martes, 11 de agosto de 2015

UNA HISTORIA INACABDA. CAPITULO SEXTO . 1ª PARTE . ¿UN ENCUENTRO O UNA TRAMPA? (Registrado en SAFE CREATIVE. JUNIO 2015)


                                      CAPITULO SEXTO 1ª PARTE 


“ Enséñame a darme cuenta de quién eres
Enséñame a darme cuenta de lo qué realmente significas para mí
Enséñame a sentirme viva
Enséñame a vivir
Enséñame a necesitarte
Enséñame a amarte”

¿UN ENCUENTRO O UNA TRAMPA?

Aquella mañana Candice recogería un sobre en portería. Se acercaba la fecha del encuentro anual de literatura que organizaba la Asociación de Literatura Americana y a la que ella acudía puntualmente. Al abrirlo,  se sorprendió gratamente por el lugar escogido este año: LOS HAMPTONS, todo un lujo al alcance de unos pocos. En la costa de Nueva York y no lejos de donde ellos se encontraban.


Steve llegaba en ese momento para firmar el registro y recoger una documentación,  cuando al pasar por detrás de Candice, reconoció el escudo de la Asociación de Literatura en la esquina del papel, y con la curiosidad reflejada en su cara, le preguntó.

•             STEVE: ¿Acudirá?

Candice andaba despistada intentando pensar sobre la invitación.

•             CANDICE: Oh Steve! Buenos días.
•             STEVE: Buenos días .
•             CANDICE: ¿Me decía?
•             STEVE: Al pasar he visto de reojo el escudo , me preguntaba si iría al encuentro.

Candice volvió a mirar la carta-invitación  y devolvió sus ojos hacia Steve sumamente interesada y pensativa .

•             CANDICE: Emmm….. tengo por costumbre no fallar, y lo cierto es que  este año hay un incentivo mucho más atractivo.
•             STEVE: ¿Ah sí?
•             CANDICE: Sí, se celebrará en LOS HAMPTONS.
•             STEVE: -Terminando de firmar- Ah vaya. Pues sí, interesante lugar para celebrarlo. – recogió sus cosas y se disponía a marcharse-  Tengo que volver a clase, espero que se decida. Si lo hace, nos veremos allí.

Y se marchó . Candice se quedó pensativa mirando hacia el rastro dejado por él, y , como si una luz se le hubiese encendido de pronto, corrió escaleras arriba en dirección  al Departamento. Con la mano en el pomo de la puerta,  trató de calmarse, respiró hondo y abrió. Sarah se encontraba  leyendo algo en su portátil.

•             CANDICE: Buenos días querida.

Tanta efusividad desde por la mañana estresaba a Sarah que , normalmente, nunca solía levantarse de demasiado buen humor , pero que hoy especialmente parecía más cansada que de costumbre.

•             SARAH: ¿Nos hemos levantado de buen humor eh?
•             CANDICE: En realidad no sé qué decirte, porque me acaban de hacer una jugarreta de las grandes. Para un año que realmente me apetecía…..

Sarah continúo mirando la pantalla del portátil mientras trataba de mantener la conversación con Candice.

•             SARAH: ¿Qué sucede?
•             CANDICE: - Con el sobre de la invitación en la mano- Me acaba de llegar la invitación para el encuentro anual de literatura
•             SARAH: ¿Y?
•             CANDICE: Este año lo organizaban muy cerca de aquí, en Los Hamptons.
•             SARAH: - sin mostrar demasiado interés- ¡Ah bien! Se nota que tienen  pasta . ¿Y cuál es el problema?

Candice intentaba poner cara y tono de pena , aunque sólo fuera por captar su atención.

•             CANDICE: Que  para un año que me apetecía ir………. Una de las zonas más exclusivas de los Estados Unidos….. Una oportunidad única de  codearme con lo más granado de la sociedad estadounidense……….
•             SARAH: - desesperada por la forma de alargar el discurso- ¿Qué?
•             CANDICE: Que resulta que no puedo ir. Me ha surgido un compromiso especial y no podré asistir , y  lo peor es que la Universidad se queda sin representación.- ante la falta de la atención requerida de su amiga la cual continuaba más atenta a lo que hacía que a ella, decidió ir al grano- y claro, como yo no puedo ir he pensado que podrías ir tú.

Candice logró lo que pretendía, Sarah levantó levemente la vista de la pantalla para fijarse en ella que la recibía con una amplia sonrisa.

•             CANDICE: Desde luego tú, como jefa de área departamental representarías mejor a la Institución que yo, y además , una escritora famosa…eso le daría hasta caché.

La sonrisa más que convincente de Candice combinaba a la perfección con la mirada seria y casi amenazante de su amiga por encima de la pantalla.
Al no verla demasiado convencida, cambió de estrategia.

•             CANDICE: Piénsalo, los Hamptons, ¿cuántas veces no habrás querido ir ?
•             SARAH: Nunca.

Le contestó secamente y volvió a centrarse en su pantalla. Candice, ligeramente molesta,  le bajó la tapa de golpe.

•             SARAH: ¡Pero….! ¿Se puede saber qué crees que estás haciendo?
•             CANDICE: No se hablé más , irás por mí y disfrutarás de la sociabilización y el buen tiempo en la zona más  exclusiva de todo el Estado y la Costa Este.
•             SARAH: ¿Estarás de coña? ¿Sabes  todo  lo qué tengo que hacer?
•             CANDICE: ¿Un fin de semana? Sí claro, lo de todos tus últimos siete años de fines de semana : aburrirte.
•             SARAH: -resignada- ¿Y para cuándo se supone que es?
•             CANDICE: Este fin de semana………..¡anda! pero  si mañana es viernes ya , hay que ver que rápido pasan los días. ¿quieres qué te deje el coche?
•             SARAH: -resignada- No puedo creer que estés metiéndome en un lio de los tuyos.
•             CANDICE: No te meto yo, piensa que te mete la Universidad que es en realidad a quién le cursan la invitación.
•             SARAH: Peor me lo pones. No puedo ir a quejarme a Freddy. Eres tú la que me estás metiendo en esto.
•             CANDICE: No me has contestado.
•             SARAH: - con ganas de ahorcarla- No, iré en la moto----la sonrisa de Candice evidenciaba para sus adentros que su plan , al menos, tenía un buen comienzo- ¿Cómo dejo que me enredes siempre?
•             CANDICE: Porque como buena amiga tuya es mi obligación enredarte de vez en cuando.

Y la abrazó fuerte, deseando para sus adentros  que todo saliese como ella había imaginado, aunque sólo fuera por una vez.


Y llegó el temido viernes . Sarah se levantó muy temprano para terminar de cerrar la bolsa  en la que llevaba la ropa y la pequeña  adicional con el neceser. Todo listo para guardar en los maleteros de la moto. Ciertamente,   cualquier excusa hubiese sido perfecta para volver a conducir a  “su niña” como a ella le gustaba llamarla. Sabía que esta vez , el recorrido,  de apenas dos horas de duración , no era suficiente, pero posiblemente , a la vuelta, decidiese desviarse.

Antes de desayunar, decidió  tomar un relajante baño de agua caliente.  Con una toalla enrollada en la nuca  y los ojos cerrados,  los pensamientos y recuerdos vagos, algunos apenas perceptibles , invadían como flashes su mente. 
Aquellas imágenes , algunas difusas, otras muy borrosas capaces de desaparecer en cuanto tratabas de centrarlas, le iban mostrando  una gran sala,  muchos asientos, una  mesa rectangular imponente , mucha gente, pero  sólo figuras sin cara, borrosas.
Le llegaban sonidos, voces no entendibles. Siluetas de lo que parecían libros. Un susurro. Una mano que porta una taza y la coloca delante suyo. Sensación de ser el centro de atención, pero sin poder distinguir a nadie.
Abrió los ojos y sólo estaba el techo.

Salió del baño  con el agua aun recorriendo su cuerpo yse enrolló en la toalla.  Y al pasar  por delante del gran espejo de su dormitorio, tras un instante de pensamiento e ideas cruzadas, soltó la toalla y la dejó caer deslizándose  hasta sus pies.  Su mirada fija hacia lo que el espejo reflejaba de sí misma, una lágrima rebelde y huidiza, y bajó la cabeza para dirigirse hacia la cama y comenzar a vestirse.

“Su niña”, una belleza italiana roja y blanca de 1200 centímetros cúbicos , indomable si no se conoce bien, resultaba incluso hasta agresiva para alguien  como ella, pero su debilidad por aquellas dos ruedas nació mucho antes de que pudiese permitírsela. Y para esa ocasión , como homenaje, nada como una vestimenta acorde . Embutida en cuero negro muy ajustado y botas de fino y alto tacón casi impensables para subirse a lomos de su tanque, Sarah decidió que  necesitaba subirse a ella , como antaño, con la misma seguridad que era capaz de transmitirle.

Llegó a media mañana y resultó el punto de atención preferido tanto por parte de los que acababan de llegar  ,como quiénes  llevaban allí desde hacía horas  disfrutando  de un Brunch en la terraza descubierta del piso superior del hotel que daba al hall de entrada.

Steve  había llegado el día anterior,  y se encontraba hablando  con otros dos asistentes al encuentro cuando el rugido de la moto le desvió la atención.
Con su copa de vino blanco en la mano, no perdió detalle de como aquella figura estilizada y de puro cuero negro y tacones de vértigo , se bajaba de la moto, se desabrochaba y quitaba los guantes y los colocaba encima del tanque.  Bebiendo un sorbo  de aquel delicioso manjar ,  se deleitaba observando , como aquella sorpresiva mujer se desabrochaba y quitaba el casco sacudiendo su cabello, llegándose casi a ahogar  , cuando  comprobó quién era la conductora  al darse ésta la media vuelta  dispuesta a entrar en el hotel con sus bolsas.

No podía creer lo que sus ojos le mostraban , y no sólo por cómo iba vestida. Era la imagen completa de la escena lo que le llamaba poderosamente la atención, sin que pudiera ni quisiera retirar la mirada de ella. Con  cada paso que aquellos finos y altos tacones la traían al interior del hotel, sus caderas, marcadas en aquellos ajustados pantalones , esbeltaban no sólo su figura,  sino un paso casi felino que parecía manejar a la perfección, lejos de la discreción a la que tenía a todos acostumbrados.

Pese a que las jornadas comenzaban el sábado por la mañana,  y ese primer día de llegada se aprovechaba para relacionarse y recoger los programas,  Steve anduvo buscándola sin éxito.

Ella había preferido quedarse a descansar y  admirar la vista a la playa desde la pequeña terraza de su habitación , solicitando a recepción que se le entregase la documentación en ella de camino que pedía la cena.
Con dolor en  el cuello , decidió tomarse un relajante suave.

La noche era realmente deliciosa. Apenas una brisa suave recorría el lugar. Un espectacular cielo azul oscuro , sin ninguna nube que obstaculizase la brillantez de la luz de la enorme luna llena sobre la arena y el agua rompiendo en la orilla.

Al terminar de cenar , con lo último del vino pedido para acompañar la misma en una de sus manos, decidió disfrutar del relax que el entorno y su pequeña terraza de madera  le proporcionaban.
Cerró los ojos sólo un instante mientras gozaba con la caricia de la brisa en su cara.

Sin concepto del tiempo real pasado  , sintió que la observaban. Abrió los ojos, giró la cabeza a su izquierda, y un más que satisfecho e interesante Steve la observaba de pie,  junto a la barandilla que separaba ambas terrazas, con un vaso en la mano .

·         SARAH: ¡Oh Dios!- dijo casi murmurando.
•             STEVE: Buenas noches Dra. McBridge.

Aquel tono guasón de su voz comenzaba a rechinar en sus oídos.

•             STEVE: No esperaba verla aquí.
•             SARAH: - con voz titubeante mientras se sentía analizada de arriba abajo por él- Es que….. en realidad yo no debería estar aquí.
•             STEVE: Lo sé, esperaba ver a Candice en realidad.

Ante lo que parecía más un tono de reproche que de sorpresa,  a Sarah dejó de titubearle la voz, y aprovechando que se encontraba más relajada de lo normal , quizás por la mezcla entre el relajante y  la botella de vino que degustó durante su cena, se envalentonó para sorpresa de su contrincante dialéctico.

•             SARAH: Pues me temo que tendrá que conformarse conmigo  Lowell, ella no ha podido venir. ¿Lo que no sabía es que la Universidad mandase a dos representantes este año?
•             STEVE: No me ha mandado la Universidad.
•             SARAH: - extrañada- ¿ah no?
•             STEVE: No, me invita la Organización, siempre lo hacen. Sólo que este año no tenía excusa.

Aquella respuesta , su prepotencia y su enorme seguridad en sí mismo, la terminaron  de encender.
Se fue acercando lentamente a él desde su terraza, mientras Steve la observaba detenidamente,  puesto que conforme más cerca estaba de ella, la luz a su espalda convertía en traslúcida la ropa puesta desvelando su figura por completo, y sin cortarse lo más mínimo,  y sin que a priori ella pareciera  darse cuenta, degustaba de la espectacular visión mordisqueándose el labio inferior .

·         SARAH: Ah claro, es verdad, me olvidaba, - la más exagerada ironía se apoderó de ella- el señorito inglés y destacado miembro de la comunidad literaria contemporánea  , el escritor de postín , el genio más joven de los aspirantes al nobel, sólo podía ser  invitado  por la Asociación Americana  de Literatura.
•             STEVE: Huuuuuuuuuuu, - dado su estado, decidió tantear provocándola un poco- eso  ha sonado a….

Se acercó hasta donde la línea del muro de madera divisorio le dejó, y para él,  que la notaba  exquisitamente más relajada de lo normal , la visión de parte de un seno por el escote de la camisa larga que llevaba , resultaba de lo más deleitable para los sentidos.

•             SARAH: ¿A qué Lowell?

Ella le cazó mirando a su escote durante un segundo, se miró y en seguida lo retuvo con la mano.

•             STEVE:  Quiera algo o alguien que alguna vez sea capaz de decirme por qué le molesto tanto, por qué le incomoda mi presencia.

Aquellos ojos se le clavaban más íntimamente de lo que hubiera deseado en aquel instante, pero lejos de achantarse, ella se mantenía quieta en el mismo sitio, impávida.

Se dio la vuelta con la intención de marcharse y regresar  al interior de la habitación.

•             STEVE: Nunca ha dado la  pinta de ser una persona que hable con tapujos, ni que no sea sincera y clara, y sin embargo, ante una sencilla pregunta ¿decide marcharse sin responder?

Sarah tomó el guante lanzado empleando su tono más cruel y despiadado, y se dio la vuelta volviendo sobre sus pasos.

•             SARAH: No me conoce Sr. Lowell.
•             STEVE:  Dicen de mí que tengo un sexto sentido bastante afinado, que rara vez se equivoca.

Más atrevida de lo que cabría corresponder por el vino bebido durante la cena  y su mezcla anterior , decidió seguirle el juego, mientras él no perdía detalle del jugueteo de sus labios con el filo de la copa de cristal.

•             SARAH: ¿Y qué es lo que ese sexto sentido le dice de mí si puede saberse?
•             STEVE: No creo que quiera saberlo en realidad. Sólo  me reta para saber si me atrevo, y así otorgarle otra excusa para seguir no tragándome.
•             SARAH: No tiene argumentos. Es un provocador nato,  pero vacío en realidad. Una pena.
•             STEVE: ¿Qué es lo que más le molesta doctora, qué tenga mi historial o qué represente un peligro inesperado?

Ella se sonrió bajando la cabeza y dándole la espalda mientras se sentaba en la barandilla. Ante su sonrisa, él le preguntó.

•             STEVE: Lo que sí estoy seguro , es de que usted se ha hecho una imagen prefijada de mí y creo tener derecho a saber por qué.

Ella dejó de sonreír .

•             SARAH: Está bien. Usted lo quiere , usted lo tendrá. Estoy demasiado acostumbrada a tratar gente como usted Lowell. Sólo es otro inmaduro de treinta y pocos con éxito inapropiado y breve, con más suerte que talento,  al que todo le ha venido de cara , y que no ha tenido que luchar con demasiado esfuerzo por lo que tiene.
•             STEVE: -sorprendido y casi olvidando las formas-  Así que ¿Eso es lo que  piensa de mí? ¿De alguien que no conoce?
•             SARAH: No necesito conocerle Sr Lowell, no es más distinto de otros escritores con éxito de su edad. Hasta que les comienza la cuesta abajo. De hecho ¿cree que su invitación es gratuita?
•             STEVE: Ilumíneme.
•             SARAH: El puesto de Director de Área.

Él se quedó pensativo un instante.

•             STEVE : Lo está cubriendo usted.
•             SARAH: - bebiendo otro sorbo de  vino- Mi querido Lowell, sí, pero de forma interina. Desde hace el suficiente tiempo como para que los Estatutos de la Escuela establezcan que deba nombrarse uno definitivo.

Sus palabras resultaba demasiado contundentes y seguras. Él, que aún desconocía tales términos, expectante, continuó preguntándole.

•             STEVE: ¿Qué está tratando de insinuar?
•             SARAH: Yo nunca insinúo Sr Lowell- apuró su copa y le clavó fijamente sus ojos de forma fría y contundente- yo afirmo.  La única razón de porque se lo han traído hasta aquí ,  es para ofrecerle mi puesto. Es joven, tiene nombre que respalde la institución y al Departamento, y desde luego,  mejor curriculum que la presente que tiene delante, siendo más joven, aunque no lo crea. 
•             STEVE: Pero si hicieran eso , se supone que deberían estar seguros de que me quedo. Y en principio lo más destacado es mi temporalidad.  No tengo intención de quedarme.

Ella volvió a incorporarse y dejando la copa en la mesita de la terraza, se dirigió a él de nuevo.

•             SARAH: ¿Quién sabe? Puede que la oferta le resulte tan tentadora que ya no desee volver. Aunque creo que en su caso, más dependería de si tiene algo en casa por lo que regresar.
•             STEVE: La única razón que haría que me quedase,  le puedo asegurar que no sería económica.
•             SARAH: Todos tenemos un precio Lowell, sea éste dinero, sacrificios o personas. Todos terminamos sacrificando algo por lo que menos creíamos que lo haríamos.

Dio media vuelta, y caminó lentamente hacia el interior. Sólo su voz volvería a retenerla en aquel espacio.

•             STEVE: ¿Realmente cree que he venido para arrebatarle lo que tanto tiempo lleva esperando?

Aquel medio ladear de su cabeza hacia él, del que sólo la luz natural existente dejaba apreciar parte de su rostro, resultaba una imagen evocadora.

•             SARAH:  Yo no he dicho que usted haya venido para ello , cosa diferente es que lo acabe asumiendo.

Y prosiguió su paso cerrando tras de sí la puerta que separaba el saloncito de la habitación de aquel espacio abierto con vistas.

Aquellas respuestas le bastaron a él para comprender ciertas cosas, pero no le otorgaban la tan ansiada claridad sobre otras .
Algo no terminaba de cuadrarle  desde que  había llegado, pero de lo que estaba seguro es de que no cesaría en su empeño.

Ana Patricia Cruz López
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1 comentario:

  1. Curioso inicio de capítulo (de tres partes que tiene) Vamos, sutilmente, destripando cosas, puntos de vista (el de ella en este caso)
    También se aprecia la sensualidad, como ella se transforma cuando está en su moto.
    A continuar con el sexto capitulo...

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