“La oscuridad me rodea
Siento que me absorbe, que me cubre, que se introduce dentro de mí
Algo pesado pero suave recorre mi cuerpo
Hace suya mi piel
Esa forma de tocarme me es familiar
Haces de mí lo que quieres y yo
no te lo impido
Abro mis ojos……………”
Y EL FÍN DE AÑO
LLEGÓ
La cogió de la mano y la llevó
hasta el dormitorio. Con la única luz que entraba del exterior como foco otorgador
de la intimidad suficiente. Sin
resistencia alguna por parte de ella , se detuvieron
justo delante del motivo de discordia consigo misma, el espejo enterizo.
Seguidamente, se agachó, y con una rodilla en el suelo, le cogió uno de los
píes desatándole con cuidado la sandalia de tacón , rozándolo al retirárselo, operación que repitió
con el pie que le faltaba.
De nuevo de pie, a su espalda, con sus manos fue buscando las
horquillas que retenían su cabello hasta soltárselo, cayendo éste sobre la
espalda. Con un cuidado exquisito y mucha delicadeza, buscó la cremallera del
vestido, pero antes de hacer nada, al fijarse en el espejo , la vio con el rostro fijado en el suelo, y sin
retirarle los ojos, fue bajándosela , notando como su piel se erizaba al sentir la ligera presión de sus dedos.
Con el vestido ligero a punto
de caerse al suelo, su instinto natural fue aferrar sus manos a la tela a la
altura de su pecho . Manos que como elementos defensores de seguridad , se
mostraban tensas , inamovibles, al igual que si fueses de piedra
escrupulosamente esculpidas.
Aquella forma de aferrarse al vestido , la tensión desprendida de su
cuerpo, el evitar la imagen reflejada como muestra de una especie de puerta a
un infierno personal, hizo que la cautela en los siguientes movimientos se
acrecentase.
Le alzó la barbilla y sus ojos
buscaron inmediatamente el único punto de apoyo posible, los ojos confiados de
quién compartía este momento con ella. Puso
sus manos encima de las que gentilmente ejercían de baza protectora, frías y
temerosas , logrando relajarlas.
Uniendo su pecho a su cuerpo,
fue separándole los brazos , y con sus ojos cerrados , sintió como el vestido
caía a lo largo de su cuerpo.
Todos sus temores en una sola imagen, la que resultaba ser reflejo de
su presente. Aquella “arma mortal” en la que un simple cristal se convertía ,
la hacía diferente a cada instante que se postraba ante él. Su auténtico dueño
y señor, que le recordaba día tras día, que había un pasado en el que ella fue
de una forma, y que ahora , a partir de un solo instante, largo y tedioso , todo
había cambiado.
Lo que Steve tenía delante, eran los signos evidentes de una lucha
intestina y cruel , capaz de trasformar a cualquiera. Señales que reflejaban
unas pruebas de supervivencia por las que nadie debería pasar, y que exigían
mucha fuerza de voluntad para no terminar
haciendo añicos todo lo que se atreviera a recordártelo.
Salvajes cicatrices probablemente mal cerradas por múltiples
aberturas, circunvalaciones de quemaduras oscurecidas con el pasar del tiempo
en una zona donde hasta los escotes más coquetos temblarían ser impuestos. Un
cuerpo flagelado , mutilado en el más amplio de los sentidos para poder vivir , pero que indudablemente,
justificaba todos sus temores. Una imagen externa notablemente cambiada que
había afectado sobre todo a esa seguridad de la que siempre hizo gala. Una sensualidad aplastante y discretamente
llevada, que pasaba a segundo plano , casi escondido, por voluntad propia. Miedo a un momento como este, el de
mostrar las heridas no imaginadas de una historia con fecha de
comienzo pero no de finalización, y en dónde la opción personal de la soledad ,
aunque no compartida, era más que razonable.
Una sola lágrima iluminada en su recorrido por esa luz derivada y
blanquecina del exterior, le hizo continuar, y pese a sus instintos por
abrazarla, sabía que por encima de todas las cosas, ella debía enfrentarse cara
a cara a este momento.
• STEVE: Abre los ojos.
Querer y no poder, eso era lo que la invadía. Un cruce de sensaciones
culminadas por una imagen que ya conocía , pero que ahora , además, le
tenía a él.
• STEVE: Confía en mí.
Sólo entonces se atrevió, abrió
sus ojos y aquella imagen que su
“maldita realidad reflejaba”, la desconsoló hasta hacerla romperse
prácticamente en sus brazos.
• STEVE: Sarah,
mírame.
Ella no podía hacerlo. En aquel momento hubiera agradecido que la
tierra se hubiera abierto bajo sus pies. No podía dejar de observar aquello en
lo que se había convertido su cuerpo.
• STEVE: No voy a
irme.
Aquellas palabras resultaron decisivas. Hizo lo que le fue solicitado
y simplemente esperó.
• STEVE: Esta que te
ves , la que te refleja lo que más odias, eres tú. Nunca has dejado de serlo. Yo
veo a la misma mujer de la que me
enamoré hace tiempo, y la que nunca dejé de querer por muchas explicaciones que
faltasen, sólo que ahora , las circunstancias te han vuelto mucho más madura si
cabe, y con alguna exquisita rareza de más. Es normal tener miedo a un momento
como este, porque eres humana y lo que has pasado no ha sido fácil. Lo que refleja el espejo, sólo es una mujer a
la que ya conoces pero con huellas de
una lucha dura y larga nada más. Las marcas, las cicatrices , sólo son eso, cicatrices.
Pero yo veo a la misma mujer, la misma Sarah inquieta, mucho más pasional si
cabe y con más carácter , pero la misma. Inteligente, astuta, provocadora y sensual
a su manera. Tu reflejo, el que ambos vemos ahora, es
sólo una imagen, una imagen que asusta
porque es tu realidad ahora , de
acuerdo, pero sólo es eso, una imagen. Él no puede reflejar lo que hay aquí- y
señaló con una de sus manos a la cabeza- ni aquí- y señaló al corazón- , ni
puede reflejar tu alma, ni tus ilusiones, ni tus sueños , ni lo que sientes en cada instante o lo que
eres capaz de sentir ahora. Sólo es una imagen. Yo no me enamoré de un reflejo
Sarah, ni amo una imagen por mucho que la de entonces me atrajese . Amo lo que
ese trozo de cristal no puede reflejar ni reflejará jamás, que es lo que eres capaz de entregarme cada
vez que estoy contigo aunque no te des cuenta.
Le dio la vuelta cogiéndola por la cintura.
• STEVE: Y no, no me
voy a ninguna parte.
Le secó las mejillas con el anverso de los dedos, y sin necesidad de permiso alguno, se apropió de
sus labios. Mientras la besaba, la redirigía con su cuerpo al borde de la
cama, mientras , cogida por la cintura con uno de sus brazos, la depositó con cuidado.
Inmersos en el intercambio de besos,
él se detuvo para sorpresa suya ,
incorporándose sobre sus rodillas. Y con
aquella visión de él, visto desde aquella perspectiva, todo le recordó familiar
, y supo que en parte, podía sentirse libre. Sentir como aquella Sarah a la que
el placer más hermoso otorgaba la visión
de una nueva vida en manos de un desconocido, libre de ataduras firmes que le
impedían ver nada más capitaneadas por principios socialmente impuestos.
Con la camisa completamente desabrochada y fuera de su único sostén, la cintura de un
pantalón que aún permanecía abrochado, mientras él intentaba desabrocharse las mangas, sintió que ella le detenía.
Con su pecho ligeramente erguido y apoyado sobre un solo brazo, su
mano libre comenzó a circular por su
piel reconociendo cada poro, cada milímetro que volvía a entregarse a ella sin
límite alguno. Un cuerpo que volvía a
erizarse mientras seguía el recorrido que las yemas de sus dedos realizaban ,
disfrutando de cada sensación transmitida, imbuida en un mundo diferente ,
ajena al dolor o a lo que su propio cuerpo le causaba , pero ahora , en ese
instante, sólo se dejó llevar, y él , mientras la sentía vagar por algo que
nunca había dejado de ser suyo, se complacía de algo que para él parecía nuevo
no siéndolo. Se sintió observado de nuevo
, en toda su amplitud. Sintió como ella disfrutaba haciéndolo , tal y como
cuando se despertaba y la descubría velando su sueño al amanecer, y lo que por
dentro se removía en él, era indescriptible.
Recordando la perfecta
sensación de excitación mutua que
reportaba ver lo que cada uno le hacía al otro , decidió arriesgarse y recorrer
su cuerpo de la misma forma , sin saber
realmente, cuál sería su reacción.
Con su cuerpo empujó el de ella para apoyarlo en el colchón, y buscando sus labios, el juego
iniciático del descubrimiento de algo nuevo para ella daba comienzo.
Tras creer que sus labios volverían a apropiarse de los suyos y hacer denotar su cálido aliento , su
reconocimiento comenzó en su barbilla mientras sus manos apoyaban el recorrido
vital en ambos lados de su cuerpo marcando aquellos canales donde su huella
permanecería de nuevo.
Un ligero y medido mordisqueo consiguió tensionarla lo suficiente, como para su cuerpo se estirase por completo y su cadera respondiera acercándosele más aún,
pero en un intento por extraer a la mujer que siempre fue y convencerla de que
nada había cambiado, Steve le cogió las manos y decidió asumir el control, y
mientras la inmovilizaba , su boca aprovechaba el turno de delicia carnívora
más excitante , en donde el instinto animal
más primitivo del ser humano se consagraba en conjunción perfecta con el
deseo racional por satisfacer al otro, mientras con la humedecida punta de su
lengua, comenzaba el recorrido
descendente que le llevaba hasta el esternón.
Simplemente sintiéndole en cada parte de su cuerpo como si todo fuese
nuevo , como si sus reacciones fuesen
experimentadas por primera vez, con su cabeza estirada por completo hacia detrás, sólo la levantó cuando sintió
sus labios besando la cicatriz que ahora se encontraba en lugar del que
entonces fue su pecho. Pese a sentirse observado, lejos de detenerse, continuó
mientras sus ojos la correspondían.
Con cada roce, con cada caricia, su piel era capaz de sentir y
erizarse . Lejos de creer que no lo
haría, que aquel campo de batalla se habría convertido en un estéril pedazo de
carne que cubrir y ocultar, sin capacidad para apreciar y responder ante unas
caricias que pensó nunca más tener, y que sólo serviría para causarle rechazo
propio y ante los demás, aquellas manos que ya la reconocían, volvían a apoderarse
de su cuerpo como si nada de ello existiese. La humedad y el calor de su boca, culminaba en un estremecimiento sincero del
que él era testigo, por sentir su cuerpo temblar como si los escalofríos se apoderasen de ella.
Sin nada que pensar, en mitad de un arrebato inesperado, aquellas
manos femeninas decidieron apropiarse
de su cabello, tirando de él hacia arriba , separándole de su cuerpo. Aquel rostro suyo, devorando sin contacto
alguno, sabiendo que era él el que manejaba a la perfección el juego en ese
preciso instante, sabiéndose conocida por él en todos aquellos puntos débiles
que poseía hasta ahora ocultos, reconociendo en su interior que por mucho que las cosas
hubieran podio cambiar , en la intimidad , ella no le recordaba y que todo lo
que sentía le era completamente nuevo.
Sí, él la conocía bien, y sabía hasta dónde podía llegar. Un pasado dónde los aparentes límites se
atravesaban con demasiada facilidad hasta hacerlos desaparecer. Nada era
suficiente , y nunca hubo de establecerse una especie de tabla de mínimos a
considerar. En la intimidad, la
naturaleza cobraba su curso , abordaba la humanidad de los amantes hasta
convertirlos , progresivamente, en una maraña de sentidos y sensaciones ,
llegando a hacer brotar el aspecto más primitivamente animal del que surgimos. Ahora, que tenía su plena confianza y los miedos
habían desaparecido, era hora de continuar .
Dando por sentado todo , sólo
dejó salir aquello que en su interior le consumía, y con un gesto seco de su cabeza hizo que le
soltara mientras ella volvía a
recostarse por completo dejándole hacer.
Sin querer dejar la observación de su rostro, Steve continuó el
recorrido mientras sus dedos hacían surcos en su piel erizada , volviendo a
reconocer aquellos caminos tensamente familiares que pese a los años , no habían
variado en absoluto.
Encontrándose en el límite que delimitaba el borde su ropa interior,
apenas los introdujo por dentro de la misma siguiendo lentamente la línea
fronteriza que su borde marcaba, mientras su cuerpo se tensaba cada vez más y
sus labios eran mordisqueados con insaciabilidad.
Silencio y quietud durante el cual, mantuvo su sus ojos cerrados
mientras la respiración se le entrecortaba. Una deliciosa tregua sólo
interrumpida por el sonido de un cinturón abrirse y un ligero movimiento en la
cama que ella no quiso comprobar.
Sólo fueron unos segundos , extendidos mentalmente por las ansias contenidas y la curiosidad , pero el aire tenso dejó pasó a la fuerza y
seguridad de las manos de un Steve que con toda la seguridad del mundo para entregarse
, volvía a su cuerpo ascendiendo sus manos a lo largo de sus piernas, haciendo suyo el interior de sus muslos y ascendiendo con la
piel de su pecho por todo el suyo, hasta
que ella sintió su cálida respiración y parte de su aliento en la cara. Decidida
a volver a abrirlos , se enfrentó a los de él, tan cercanos que parecían
difuminarse, y que culminaban un rostro ligeramente
sonriente y sereno, complacido y complaciente, dispuesto a entregarse sin medida, sólo como
él sabía hacerlo cada vez que la
intimidad se apoderaba de ellos.
Un minuto, sólo un minuto sin contabilización de reloj para disfrutar
de aquel instante , sin prisas, sin nada que pedirse, sin nada que
reprocharse. Un momento de reencuentro
para relajarse y observarse de nuevo, algo de lo que no se cansaron jamás ,y de
la que tenía la impresión, ahora que se reencontraban, de que no podrían cansarse jamás.
Por su parte, él se encontraba de nuevo con una Sarah entregada, confiada y sin reservas, dejándose
llevar. Sin miedos.
Apoyado entre sus codos, reteniendo su cabeza con sus dedos entre su cabello, lenta ,
suave e íntimamente culminaba su entrega total , incrementándose progresivamente su respuesta de aceptación. Dedos, los de
la amante descubierta a sí misma
, que en la espalda de quién le
recordaba quién era, reflejaban el recorrido perfecto de la
intensidad recibida. Marcas que se
acrecentaban una y otra vez con cada nueva entrega, con cada nueva dación de su ser en pro de
volver a tenerla, a sentirla sólo como él
recordaba , sólo como ella sabía.
Intenso momento aquel, en el
que a punto de que aquella desmedida entrega culminase, ella le detuviera.
Con sólo aquel gesto realizado de forma instintiva , la sostuvo fuertemente
por la cintura llevándosela consigo, y con
cuidado exquisito para no separarse, la comunión perfecta cerrada en torno a un
abrazo inmenso continuó. Sin nada que decirse diciéndose todo. Sin prisa alguna
, sin el marcar de un tiempo que se había paralizado por completo .
Una comunión perfecta culminada en un éxtasis tan placentero como casi doloroso. Dolor reflejado en sus rostros , los cuáles jamás
habían perdido de vista . Cuerpos, que pese a la sobreexcitación y al cansancio
, decidieron permanecer en esa especie
de unión perfecta consagrada por ambos , sintiendo la humedad del otro, el calor
emanado y la respiración agitada del amante devoto que simplemente retomaba lo
un día, de forma inesperada y abrupta fue interrumpido.
El mejor broche, el más deseado y tierno broche a un Fin de Año
diferente e inolvidable.
Las luces del alba comenzaban a despuntar. Los primeros rayos de sol
se adentraban como bandidos inesperados por los ventanales. Sus tonos
amarillentos se iban apoderando de todo, tiñendo los parajes en los que se
depositaban.
Una habitación, dos cuerpos desnudos abrazados. Ella con su cabeza
apoyada en el pecho de él. Él con la suya sobre la de ella y una de sus manos
en su pelo.
Aquellos primeros y tímidos trazos amarillos, se atrevieron a dibujar la paz que se respiraba en aquella foto fija
de aquel encuentro. Tímidos trazos amarillos, que iban dibujando cada pliegue de piel
poseído por la sumisión y la entrega más absolutamente descarnada durante el transcurso de la noche anterior. Trazos amarillos que se
hacían con la que era una piel con sello propio y ajeno. Trazos que iluminaban
contornos, cuya humedad había dejado paso
a la transpiración tranquila, y a la
huella que el frío de la mañana conformaba en forma de vello erizado .
Primeros y tímidos trazos amarillos, que aportaban tímidamente su calor , a lo que suponía una foto fija de
un nuevo comienzo.
Ahora, tocaba descansar.
Mañana sería otro día.
Mañana………………..
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ. . .tengo 5 min tratando de describir lo que esta lectura me ha dejado, aun trato de ordenar las ideas y sobre todo de encontrar las palabras adecuadas para expresarte mi exitacion, me encanto fue un orgasmo esta lectura, sinceramente no esperaba menos de esta historia y al igual que los personajes los cuales seguido desde el inicio pude sentir cada paso dado por eso labios de Steve y esas emociones de Sarah, Patri a tus pies. Atte Tu Fan #1 ( eso digo yo )
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