“Caí , no he podido evitarlo. Ni he querido.
Luché por no estar, pero mis fuerzas me pudieron
Escuchar tu voz en mi cabeza una y otra vez no ha ayudado.
Esto no tiene vuelta atrás, y si la tuviera , no la querría.
No hay contención posible ni ganas.
Rendición incondicional ante la más dura de las evidencias.
Todo lo demás es una lucha inútil ante la más cruda realidad.”
LO QUE ES. LO QUE
SIEMPRE FUE.
Como cada mañana , ella se levantó con la noche encima aún. Esta vez,
antes de ir a trabajar, le apeteció hacer una parada en la pastelería
tradicional que se encontraba a la vuelta de la esquina de su casa. Un lugar
acogedor y que a esa hora, recién abierto, aún no contaba con el barullo típico
de los trabajadores. A lo sumo un par de
policías y algún despistado. Famosa por sus croissants de mantequilla francesa
y su chocolate artesanal, Sarah se despertó con aquel especial antojo del que
no disfrutaba tanto como antaño, recién mudada a su piso.
Mientras degustaba cada mordisco como si fuera el primero, la luz del
alba lo iba iluminando todo, la calle comenzó a cobrar vida, los coches
enardecían los silencios con el ruido de sus motores y claxon. Las prisas y el
stress hacían acto de presencia. Los camiones de reparto que no comenzaban
hasta esas horas, se apoderaban de parte
de las aceras casi obstaculizando el paso de los viandantes, mientras en la
descarga de su contenido, todo se iba depositando donde podían.
Toda la ciudad comenzaba a levantarse. Sarah empezaba a reconocer la
activación que le otorgaba todos los
adjetivos en el mundo que a uno pudiese ocurrírsele, y aún hoy, después de
tantos años y pese a encantarle la ciudad, muchos días se preguntaba qué hacía
ella allí, qué era lo que le resultaba tan adictivo de Nueva York como para
jamás replantearse la decisión de irse de forma definitiva, opción que , por
otra parte, sólo aparecía cuando le daban un disgusto memorable. Una ciudad que
podría por sí sola ser capaz de devorarte sin dejar rastro de ti salvo que tú
fueses más fuerte que ella. Animal urbano indómito, pequeño planeta dentro del
planeta Tierra multicultural y salvaje. Sin normas de educación claras ni de cortesía aparentes.
Grandes y largas avenidas pobladas de altos edificios que sobrecogen a los individuos con su
inmensidad. Escaparates llamativos y luces de neón que jamás paran.
Apagón mental es el que uno puede sufrir en una ciudad como ésta. Una
cruda y fría realidad para el que se encuentra solo , incapaz de adaptarse. Un
abrigo envidiable para el nacido con la suerte necesaria de que la ciudad lo
encumbre y pueda adoptarla como punto de partida.
La ciudad donde los sueños empiezan pero donde también terminan,
siempre ha sido esa ciudad.
La realidad de las agujas de su reloj le recordaba que era hora de ir
a su puesto de trabajo. Hoy tendría que enfrentarse a su primera clase conjunta
con Steve y no le resultaría nada fácil dadas las circunstancias. Claro que,
antes de marcharse, justo cuando iba a salir por la puerta, dio la vuelta y
compró unos croissants para llevar.
Por una vez ella no era la primera en llegar. Steve ya se encontraba
en el Departamento con los libros y los apuntes en la mesa, y su tradicional taza de café al lado.
Tras entrar y dar los buenos días ,
recibiendo una contestación más que
formal por parte de él, depositó la bolsa de la pastelería abierta a su lado.
• SARAH: Te aconsejo
que acompañes el café con uno de esos (señalando a la bolsa) .
Steve cogió la bolsa y apenas se la acercó un poco a la nariz, el olor
a mantequilla parecía penetrarle. Cogió
uno, lo mordió, y su paladar disfrutó de lo que en aquel momento resultó la
delicia más jugosa, y eso se le notaba en su cara.
• STEVE: Deliciosos.
¿Mantequilla francesa?
• SARAH: No los hacen
de otra forma.
Apenas unas palabras acordes al momento. Amabilidad natural, no forzada.
Satisfacción en apenas un minuto. Ansiado pero extraño instante de
normalidad dada la última conversación, pero en dónde el momento de exquisitez
no fue interrumpido por nada .
Siendo puntuales como siempre, Steve abrió la puerta del aula y ambos
descendieron aquellas escaleras ante la atenta mirada de todo el alumnado. Lo
de las clases conjuntas en un programa común era una novedad que, pese a haberlo propuesto Sarah al Consejo y
éstos aceptar, no se había podido realizar justamente por la asunción de ambas
materias por parte de ella.
Ante la mirada atenta de todos los asistentes, ambos se quedaron
apoyados en el filo de la mesa. Y como era costumbre, le tocaría a ella, por
antigüedad, ejercer la presentación , siendo observada muy de cerca por él.
• SARAH: Bien, buenos
días a todos y todas. Obviaré presentarme puesto que todos me conocéis y
también me ahorraré la del profesor Lowell , no así sin embargo la de esta
nueva faceta que comenzaremos hoy y que nos mantendrá conjuntamente a vuestra
disposición durante las próximas semanas.
Como os dije a principio de curso, durante este tiempo, daremos las distintas perspectivas que debéis
tener en cuenta sobre ciertos temas harto conflictivos desde el punto de vista
de las editoriales o desde el público al que queréis dirigiros, y lo haremos
extractando obras y comentándolas.
Aprenderemos a afrontar la libertad artístico-creativa por encima de los
convencionalismos, y como aquellos autores
que más los tuvieron en su época supieron sobrellevarlo o no.
¿Recordáis los fragmentos de
Henry Miller que os leí el día de la presentación? Pues bien, comenzaremos por
él . La temática sexual , y las
relaciones humanas a través de la sexualidad dentro de la literatura y su evolución.
Una mirada suya a Steve fue la señal precisa para que él comenzase a
hablar.
• STEVE: Bien, como
la profesora McBridge explicó en su momento, a Henry Miller no hace falta
presentarlo de nuevo. Todos tenemos presente
su lucha continua por hacerse escuchar y que sus obras pudiesen
publicarse en medio de una época religiosa, política y socialmente convulsa , donde
los convencionalismos y la ocultación predominaban, y donde la inquisición moderna, es decir, la
censura, se hacía cargo inmediato de todo lo que pudiera resultar perjudicial
para las mentes americanas más jóvenes del momento. ¿Hasta dónde un artista
debe llevar su libertad de expresión de
cara al exterior? ¿Hasta dónde está dispuesto a arriesgar por defenderla y que
su obra sea conocida tal y cómo se originó inicialmente en su cabeza?. Miller
no fue polémico sólo por la temática o su forma de afrontarla, si no y en
primer término, por algo tan necesario para comunicarse como para transmitir
las ideas: las palabras. Lo que coloquialmente conocemos por “ llamar a las
cosas por su nombre” .
• SARAH: En el gusto
del futuro consumidor está el asumir que eso forma parte de la obra o
determinar que resulta demasiado violento y parar en seco sin continuar, lo que
como lector, te limita bastante a la hora de hacer una crítica realista y
objetiva sobre la obra. ¿qué podían decir las mismas cosas con otras palabras?
Indiscutiblemente, pero si en la cabeza del autor y sobreponiéndose a la
necesariedad de adaptarse a los futuros compradores y sus mentalidades, él hubiera
decidido dejarlo así ¿Quiénes son las instituciones para privar al autor de desplegar su
creatividad como estime oportuno, y al
lector y usuario de la información creciente que se quiere transmitir?
Steve abrió el libro de Miller, y comenzó a leer:
“Codo a codo con la raza humana corre otra raza de seres, los
inhumanos, la raza de los artistas que, estimulados por impulsos desconocidos, toman la masa inerte de la
humanidad y, mediante la fiebre y el fermento de que la imbuyen, convierten esa
pasta húmeda en pan y el pan en vino y el vino en canción. Con el abono muerto
y la escoria inerte producen una canción que se contagia. Veo esa otra raza de
individuos saqueando el universo, dejando todo patas arriba, con los pies
chapoteando, siempre en sangre y lágrimas, con las manos siempre vacías,
siempre tratando de agarrar y asir el más allá, el dios inalcanzable: matando
todo lo que está a su alcance para calmar al monstruo que les roe las entrañas.
Lo veo cuando se arrancan el cabello en su escuerzo por comprender, por
aprehender lo que es eternamente inalcanzable, lo veo cuando braman como
bestias enloquecidas y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no
hay otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir al lugar más
alto y arrancarse las entrañas, mientras pronuncia palabras incoherentes. ¡Está
bien y es justo, porque debe hacerlo! Y todo lo que se quede corto con respecto
a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos
aterrador, menos demencial, menos embriagado, menos contagioso, no es arte. El
resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde a la vida y a la
ausencia de vida.” (Trópico de Cáncer. Arthur Miller)
A continuación, buscó otra página , respiró hondo y procedió.
“Si soy inhumano es porque mi mundo ha sobrepasado sus límites humanos,
porque ser humano parece algo pobre, lastimoso, miserable, limitado por los
sentidos, restringido por preceptos morales y códigos, definido por trivialidades
e ismos. Estoy echándome el jugo de la uva por el gaznate y descubro la
sabiduría en él, pero mi sabiduría no procede de la uva, mi embriaguez no debe
nada al vino…
Quiero desviarme de estas altas y áridas sierras donde se muere uno de
sed y de frío, de esta historia “extratemporal”, de este absoluto, de tiempo y
espacio en que no existen ni hombres, ni animales, ni vegetación, donde se
vuelve uno loco por la soledad, por el lenguaje que es solo palabras, donde
todo está desenganchado, desencajado, descompasado en relación con los tiempo.
Quiero un mundo de hombres y mujeres, de árboles que no hablen (¡porque ya se
habla demasiado en el mundo, tal como es!), de ríos que te lleven a algún
lugar, no ríos que sean leyendas, sino ríos que te pongan en contacto con otros
hombres y mujeres, con la arquitectura, la religión, las plantas, los animales:
ríos que tengan barcos y en los que los hombres se ahoguen, no se ahoguen en el
mito y la leyenda y los libros y el polvo del pasado, sino en el tiempo y el
espacio y la historia. Quiero ríos que hagan océanos como Shakespeare y Dante,
ríos que no se sequen en el vacío del pasado. ¡Océanos, sí! Que haya más
océanos, océanos nuevos que borren el pasado, océanos que creen nuevas
formaciones geológicas, nuevas perspectivas topográficas y continentes extraños
y aterradores, océanos que destruyan y preserven al mismo tiempo, océanos en
los que podamos navegar, zarpar hacia nuevos descubrimientos, nuevos
cataclismos, más guerras, más holocaustos. Que haya un mundo de hombres y
mujeres con dinamos entre las piernas, un mundo de furia natural, de pasión,
acción, drama, sueños, locura, un mundo que produzca éxtasis y no pedos secos.
Creo que hoy más que nunca hay que procurar conseguir un libro aunque solo
tenga una gran página: hemos de buscar fragmentos, astillas, uñas de los pies,
cualquier cosa que tenga mineral dentro, cualquier cosa capaz de resucitar el
cuerpo y el alma.” (Trópico de Cáncer. Arthur Miller)
Continúo leyendo otro fragmento , después de comprobar las reacciones más que
interesadas de la audiencia y la atención llevada al extremo convertida casi en
devoción reflejada en el rostro de Sarah.
“Soy un hombre que desearía vivir una vida heroica, hacer el mundo más
soportable a su vista. Si, en algún momento de debilidad, de relajación, de
necesidad, me desahogo dejando escapar un poco de cólera ardiente, cristalizada
en palabras – un sueño apasionado, envuelto y atado con imágenes-, pues…tomadlo
o dejadlo… ¡pero no me molestéis!
“Soy un hombre libre… y necesito mi libertad. Necesito estar solo.
Necesito meditar sobre mi vergüenza y mi desesperación en soledad; necesito el
sol y los adoquines de las calles sin compañía, sin conversación, cara a cara
conmigo mismo, con la compañía exclusiva de la música de mi corazón. ¿Qué
queréis de mí? Cuando tengo algo que decir, lo publico. Cuando tengo algo que
dar, lo doy. ¡Vuestra inquisitiva curiosidad me revuelve el estómago! ¡Vuestros
cumplidos me humillan! ¡Vuestro té me envenena! No debo nada a nadie. Solo
sería responsable ante Dios… ¡si existiera!”. (Trópico de Cáncer. Arthur
Miller)
Y lo cerró.
• STEVE: Mismo autor,
misma obra.
Volvió a abrirlo y volvió a leer.
“Lo malo de Irene es que tiene una maleta en lugar de un coño”. Quiere
cartas voluminosas para embutirlas en su maleta. Inmensas, avec des choses
inouïes. En cambio, Llona sí que tenía un coño. Lo sé porque nos envió unos
cuantos pelos de ahí abajo. Llona: un asno salvaje que olfateaba el placer en
el aire. En todas las colinas alias hacía de puta... y a veces en las cabinas
telefónicas y en los retretes. Compró una cama para su rey Carol y un cubilete
de afeitarse con sus iniciales. Se tumbó en Tottenham Court Road con el vestido levantado y se acarició con el
dedo. Usaba velas, candelas romanas y pomos de puerta. En todo el país no había
una picha bastante grande para ella... ni una. Los hombres la penetraban y se
encogían. Necesitaba pichas extensibles, cohetes de los que explotan
automáticamente, aceite hirviendo compuesto de cera y creosota.
Si se lo hubieras permitido, te habría cortado la picha y se la habría
guardado dentro para siempre. ¡Un coño único de entre un millón, el de Llona!
Un coño de laboratorio, y no había papel de tornasol que pudiera tomar su
color. También era una mentira, aquella Llona.
Nunca compró una cama a su rey Carol. Lo coronó con una botella de
whisky, y su lengua estaba llena de piojos y de mañanas. Pobre Carol, lo único
que podía hacer era encogerse dentro de ella y morir. Respiraba ella y él caía
afuera... como una almeja muerta.” (Trópico de Cáncer. Arthur Miller)
Lo cerró definitivamente, lo colocó encima de la mesa, y se topó con
una Sarah que le observaba casi obnubilada. Una mirada que él recordaba muy
bien, y que en aquel instante le resultó agradable volver
a encontrar.
Devolviendo la mirada al auditorio, prosiguió con la clase.
• STEVE: Cuatro fragmentos. Misma obra, mismo
autor. ¿Podría haberse juzgado la obra
de Miller en su momento sólo por la forma en la que expresa los términos
relacionados con el sexo más salvaje y natural? ¿ O podría esperarse que toda
su obra resultase notablemente incómoda por lo que es capaz de decir entre
líneas? La vana existencia humana expresada a través de unas letras tan crudas
como realistas. Cada cosa tiene su denominación, y por mucho que se adorne
seguirá significando lo mismo.Supongo, que si tenemos en cuenta la época a la
que tuvo que enfrentarse el argumento puritano y estrictamente conservador les venía mejor.
Tras un conocido gesto con su cabeza, Steve le dio paso a Sarah.
• SARAH: Hasta hoy en
día podría encontrarse con ciertas reticencias en editoriales y algún
distribuidor. No tanto por lo que dice sino por cómo lo dice, una de las razones de por qué tuvo que
publicarse de la forma que lo hizo y en otro país que no era el suyo. Supongo
que si el Marqués de Sade viviera hoy día, posiblemente no se encontraría con
esos problemas dado lo que se edita y vende hoy día.Bien , antes de continuar
con el análisis, nos interesa escucharles a ustedes.
Y ambos continuaron la clase interactuando con los alumnos hasta que
llegase la despedida y su traslado al día siguiente, habiendo constatado que el
tema gustaba.
Ambos esperaron a que todos los alumnos se marcharan, incluso los que
una vez finalizada se acercaron a
departir con ellos y a preguntarles dudas, para recoger sus cosas.
Ella, atenta a colocarlas con el orden debido para evitar tener que
hacerlo más tarde y así dejarlo listo para el día siguiente; él, más pendiente
de ella que de sí mismo.
Sarah sabía que estaba siendo observada de forma continua , pero
prefirió disimular por lo menos hasta tener todo listo. Con sus cosas apiladas
en la mesa, delante suya, le miró directamente y rompió su silencio.
·
SARAH: Si sigues estando más pendiente de mí que
de tus cosas no saldremos de aquí .
Una ligera sonrisa que suavizaba sus gestos. Un rostro iluminado y a
la que un leve rayo de sol que atravesaba la ventana le reflejaba en un lado
dándole un color especial a su piel. Una piel que él recordaba suave, vibrante
y receptiva a sus caricias, aunque fueran inocentes. Una piel que se erizaba
ante la más susurrante de sus palabras. Una piel que siempre había considerado
suya.
Continuó recogiendo pensativo.
• STEVE: Por un
momento, pensé que me había reencontrado con la
Sarah que conocí. La Sarah con la que compartí tanto. Aquella a la que le encantaba escucharme leer en alto y a veces me lo pedía porque decía que mi voz
le traía paz. La misma que podía pasarse horas mirándome ,incluso velando mi
sueño a costa del suyo porque le encantaba hacerlo. Por un momento, dando la
clase , te he mirado y la he visto a ella.
Él, que mientras hablaba permanecía con la cabeza gacha, la elevó en
aquel preciso instante y una sensación de ahogo angustioso cubrió su mirada.
Ella la mantuvo todo lo que pudo, y como si esa misma sensación se la hubiese
transmitido, comenzó a sentirse nerviosa y con ganas de salir de aquel espacio
cerrado. Sin embargo esperó por él. Ambos subieron las escaleras con la cabezas
en otro lugar, conscientes de a quién tenían a su lado, pero no queriendo volver a encontrarse, no de momento.
En silencio, uno junto al otro, llegaron al Departamento, terminaron
algunas cosas y recogieron . Steve fue el primero en estar listo para marcharse
cuando , antes de salir por la puerta,
Sarah desde su lado de la mesa le reclamó su atención.
• SARAH: ¿Te vas ya a
casa?
• STEVE: No, he de
pasar por la biblioteca antes. Hoy me temo que me marcharé bastante tarde de
aquí. Que descanses.
Antes de contestar, su cuerpo fue girando hacia ella muy despacio.
Gestos medidos con un halo de cierto misterio. Aquella imagen pero investida de
una agradable sonrisa, la suya, era la que de pronto le venía a la mente, como
si de un gesto muy típico suyo se tratase y no un mero acto reflejo. Sin
embargo, el recordar a la antigua Sarah
le había afectado y apocado , y más serio de lo que solía tener
acostumbrada a la gente, salió de allí hacia su nuevo destino.
Una de aquellas ocasiones , ese gesto supuso la despedida a una
conversación previa. Una de aquellas ocasiones que cómo ya venía siendo
habitual, le volvían a su mente . Puro recuerdo vivo de un época en dónde sólo
ellos dos importanban.
Y fue su imagen la que , como en una toma continua de
una sola cámara que se hubiera adentrado en la cafetería de la facultad , su
espalda se iba haciendo más grande conforme ésta, convertido en él, se acercaba . Ella se encontraba en la
cafetería de la facultad en medio de una sesión de mesas redondas bastante
conflictivas y densas en cuanto a la crudeza de los debates planteados.
Steve, que la llevaba buscando desde que desapareciese a toda prisa
del salón de actos , en cuanto la encontró, se sentó quizás demasiado eufórico para lo que
a ella le hubiera gustado en ese momento.
·
STEVE: Te estaba buscando.
Sarah le miró por encima de sus gafas y su rostro lo decía todo por
ella misma.
• STEVE: ¡Upss!
¿Dolor de cabeza?
• SARAH: ¿Crees que
encontraré a alguien que sea capaz de explicarme cómo una Universidad como ésta
y de la que salen tanto cerebritos cada año, puede tener
claustros tan retrógrados y cerrados de mente? Porque la verdad, sé que
estoy en Europa , y en la vieja Europa para ahondar más en el raciocinio
hiriente, , pero lo que ha pasado ahí
dentro me ha parecido más propio de la Europa de la Edad Media que de una civilización que progresó con la
Revolución Industrial.
• STEVE: Mejor no te
saco la media de edad del profesorado, en este momento es un tema muy espinoso
para ti.
Aquella sonrisa y felicidad manifiesta , en aquel preciso instante, la
estaba desquiciando.
• SARAH: Ya me
gustaría verte a ti donde yo estoy, discutiendo con ellos.
• STEVE: Ya lo he
hecho.
• SARAH: ¿Y?
• STEVE: Ganan ellos-
hizo una pequeña pausa mientras intentaba arrancar una sonrisa a Sarah- Les doy
la razón como los locos fanáticos de las viejas costumbres que son. Sólo a ti se te ocurre discutirles como si fueran
personas razonables. Pero bueno, no he venido a hablar de ellos.
• SARAH: Steve no
estoy de humor y creo que se me nota.
• STEVE: Lo sé, pero
también sé que lo que vengo a proponerte es irrenunciable y que te interesará.
• SARAH: ¿De qué se
trata?
• STEVE: Es una
sorpresa.
• SARAH: No me gustan
las sorpresas.
• STEVE: ¡A todo el
mundo le gustan las sorpresas!
• SARAH: No, a todo
el mundo no.
Como si un niño pequeño se tratase, se levantó de un salto de su silla
para sentarse en la que tenía ella a su derecha y pasarle el brazo por la espalda
acercándose mucho a su oído.
• SARAH: ¿Se puede
saber qué estás haciendo? A esto no le llamo discreción precisamente.
• STEVE: Entonces
deberás ser rápida contestándome.
• SARAH: ¿Contestarte
a qué?
• STEVE : ¿Confías en
mí?
Sarah comenzó a reírse , aquella situación le parecía del todo tanto
sorprendente como ilógica , y los nervios por saber si alguien pudiera estar
mirando e interpretando lo que parecía, hacían que mirase de forma compulsiva a toda
la sala.
• SARAH: ¿te has
vuelto loco?
Steve se acercó mucho más , ella casi podía sentir sus labios.
Mientras tanto, él se lo pasaba bomba con esta situación. Le daba igual quién o
cómo estuviesen mirando, la cuestión era conseguir su objetivo.
• STEVE: Yo de ti
contestaría deprisa, o acabarás viéndote en medio de la sala conmigo comiéndote el cuello.
• SARAH: ¿No te
atreverás?
Sintió la mirada traviesa de él que de forma fija se depositaba en
ella, y giró su cara hacia él para comprobarlo.
• SARAH: ¡Oh Dios! Sí
eres capaz.
• STEVE: No me hagas
tener que comenzar la cuenta atrás. Tres.
• SARAH: Steve, por favor.
• STEVE: Dos. Me
encanta el perfume que llevas hoy por cierto, me pregunto si sabe tal y como
huele.
• SARAH: Ni se te
ocurra , te lo advierto.
Notándola tensa, más estiraba él de ese fino elástico imaginario con
la que supuestamente la ataba.
• STEVE: Uno.
• SARAH: -
Atropelladamente- Vale, de acuerdo.
• STEVE: ¿Vale , de
acuerdo qué?
• SARAH: Que sí , que
confío. Ahora a saber para qué.
• STEVE: Bien, - Sacó
un sobre de uno de los bolsillos de la chaqueta
y se lo entregó- Ábrelo.
Ella lo abrió y extrajo su contenido. Eran dos pasajes para París ,
para ese mismo fin de semana, en el tren rápido.
• SARAH: ¿Qué se
supone que es esto?
• STEVE: Tú y yo nos
vamos de fin de semana a París. Yo tengo que arreglar unas cosas y no quería ir solo.
Ella no podía salir de su asombro.
• SARAH: No sé qué
decir.
• STEVE: Entonces no
digas nada.
La besó en la mejilla y salió prácticamente corriendo de la sala.”
Y la cámara que enfocaba parecía difuminarse, y la imagen desaparecer.
Para Sarah sin embargo, no eran los recuerdos lo que le traían de cabeza. Muchas cosas se habían
cruzado de golpe en los últimos días, demasiada información. Muchas reacciones
a analizar, muchas equivocaciones que enmendar y una única persona en común con
todas ellas.
No se sentía bien del todo consigo misma . Nunca había cometido tantos
errores juntos, jamás se había
comportado así y no era una situación cómoda para ella, y menos aun tratándose
de una persona que se supone que la había
querido tanto y que la había motivado lo suficiente como para no querer
volver a su país.
Faltaban diez minutos para que la biblioteca cerrase y Steve aún
continuaba en ella. Claramente había perdido la noción del tiempo cuando no
menos del espacio, siendo posible que se
encontrase tan cómodo que creyese en realidad que estaba en su casa.
Su momento de soledad y concentración se vio interrumpida por la
presencia de ella que fue a buscarle.
• SARAH: Están a
punto de cerrar.
Aquella voz no perturbó su presunta atención al libro que portaba en las manos y leía con interés. Sólo un
elegante gesto para mirar su reloj de muñeca, comprobando efectivamente lo tarde que era, pero aún así, su nuevo gesto
le devolvió al libro.
• SARAH: ¿Llevas
metido aquí sin salir desde antes del almuerzo?
• STEVE: Es lo que se
hace cuando el ambiente es tranquilo y uno tiene trabajo por hacer.
• SARAH: Bueno he…
venido para invitarte a cenar o a picar algo al menos. Hay una taberna
típicamente irlandesa cerca de mi casa donde sirven unas deliciosas pintas de
cerveza y unos fish and chips
deliciosos, y sobre todo rápidos.
Steve no parecía muy convencido cuando dejó el libro encima de la mesa
y alzó los ojos para prestarle la atención que creía que debía ya que se
dirigía a él, aunque en realidad lo más apropiado sería decir , que su rostro
tenía bastante desconcertada a Sarah , la cual no sabía qué pensar.
• SARAH: Vale ,
reconozco que no es el mejor plan del mundo, que podría invitarte a cenar
tranquilamente a mi casa pero no tengo nada hecho y tardaría demasiado. También
se podría llevar comida pero queda un poco cutre, y a la tuya – miró el reloj-
no llegamos. Así que escogí un lugar rápido , bueno y que te resultase
familiar. ¿te gusta la cerveza no?
• STEVE: ¿Problemas
para dormir?
Su actitud cada vez la desconcertaba más.
• SARAH: No
especialmente ¿por?
• STEVE: Creo
recordar que la cerveza te daba sueño.
• SARAH: Y se ve que
aún sigue haciéndolo, pero el vino no pega con ese menú. ¿qué me dices?
Steve cerró el libro, y se quedó pensativo. Sabía la respuesta desde
el principio, pero prefirió conocer un poco más su objetivo con la invitación.
• SARAH: ¡Venga!
Tendrás que cenar digo yo.
Lo que más le agradaba a Steve era su tono de voz, sincero, como si
nunca hubiera pasado nada, totalmente conciliador, y con una ternura en la cara
que le recordaban a tiempos pasados. Demasiadas fotos fijas por un día.
• STEVE: ¿Una tregua?
Las palabras justas en el momento propicio para bajarte a la más
rotunda de las realidades, así era el Steve Lowell que ella estaba conociendo
en este momento.
• SARAH: Un nuevo
comienzo. Una segunda oportunidad. Me da igual cómo quieras llamarlo. No sé ya
cómo pedirte disculpas de todas las veces que parece debo habértelo dicho en el
último mes.
Él volvió a mirar su reloj, se
levantó de la silla y cogió sus cosas.
• STEVE: Tengo la
moto en el parking.
El gesto serio de ella dio paso a una sonrisa de oreja a oreja.
En el ascensor no cruzaron palabra alguna. Por alguna razón, ambos se encontraban muy tensos. Ella
demasiado preocupada porque aquel que había denominado como nuevo comienzo
saliese bien , y él por saber si todo aquello llevaría a un nuevo cambio de
humor o salto inesperado de comportamiento.
Nada más llegar junto con la moto , ella se subió. Él la observaba
resistiendo reírse porque por un momento le recordaba a una niña pequeña a la
que le decían que pisaría Disneylandia por primera vez.
Cogió los cascos del maletero y se colocaba el suyo.
• STEVE: Mis partes
más queridas aún se acuerdan de la última vez que a mí se me ocurrió hacer eso
con moto ajena.
• SARAH: Es que la
“Signora” es una dama muy exigente.
• STEVE: Ah bien,
entonces ya entiendo que se lleve tan bien contigo.
Aunque aquella ironía le molestase o le chirriase, prefirió pasársela
como signo de buena voluntad.
Él le acercó su casco y ella se lo puso, pero le costaba amarrárselo. Con la
impaciencia por bandera, dada la tardanza , optó por esperar para colocarse los guantes de cuero y
cruzar los brazos.
• STEVE: A este paso
llegaremos con el local cerrado.
• SARAH: Normalmente
soy más rápida pero con el mío.
Se acercó para ayudarla
colocando los guantes en el tanque. Mientras cogía los laterales de la cinta de
seguridad, ella buscaba una mirada cómplice que sólo encontró durante unos
instantes . Sarah cogió los
guantes de dónde estaban y le observó
con atención mientras se los colocaba lentamente.
Estando dispuesto a subirse, ella se rodó hacia atrás, y dando palmadas en el sillón de piel, le
dijo:
• SARAH: Vamos
jinete, tu yegua te espera .
Con la mirada fue suficiente como para ponerla en una situación
incómoda.
• STEVE: Vaya, una reentrada fuerte.
• SARAH: - Intentó
arreglarlo- ¡Oh Dios! Sé lo que ha
parecido, pero …………
• STEVE: Déjalo ¿vas
a quitar las manos o también pretendes que mis partes se sienten en ellas?
• SARAH: - las retiró
de golpe- lo siento.
Steve se subió a la moto, y sólo cuando se aseguró que ella no podía verle,
se rió silenciosamente y bien cubierto
por el casco .
Esta vez no hizo falta decirle que se agarrase a él. Apenas recién
puestas las manos en el manillar, sintió que ella le rodeaba prácticamente y
que su pecho quedaba junto a su espalda.
Realmente aquel nuevo comienzo comenzaba a interesarle , aunque su
expectativa permanecía pendiente de algún posible arranque.
Nada más llegar al lugar, Steve se sintió como en casa, no sólo por la
decoración, sino incluso por el carácter
de quienes atendían, entre ellos el dueño que conocía a Sarah desde hacía mucho
tiempo y que se mostró encantado cuando se lo presentó.
Se sentaron en una de las mesas más alejadas de la puerta y del
bullicio, aunque a decir verdad, la ventaja de ir un día entre semana es que
estaba mucho más tranquilo.
Rara vez se recordaba a Sarah en una situación en la que le costase
comenzar una conversación, pero con él, en esta ocasión se mostraba demasiado
precavida.
• STEVE: Ya que tú no
pareces querer iniciar la conversación lo haré yo. ¿Hasta cuándo se supone que
te va a durar?
• SARAH: ¿El qué?
• STEVE: La actitud
conciliadora.
Franqueza y sinceridad, lo era y lo reclamaba, costase lo que costase.
• SARAH: Eso es algo
que no puedo garantizar.
• STEVE: - bebiendo
un sorbo – Arriesgado plantearlo entonces.
A la defensiva, táctica segura para él, lógica para ella.
• SARAH: Sé que no he
hecho las cosas como debería …..
Él la interrumpió.
• STEVE: Eso me
suena. Hazme un favor, ahórrate las disculpas posteriores.
De la postura defensiva pasó a la atacante justificativa.
Sarah decidió cambiar de técnica.
• SARAH: ¿Cómo era la
Sarah de la que te enamoraste?
Pregunta justa en momento justo. Su expresión fácil lo decía todo, y
su tono aún dijo más.
• STEVE: Querrás
decir…………. la que sigo amando.
Costándole tragar nada , decidió apurar su jarra sin miramiento a la
cantidad. Por una vez , deseaba que apareciese un agujero en algún lado donde
poder esconderse. ¿qué responder frente a eso?
Allí sentada, teniéndole en frente como el incipiente vencedor de
aquella batalla convertida en eterna sin saber cómo. Con la cabeza gacha y mirando hacia arriba
devorando todo lo que se encontrase delante suyo, en este caso Sarah, era
imposible intentar buscar una respuesta lógica . Aquella “espada” se le estaba clavando cada
vez más hondo, sólo cabía seguir hacia adelante.
Él, percatado de la reacción que de forma involuntaria había generado
en ella, todavía dio una vuelta de tuerca más.
• STEVE: ¿Demasiado
franco? o ¿demasiado directo para ti?
Ella no podía evitar que sus ojos se fueran a su boca de forma
constante. Aquella voz se metía en su cabeza para no salir. Una voz que procedía de aquellos labios
mostrados de forma natural mientras él jugueteaba con su lengua siendo consciente
de que eran observados.
• STEVE: ¿En serio
quieres saberlo?
Sarah no respondió. Él se levantó de su silla, la cogió y la acercó
justo a su lado. Lo suficientemente cerca como para resultar intimidante
llegado el caso.
Con uno de sus brazos en el espaldar, el otro en la mesa y parte de su
cuerpo inclinado hacia ella , mientras Sarah mantenía su vista al frente,
aquella voz penetrante, de dicción
perfecta, comenzó a acariciarla mentalmente de nuevo.
• STEVE: ¿En serio
quieres saber por qué me enamoré de …..ti?
Nunca pude olvidar la forma en qué
me miraste aquel día en el salón de actos. Ya entonces comencé a
confirmar la imagen que me había hecho de ti. El tiempo y conocerte más a fondo
sólo lo confirmó. Una mujer decidida,
segura de sí misma, sin temor . Sabía lo que quería , cómo , dónde y cuándo.
Previsora en la medida de lo posible pero sin que ello le impidiese ser
arriesgada. Capaz de sorprenderme cada día con su espontaneidad que sabía
utilizar a su conveniencia inteligentemente.
Le importaba poco lo que los demás dijeran de ella o de lo que hacía, no
sentía la necesidad de justificarse ante los demás. – se acercó un poco más a
ella- ¿Continúo?- Tensa pero intentando
disimular una calma fingida sintiéndole tan cerca y escuchándole hablar en
aquel tono pausado y casi susurrante, se limitó a bajar la cabeza y él
interpretó que debía continuar- Una
mujer capaz de amar infinitamente y sin medida, de entregarse sin rubor alguno
porque su mente y su forma de entender las relaciones no se lo permitía. Capaz
de que un hombre sepa lo afortunado que es
estando loco por ella, por su capacidad para hacerle sentirse
deseado todo el tiempo y en todo lugar,
sin perder las formas o la perspectiva, pero sin retenerse. Había días en que pasábamos horas
interminables desnudos en la cama simplemente observándonos, sin nada que
ocultar, con el alma al descubierto, y ser capaces de disfrutar más que con
cualquier otra cosa, simplemente así, sin necesidad si quiera de que nos tocásemos. Nuestros
silencios eran especiales, y siempre recuerdo que transmitíamos más con ellos ,
que en una conversación.
Conforme continuaba hablando, su voz parecía ser la mano que a ella le
parecía sentir subiendo desde su cintura lentamente por toda su columna
vertebral hasta su cuello. Sensación tan placentera como arriesgada , producida
por el escalofrío progresivo y gradual en intensidad que le producía escucharle
así y ver tan gráficamente todo aquello que él decía.
Conscientemente, él se acercó aún más
percibiendo su perfume, un olor muy familiar.
• STEVE: Especial.
Pasional y tierna al mismo tiempo. Temperamental. La adoraba tanto por su
capacidad para dejarme callado cuando la escuchaba, como por lo sorprendido que me dejaba con su
lenguaje no verbal, con todo su cuerpo. Y que a partir de aquellas Navidades no
dejó de usar esta misma fragancia.
Aquello hizo que reaccionara.
Recordó la primera vez que entrando en una perfumería , ya en casa, al
pasar al lado de un expositor un ligero olor le llegó de pronto. Lo estuvo
buscando hasta que dio con él. No sabía por qué , pero aquella fragancia le
resultaba familiarmente agradable, y fue a partir de entonces cuando decidió
comprarla y usarla preguntándose
siempre su origen tan conocido.
Sarah le miró. Entre sus rostros apenas habrían diez o quince
centímetros de separación. Él , reteniéndose las ganas de besarla aunque le
fuera difícil, y ella contrariada porque en sus adentros deseaba ser ella quién
tomara la iniciativa y no terminaba de aceptarlo.
Steve retomó cierto gesto de
sonrisa irónica y lentamente se acercó apenas unos milímetros casi
imperceptibles mientras ella no dejaba de mirarle los labios.
• STEVE: Hazlo .
No sentía voluntad ni fuerza. La mujer resistente y capaz de enfrentarse
a él en otras circunstancias, se encontraba completamente desarmada.
• SARAH: ¿El qué?
Habían pasado años, no muchos,
pero sí los suficientes. Tantos como para que las cosas , las
sensaciones, los gestos de ella hacia él hubieran podido cambiar. La pérdida de
memoria quizás…………….. Pero no. Cada gesto de su cuerpo, cada sensación
transmitida, cada mirada a partes localizadas del cuerpo de él, nada había
cambiado en realidad. Quizás más temerosa, desconfiada, algo más precavida ,
pero indudablemente aquella mujer que Steve tenía delante suyo, a escasos
centímetros era ella. La Sarah que conocía tan bien pese al poco tiempo , y que
aprendió a amar de forma incondicional sin esperárselo ni proponérselo a partir
del instante en que ella cruzó su mirada con él el primer día de simposio. Una
mirada fresca, confiada y segura cuyo mensaje oculto él supo descifrar al
instante :” estás perdido , ya eres mío”. ¿La cafetería? Ninguna reacción fue casual. Ella sabía que
iría buscándola y nada más verlo comenzó a desarrollar su plan.
Steve comenzaba a intercalar las nuevas imágenes de la Sarah dejada a
su mano que tenía delante con la de la Sarah capaz de cogerle por el cuello de
la camisa en un pasillo de la faculta, tirar de él rápidamente, y empujarle al interior de alguna de las aulas
o de los baños apoderándose de su cuerpo a su antojo, con su connivencia por supuesto.
Sabiéndose con ventaja, deseó seguir tirando del elástico un poco más
para saber hasta dónde era capaz de llegar en aquel momento de supuesta
debilidad.
Se le acercó al oído rozando toda su piel con la cara de ella, y le
susurró.
• STEVE: Aquello que
estás deseando.
Ella , al sentir el cosquilleo de su aliento en el cuello, doblegó
parte de su cabeza hacia la suya, y al volverse a incorporar Steve, su rostro
tuvo el contacto pleno de su piel acariciándola con parte de sus labios.
Apenas un leve roce llegó a
contactar sus bocas sólo un instante. No había suficiente separación
entre ambos, no circulaba suficiente aire entre ellos, ni suficiente
voluntad. Una sola mirada a sus
ojos y él no pudo continuar con aquella
especie de juego comenzado de forma involuntaria.
Sólo fue capaz de seguir describiendo a la misma mujer que tenía a
escasos centímetros, a una mujer incapaz de recordarse a sí misma amándole como
lo hacía, recibiendo de él lo mejor y dándole todo cuanto de ella misma era
capaz de dar.
No dejaba de resultar una sensación extraña. Hablar de alguien cuando
lo tienes delante y en esos términos,
como si nunca hubiera estado o ya no existiera en las vidas de nadie , salvo en
la de Steve de la que nunca había salido.
Su tono , pausado y tranquilo cambió. Aquellos susurros iniciales, devoradores de su espíritu,
pasaron a tener cierto aire de congoja añeja, de buen recuerdo más propio de un
ambiente a la luz de las velas que de un local con gente. Casi de forma
entrañable, Steve le habló de esa otra Sarah que , lejos de la mujer pasional y
desbordante que le entró por primera vez en los ojos, fue descubriendo poco a
poco pero sin ningún esfuerzo. La verdadera Sarah como le gustaba calificarla,
la que de verdad se metía en el corazón y en la mente , y no salía nunca.
• STEVE: ¿En serio
quieres que te diga , por encima de todo, qué fue lo que me enamoró de ella? Su
inteligencia, su habilidad para descubrir en los demás lo bueno de cada uno y
lo malo, su sexto sentido rara vez errado , su percepción de la realidad que la
rodeaba y la manera cómo era capaz de transmitirla. Hay una imagen que nunca se me ha borrado:
apenas estaba amaneciendo, yo me desperté y ella ya no estaba, la busqué y
entonces vi la imagen más hermosa que se podía ver. De píe, apoyada junto a la
ventana, con su desnudez serena y la cabeza apoyados en la moldura de la
ventana viendo amanecer. Tenía algo especial en su rostro, irradiaba una paz
interior completamente indescriptible. Yo no le dije nada, sólo podía
observarla pero ella lo notó. Me miró , y el sol ya aparecía con su luz
anaranjada iluminándole toda su cara. No me dijo nada, sólo me miró y se sonrió
levemente. No hicieron falta las palabras, ni los sonidos Sólo el silencio. Si
estaba enojada por algo comenzaba a elevar la voz, y yo la miraba sonriente
porque sabía que tarde o temprano se olvidaría, y así era. ¿Cómo no iba a
enamorarme de ella? Era imposible no quererla, inútil no desearla. Nadie es
capaz de entregarlo todo de esa forma y confiar como ella lo hizo a un
desconocido, sino es por instinto, y
aquella Sarah lo hizo, confío por entero y aún no sé por qué. Imposible no
seguirla amando.
Casi sin darse cuenta, salvo al
final, todos aquellos recuerdos le vinieron como una losa encima suya. Sólo
hasta ese preciso instante, no se había dado cuenta realmente de la posibilidad de haberla perdido. Aquella
especie de autoafirmación de su realidad, la que les envolvió durante tres
meses y la que le sumergió en un mar de dudas hasta ese momento y que aún lo
ahogaba de forma incesante , le hacía más duro si cabe saber que , teniéndola
al lado, no se atrevía siquiera a
tocarla por miedo a su reacción. Resultaba frustrante hasta para consigo mismo,
sabiéndose en tiempos atrás mucho más
decidido y sin temor alguno pasase lo que pasase.
Sabía que era sólo cuestión de tiempo, pero se le agotaba la paciencia
movido más por su fuero interno y lo que necesitaba expresarle, que por la cordura que debía de mantener en
estos momentos. Sólo abrazarla un instante, sólo con eso se hubiera conformado;
sin embargo, debía contemplar cómo alguien que conocía bien, se convertía en una desconocida delante suya.
Como alguien de la que había disfrutado de cada centímetro de piel, de cada
gota de sudor de su cuerpo , se marchaba de su lado cada tarde con un simple
saludo más propio de quienes simplemente han sido y son conocidos desde hace tiempo. Alguien de quien poseyó
hasta sus entrañas, de quién tuvo su alma descubierta en sus manos, su dormitar
cada noche y su sonrisa de buenos días cada mañana. Alguien a la que podía
poseer de nuevo con muy poco esfuerzo, pero que sin embargo, no era ella.
Con la mirada perdida en algún punto de la mesa, sintió una cálida
mano en la mejilla. Cerró los ojos y la apoyó casi dejándola caer. Cuando los volvió a abrir, la vio a ella, a
la Sarah que recordaba, complaciente, dulce, entregada para no verle sufrir,
porque ella no quería que nadie sufriera a su alrededor. Aquella que le decía “no pasa nada, todo se arreglará mañana”, y sólo
bastaba mirarla para entenderlo.
Ella se le fue acercando con la intención de besarle, y sólo cuando
apenas quedaban unos milímetros para ello, él se incorporó. No podía hacerlo
sin saber si era capaz de recordarle por entero tal y como era. Ella necesitaba
recordar, pero él también necesitaba que aquellos años retrocedieran , y que los tres meses vividos juntos
recobraran toda la fuerza posible, de lo contrario los sentimientos se
confundirían y esto sería una historia partida de cero , por lo menos para
ella, nunca para él que partiría de lo que siempre ha sentido por ella, y que
no había mermado en ningún momento.
Un gesto compasivo fue lo que ella encontró en él.
• STEVE: Será mejor
que te acompañe a casa.
Ni ella misma era capaz de entender lo que había sucedido al final.
Consciente de que había perdido el control
de la situación y que se dejó llevar sin importarle , es más,
deseándolo, y que las cartas ya se habían descubierto sobre que ciertamente sentía algo por él, ya nada
había que ocultar, y sin embargo él había preferido interrumpir un desenlace
más que previsible.
Silencio fue lo que les acompañó cuando la llevó a casa. La acompañó hasta
su misma puerta, pero aunque ella
hubiese deseado decirle algo en el ascensor , tampoco se le ocurría cómo
hacerlo. Con la llave dentro de la cerradura, ella aún intentaba pensar algo
qué decir que no sonara a disculpa, porque en realidad tampoco sabía si se la
debía o por qué.
• STEVE: Buenas
noches Sarah.
Y se marchaba de nuevo hacia el
ascensor. A ella sólo le quedó verlo irse, y a él, darse la vuelta un momento
para asegurarse de que ella lo estaba viendo.
Ana Patricia Cruz López
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Me llevaste de un recuerdo hermoso, para pasar a una descripcion muy detallada de una sarah que a los ojos de el era sin mas lo unico bueno y real en su vida, para despues sentirme identificada con sarah con eso de que no le gustan las sorpresas hehehe a mi tampoco, para volver a descubrir a una mujer que despues de todo es vulnerable ante lo que siente, ante sus emociones y lo que la cabeza le dice que es lo propio, ciertamente una historia sin igual y espero seguir deleitandome mucho tiempo mas de estas OBRAS DE ARTE Gracias amada Canaria por esto que nos regalas semana a semana.
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