrisa combinada con su temperamento teñido de azul, lo
revestían de un halo especial.
• SARAH: Sí.
• STEVE:
-Encontrándose tentado de besarla, y casi seguro de que su receptividad estaba
asegurada, prefirió despedirse- He de marcharme.
Sin que ella se lo esperase, y a punto de que él se subiera a la moto,
ella, imprevisiblemente, se dio la vuelta, y lo vio acercándose. Tras mirarle los
labios por un solo instante, la besó
tiernamente en la mejilla, y mientras la
miraba a los ojos, le deseaba las buenas
noches.

Se mueven más fichas dentro del juego.
ResponderEliminarLa historia de ella con Bruce, menudo....prefiero no estropear el mensaje.
Ahora toca averiguar que nos deparará la relación, que sucederá con esa historia inacabada que la tiene intranquila, que sucederá con Bruce y que más guardará en su interior ese escritor de treinta y tantos.
En resumen general, un capitulo largo que se ha hecho corto, como momentos tensos y más tranquilos, una oscilación agradable y tentadora.
Besis.